jueves, 8 de agosto de 2019

Triatlón y entrenamiento de fuerza: La cojera viene cuando falta la segunda; pero ganar gana el que llega antes: el más rápido.

Eres nadador? Trabaja la fuerza!
Eres ciclista? Trabaja la fuerza!
Eres corrredor? Trabaja la fuerza!
Pero, y si eres triatleta? Pues toca leer, estudiar y reflexionar sobre lo evidente, pero TRABAJA LA FUERZA!

Recientemente, en una conversación sobre triatlón, escuché que el entrenamiento de fuerza no es una prioridad en los planes de entrenamiento; que había que tener cuidado con los press de hombros porque eran potencialmente lesivos e incompatibles con la natación; que no era bueno hacer ejercicios de pierna tipo sentadilla, y mucho menos cargarle peso, porque eso iba a mermar el rendimiento en carrera; que lo ideal era hacer ejercicios con poco peso, con gomas, a altas repeticiones, y mejor en circuito, que eso era más funcional. Por desgracia, no es la primera vez que escucho algo así, y cada vez me parece más raro estar escuchando eso a estas alturas. Ya no son solo los innumerables estudios al respecto; no son solo las decenas de buenos libros y publicaciones sobre esta temática; es eso, más la coherencia fisiológica, de ahí, de lo que se sabe hasta la actualidad, no caben ni siquiera dudas. Pero la mejor manera de saberlo es hacer como santo Tomás de Caravaggio. Dicho apóstol, negaba la resurrección de Jesucristo, y tenía que ver y tocar personalmente las heridas que se le habían infligido al mesías en la cruz. Pero hay quien incluso palpando no lo ve; no llega con palpar hay que palpar donde hay que palpar. No consiste en soplar, consiste en saber soplar bien porque, en teoría, no hay diferencia entre teoría y práctica, pero en la práctica sí que la hay.

Y sí, los triatlones también se preparan en el gimnasio! Pero una meta sin un plan es solo un deseo…

Hay profesionales que nos dedicamos a diseñar las mejores estrategias para ello, atendiendo al contexto individual de cada persona. Nos pasamos años estudiando, formándonos y aplicando las bases biomecánicas y neurofisiológicas de las ciencias del ejercicio físico, del entrenamiento. Preparadores Físicos y Entrenadores Personales, cada uno con unas habilidades específicas en un campo concreto, con un nivel de formación y conocimientos afines, pero todos con la exigencia de dar lo mejor para que consigas lo mejor.
  • Oye, Iván! Pero entrenando la fuerza tú me garantizas que me voy a lesionar menos? Tú me garantizas que la musculación en el gimnasio me hará mejorar en el deporte; que me hará más rápido, más resistente, que me ayudará a correr mejor, a pedalear mejor? 
  • No! Yo te garantizo que si sigues una serie de premisas, respetando los principios fisiológicos del entrenamiento, donde la calidad esté por encima de la cantidad, buscando adaptaciones sinérgicas a largo plazo —de meses y años—, buscando ser un atleta completo, independientemente de la edad que tengas, donde la dosificación de la carga y tipo de ejercicios son dos de las variables más importantes a la hora de preparar o entrenar para un deporte, y siempre teniendo en cuenta la especificidad del tipo de deporte que practiques. Así, sí que te lo garantizo! 
Vale, pero déjate de tanta palabrería y vete al meollo!

El entrenamiento adecuado de la fuerza mejora el rendimiento en deportes de resistencia tales como el triatlón. Además, la lesión es el mayor limitante de cualquier deporte, y esto también se trabaja con la selección adecuada de los ejercicios y su óptima dosificación, consiguiendo reducir el riesgo de lesiones.

El entrenamiento de fuerza y el acondicionamiento físico son la base para cumplir con garantías, y de manera eficiente, cualquier disciplina deportiva. Y en palabras del profesor y preparador físico, Manuel Pombo, “el deporte de élite no da salud, la exige; no lo olvidemos”. Sin salud no puede haber rendimiento!

Triatletas amateurs, trabajen la fuerza!
Corredores amateurs, trabajen la fuerza!
Profesionales, trabajen la fuerza!

Que no tienen tiempo? Sacárselo a los sectores de carrera, bici y natación, y dediquen de uno a tres días a la semana de fuerza, a poder ser en el gimnasio y bajo asesoramiento y supervisión directa de un profesional del ejercicio y la salud.

Optimización del tiempo: menos y mejores horas dedicadas a correr; menos y mejores horas dedicadas a pedalear; menos y mejores horas metidos en el agua...

Quiero meter el dedo en la llaga. Muéstramelo! Demuéstramelo!

Recuerdo —ya hace algunos años— el primer día de clase para el curso de Monitor Nacional de Atletismo de la RFEA, donde el profesor Mariano García-Verdugo, entrenador personal y responsable de Medio Fondo de la Selección Española en seis Juegos Olímpicos, quien nos lanzaba una pregunta: “Vosotros qué pensáis: el maratón es un deporte de resistencia o de velocidad?”. A lo que todos pusimos cara de asombro por tal interrogante —de aquellas éramos jóvenes e inexpertos—, y casi todos respondimos que de resistencia, claro! “Pues no, señores, gana el que llega antes, ergo es una carrera de velocidad”.

En primer lugar, al referirnos a los triatlones, hay que tener en cuenta una serie de aspectos específicos que hacen que las demandas fisiológicas (1) sean diferentes de los mismos deportes por separado —natación, ciclismo y carrera a pie—. Al hablar de triatlón, las tres disciplinas están retroalimentándose de manera indivisible, por lo que no se debieran programar por separado. Como alguna vez le pude leer al preparador físico e investigador Daniel Boullosa, “el principio de especificad es apoyado por los resultados, aunque tenemos que recordar que cuando entrenamos cualquier capacidad, es inevitable influir en otras capacidades físicas porque cualquier ejercicio va a activar los diferentes sistemas fisiológicos, aunque en diferente magnitud”. Las adaptaciones pueden ser positivas, neutras o negativas, habiendo interferencias poco deseadas, y esto no es baladí puesto que están involucradas ciertas vías moleculares y hormonales, con lo que habrá que saber programar y periodizar el entrenamiento de la mejor manera. Y si esto es importante para resistencia (endurance), todo ello aún cobra más relevancia cuando pretendemos integrar —como no puede ser de otra manera— el entrenamiento de fuerza (strength o resistance) (2, 3) en los planes de entrenamiento de la resistencia para triatlón. Y para ello hay estrategias que son mejor que otras, y hay que conocerlas y saber aplicarlas, pero no voy a profundizar en ellas pues todo habrá que adaptarlo a la persona que tenemos delante, es decir, y en palabras del también investigador Iñigo Mujika (4), preparador físico de Ainhoa Murua, Hektor y Eneko Llanos, entre otros, y antiguo seleccionador de Triathlon Australia, “si bien es cierto que la naturaleza multidisciplinar del triatlón lo hace algo especial, también lo es que en otros deportes de resistencia se utilizan disciplinas deportivas alternativas en diferentes fases de la preparación, así que el triatlón no es tan especial. Además, debido a su naturaleza multidisciplinar, en el triatlón es más fácil cumplir con el principio de especificidad del entrenamiento, ya que entrenar en cualquiera de las tres disciplinas puede considerarse específico para el deporte, mientras que nadar, hacer ciclismo o correr sería “entrenamiento cruzado” no específico en otros deportes. Dicho esto, en triatlón hay diferentes aproximaciones posibles, como el desarrollo simultáneo o consecutivo de cada disciplina, y ahí es donde entra en juego el arte del entrenamiento. Independientemente de las recomendaciones aportadas por los diversos modelos de periodización disponibles, estos componentes del entrenamiento deberían manipularse para adaptarlos al perfil de adaptación de cada deportista. La simple aplicación de modelos de periodización genéricos puede no ser la aproximación más apropiada al entrenamiento, ya que las respuestas al entrenamiento varían entre eventos específicos y entre deportistas individuales que se preparan para un evento en particular. Entrenadores y deportistas deberían evitar enrocarse en estructuras de entrenamiento rígidas predeterminadas. Al contrario, los programas de entrenamiento deberían ser dinámicos, flexibles y adaptables, incluso dentro del marco de un modelo de periodización determinado”.

(1) Bentley DJ, et al. Sports Med. 2002;32(6):345-59. Specific aspects of contemporary triathlon: implications for physiological analysis and performance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11980499

(2) Docherty D and Sporer B. Sports Med. 2000 Dec;30(6):385-94. A proposed model for examining the interference phenomenon between concurrent aerobic and strength training. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11132121

(3) Jesús García-Pallarés and Mikel Izquierdo. Sports Medicine, 2011. Strategies to Optimize Concurrent Training of Strength and Aerobic Fitness for Rowing and Canoeing. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21425890

(4) Iñigo Mujika, 2015. Entrevista perdida sobre periodización en triatlón. http://www.inigomujika.com/2015/05/entrevista-perdida-sobre-periodizacion-en-triatlon/3485#.WKOMxjz2GEc

Teniendo en cuenta que el entrenamiento de fuerza hay que realizarlos sí o sí, primeramente debiéramos quedarnos con dos puntos a destacar: podríamos empezar por separar el entrenamiento de fuerza y el de resistencia con un margen de unas ocho horas, más o menos; uno por la mañana y otro por la tarde, incluso en tres tandas, por ejemplo. Aunque se puede y debe hacer en días separados pero, insisto, todo dependerá de la persona a la que vaya dirigido el entrenamiento y a lo que se pretenda optimizar dentro de unos microciclos concretos.

Otro punto importante, y especialmente para los períodos de la temporada donde el volumen y la intensidad del entrenamiento de los sectores del triatlón sean inferior a lo habitual, sería enfatizar en el entrenamiento de fuerza orientado a la hipertrofia y mejora de la composición corporal, por ejemplo, especialmente del ratio potencia/peso (W/kg), así como “perder” —invertir— más el tiempo en mejorar ciertos aspectos o puntos débiles (5, 6, 7, 8, 9), aunque todo entrenamiento debería ya seguir la premisa de que el organismo, en sí mismo, ya es una unidad funcional, con respuestas y adaptaciones interdependientes.
Brad Schoenfeld y Bret Contreras lo argumentan muy bien, esgrimiendo que “los programas de entrenamiento funcional se enfocan típicamente en los movimientos multi-articulares. Sin embargo, la transferencia funcional existe en un continuo, donde diferentes ejercicios realizados en una variedad de ángulos permiten mejoras funcionales dependiendo de las demandas particulares de la tarea. La selección del ejercicio no debe ser vista como una decisión de uno u otro. Si bien el principio de especificidad dicta que los movimientos multi-articulares deben comprender la base de los programas de entrenamiento funcional, la evidencia sugiere que los ejercicios de una sola articulación también pueden desempeñar un importante papel aditivo. El aumento de los programas de entrenamiento funcional tradicional con ejercicios mono-articulares puede promover mejoras sinérgicas en la fuerza muscular que, en última instancia, se traducen en un mayor rendimiento de las actividades diarias y el rendimiento deportivo, más allá de lo que se puede lograr solo con el entrenamiento multi-articular”.

(5) Brad J. Schoenfeld, et al. Sports, 2019. Calculating Set-Volume for the Limb Muscles with the Performance of Multi-Joint Exercises: Implications for Resistance Training Prescription. https://www.mdpi.com/2075-4663/7/7/177

(6) Speirs DE, et al. J Strength Cond Res. 2016 Feb;30(2):386-92. Unilateral vs. Bilateral Squat Training for Strength, Sprints, and Agility in Academy Rugby Players. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26200193

(7) Brad Schoenfeld and Bret Contreras. Strenght & Conditioning Journal, 2012. Do Single-Joint Exercises Enhance Functional Fitness? https://journals.lww.com/nsca-scj/Fulltext/2012/02000/Do_Single_Joint_Exercises_Enhance_Functional.10.aspx

(8) Makaruk H, et al. J Strength Cond Res. 2011 Dec;25(12):3311-8. Effects of unilateral and bilateral plyometric training on power and jumping ability in women. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22076090

(9) McCurdy KW, et al. J Strength Cond Res. 2005 Feb;19(1):9-15. The effects of short-term unilateral and bilateral lower-body resistance training on measures of strength and power. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15705051

Así, la periodización (10) es, fundamentalmente, un paradigma de planificación en el que las intervenciones de capacitación están estructuradas para maximizar el rendimiento o las respuestas de adaptación de acuerdo con las necesidades de los atletas. Aunque normalmente no se considera una gran parte de las prácticas de entrenamiento de los atletas juveniles o de desarrollo, la periodización como un paradigma de planificación debería formar la base de cualquier modelo de desarrollo de atletas a largo plazo. Los modelos de desarrollo de atletas a largo plazo claramente presentan períodos de tiempo o períodos en los que se enfatizan los resultados específicos a lo largo del recorrido de desarrollo del atleta desde el entrenamiento de desarrollo inicial hasta la competencia de alto rendimiento que se enfoca más adelante en su vida deportiva. Si consideramos que estos resultados son los objetivos o el énfasis del proceso de capacitación, es evidente que podemos estructurar, o más exactamente, periodizar, las actividades de entrenamiento del atleta de acuerdo con estos parámetros establecidos. Proporcionar este tipo de marco estructural aumentaría la efectividad del modelo general de desarrollo del atleta a largo plazo.

(10) Gregory (Guy) Haff,(2013). Periodization strategies for youth development. In R. S. Lloyd and J. L. Oliver (Eds.). Strength and conditioning for young athletes: Science and application (pp. 149-168). London, England: Routledge. https://www.routledge.com/Strength-and-Conditioning-for-Young-Athletes-Science-and-application/Lloyd-Oliver/p/book/9780415694896

Del mismo modo, es evidente que el mayor limitante del rendimiento físico es la lesión, pero debemos ser conscientes que las lesiones jamás podrán prevenirse —y que el riesgo “0” no existe—, pero sí disminuir el riesgo lesional. Un atleta o deportista se construye desde la infancia, y citando al fisiólogo Per-Olof Astrand, "si quieres ser un campeón olímpico, elige bien a tus padres”, pues la genética, o las cualidades biológicas inherentes, así como otros —digamos moderadores—: edad, lesiones y experiencia previas, composición corporal y cineantropometría, biomecánica y patrones de movimiento relacionados, factores psicosociales, y factores ambientales; pudiendo sintetizar todo esto en “el desarrollo de un deportista en las distintas etapas de la vida”, teniendo una importancia crítica para el rendimiento — presente y futuro—, y permitiendo —o no— soportar las cargas de entrenamiento y competiciones demandadas, marcando gran parte del éxito en un deporte determinado. De hecho, no es la carga (volumen, intensidad, frecuencia, etc.) en sí lo que te puede lesionar (11), es la carga para la que el atleta (fuerza, aptitud aeróbica, velocidad, resistencia, etc.) no está preparado.

Además, lo que haces en el día a día, y cómo lo haces, tiene respuestas y adaptaciones tanto biomecánicas como fisiológicas en nuestro organismo. Cada persona tiene una forma de moverse, una forma de correr, por ejemplo, y tanto la falta de movimiento (12), como los movimientos defectuosos, o no, repetidos en el tiempo —y en exceso—, afectan al sistema neuro-músculo-esquelético, y al organismo en su conjunto, pudiendo producir daño tisular y alterando su función biomecánica y neural, especialmente por el efecto acumulativo de la desviación estándar del modelo óptimo de esa persona en particular. Puntualizando, obviamente, en la dosis óptima de entrenamiento, es decir, selección de ejercicios y su ordenación, volumen, intensidad, densidad, frecuencia… que de no ser la óptima para lo buscado, va a interferir en la información propioceptiva —dependiente del sistema nervioso—, causando problemas (13) en el aprendizaje de habilidades motoras y la consolidación del modelo interno; por ejemplo: entrenamiento al fallo, dolor neuromuscular, falta de una adecuada recuperación, etc. Con lo que habrá que organizar las unidades de entrenamiento, dentro de la propia semana, de tal forma que no se produzcan tales interferencias.

Cada deporte y cada deportista tiene sus plazos biológicos, con lo que la personalización e individualización (14, 15) serán la clave para optimizar al máximo la recuperación y el rendimiento. Además, conviene insistir sobre la importancia de la alimentación, el descanso, y la gestión del estrés: estas son las otras columnas sobre las que se sustenta el rendimiento de cualquier persona, y más si cabe de un deportista.

(11) Tim J. Gabbett, et al. Br J Sport Med. 2018. In pursuit of the ‘Unbreakable’ Athlete: what is the role of moderating factors and circular causation? https://bjsm.bmj.com/content/early/2018/11/13/bjsports-2018-099995

(12) Diagnóstico y Tratamiento de las Alteraciones de Movimiento. Shirley Sahrmann. Editorial Paidotribo, 2006.

(13) Claudio M.F. Leite, et al. Human Movement Science, 2019. Does exercise-induced muscle damage impair subsequent motor skill learning? https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0167945719303100?via%3Dihub

(14) Iñigo Mujika. International Journal of Sports Physiology and Performance, 2017. Quantification of Training and Competition Loads in Endurance Sports: Methods and Applications. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/27918666/

(15) Iñigo Mujika, et al. International Journal of Sports Physiology and Performance, 2018. An Integrated, Multifactorial Approach to Periodization for Optimal Performance in Individual and Team Sports. https://journals.humankinetics.com/doi/10.1123/ijspp.2018-0093.


Qué eres deportista, pues eso: gestos deportivos, agilidad, inclusión de trabajos de fuerza máxima y fuerza explosiva, con la intención de mejorar la fuerza máxima aplicada (RFD), economía de carrera, VO2max, por ejemplo. Que no es deportista, aunque “todo el mundo en mayor o menor medida lo es” —frase de mi admirado Victor Segarra—, pues el objetivo final será progresar hacia sesiones de entrenamiento globales, mejorando la condición física general y progresando hacia las demandas específicas del deporte, en su caso, y de la vida diaria, en general.

Sí, muy bien, es mejor entrenar movimientos y no tanto “músculos específicos”. Claro, como si eso fuese posible: cuando se realiza algún movimiento una gran cantidad de músculos se contraen y se relajan; no voy a seguir por ahí porque es de perogrullo…

Vale! Acepto y comparto la idea de pensar en patrones básicos y adaptados a las demandas de un deporte concreto pero, no todo se trata de especificidad, a veces hay grupos musculares que “se quedan atrás”, y tiene mucho sentido incluir ejercicios auxiliares o, más bien, complementarios a los ejercicios que queremos mejorar, porque transferencia, si se sabe cómo, la hay. Claro que, tal y como indica el preparador físico Frans Bosch (16, 17) en uno de sus libros, aunque, si bien, habla más de otro tipo de deportes no lineales, con claras diferencias al triatlón y similares; el trabajo condicional y coordinativo han de estar solapados e integrados dentro del acondicionamiento psico-físico del deportista, y no como factores aislados. Partiendo de la base neurológica del movimiento, la teoría de los sistemas dinámicos complejos cobra la relevancia que se merece en el entendimiento de la auto-oganización del proceso de aprendizaje de habilidades psico-motrices, y, en lo que me ocupa en el presente texto, la relación indisociable de las unidades de entrenamiento en un continuum temporal, y de su propio contenido por bloques interdependientes.

(16) Bosch, F. Klomp, R. 2004. Running: Biomechanics and Exercise Physiology in Practice. Churchill Livingstone. https://www.elsevier.ca/ca/product.jsp?isbn=9780443074417

(17) Bosch, F. Cook, K. 2015. Strength training and coordination: an integrative approach. Rotterdam (Holanda). 2010 uitgevers. http://www.2010uitgevers.nl/products-page/sport-bewegen/strength-training-and-coordination-an-integrative-approach/

En cualquier ámbito relacionado con disciplinas científicas como las que nos competen aquí, existen una serie de falacias tan elementales que da pereza rebatirlas con argumentos serios. Y hablando de sesgos, no quisiera caer en la falacia ad hominem, pero cuando leo y escucho al preparador físico Mike Boyle, se me ilumina el cerebro —pero no tanto como para cegarme—. Él sostiene que “hay dos cosas que sabemos que siempre funcionan, hacer que los atletas sean más fuertes y conseguir que estén en mejor forma. Podemos ponerle los apellidos que queráis, pero en esencia es esto: Entrenamiento de Fuerza y Acondicionamiento Físico. Y que todo es mucho más complejo que decir “los ejercicios mono-articulares son malos, los ejercicios multi-articulares son buenos. Podemos debatir qué define ser más fuerte, podemos discutir qué ejercicios necesitamos para fortalecernos, pero lo que no podemos debatir es la idea de que un atleta más fuerte es generalmente un mejor atleta”, y, por extensión, cualquier persona en su día a día. “Lo cierto es que las necesidades básicas de entrenamiento de fuerza son muy parecidos en todos los deportes. Y, aunque fueran diferentes, no cambian drásticamente. La práctica del acondicionamiento puede que sea diferente, pero el entrenamiento de fuerza, probablemente, sigue la regla 80-20, o el principio de Pareto: el ochenta por ciento de lo que hagamos en la sala de pesas será el mismo para todos los deportes. Todos los atletas tienen los mismos grupos musculares, y su fortalecimiento es críticamente necesario para facilitar la asimilación del trabajo. Piense en la fuerza como la base sobre la cual todo lo demás se construye. Sin embargo, no piense en el simple concepto de fuerza bilateral, más bien, céntrese en el programa específico de la fuerza. El trabajo unilateral es tan simple como un empuje, una tracción, un ejercicio de la rodilla-dominante, un ejercicio de cadera-dominante, y un poco de trabajo central. He tenido el placer de entrenar o capacitar a medallistas olímpicos y campeones del mundo en el baloncesto, fútbol americano, hockey sobre hielo, fútbol, judo, remo, y una serie de otros deportes. Yo puedo decir que 80-20 es una cifra exacta, y si no es así, está más cerca de 90-10 que del 70-30”.

Ahora bien, cuáles son las variables más importantes que influyen en el rendimiento deportivo? A saber:
  • Eficiencia biomecánica en la técnica de carrera (longitud y frecuencia de carrera, apoyos y reactividad, etc.), natación, pedaleo…, o en el gesto de un deporte determinado. 
  • RFD (Rate of Force Development) o tasa de desarrollo de fuerza por unidad de tiempo. 
  • La economía de carrera, natación, pedaleo, etc., es decir, la demanda de energía para una velocidad submáxima dada, que se expresa como la absorción de oxígeno (VO2max y O2/kg/min) a una velocidad determinada, y que está relacionado, lógicamente, con la eficiencia. También podemos hablar de Lactato, VAM (Velocidad Aeróbica Máxima), PAM (Potencia Aeróbica Máxima), potencia crítica, etc., pero daría para un análisis más concreto y extenso. 
  • Metabolismo y fisiología, donde el % de contribución de las tres rutas metabólicas (fosfágenos, glucolítica y oxidativa) dentro del continuum energético para la producción de ATP sea eficiente para las demandas dadas de un esfuerzo concreto. 
  • Composición corporal y cineantropometría, relacionado también con la eficiencia biomecánica y metabólica y con casi todo lo anterior, puesto que el organismo es una unidad funcional. 
  • Distribución y predominancia del tipo de fibras neuromusculares. 
  • Aspecto psicológico y carácter del atleta. 
  • Alimentación y estado nutricional, relacionado con reservas de glucógeno y liberación de energía. 
  • Descanso y sueño. 
  • Otros…
Pues el entrenamiento de fuerza —si se sabe programar, periodizar y planificar— mejora todo eso, tanto en deportistas amateur como en profesionales altamente entrenados, y, tanto de manera directa como indirecta, siempre y cuando se les apliquen los estímulos óptimos en un momento determinado (18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30) y durante un período concreto de tiempo. Estos van desde un trabajo pesado tipo resistido (31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41) con pocas repeticiones, pasando por movimientos explosivos (42, 43), y entrenamiento pliométrico (44, 45, 46, 47, 48); sin olvidarnos de los mesociclos con orientación estructural antes mencionados, cuando corresponda. Sí, aquí nadie se ha vuelto loco: hay que entrenar fuerte pero hay que entrenar bien; hay que entrenar explosivo, con velocidad, pero hay que entrenar bien; hay que saber gestionar tanto la velocidad de ejecución (VE) como el carácter de esfuerzo (CE), así como todos los demás componentes de la carga de entrenamiento.

Dice el profesor Juan José González Badillo (49), uno de los grandes investigadores de nuestro país y del mundo, en uno de sus cursos, titulado “Entrenamiento de la Fuerza Aplicada al Rendimiento Físico y Deportivo”, que “el entrenamiento para la mejora de la fuerza es básicamente el único entrenamiento que puede realizar el ser humano para mejorar su rendimiento físico. Cuando estos entrenamientos se hacen a través de esfuerzos prolongados les solemos llamar “entrenamientos de resistencia”, pero realmente con ellos se pretende el mismo objetivo que cuando se utilizan cargas externas y esfuerzos de muy corta duración: mejorar la velocidad a la que se desplaza una misma carga a través de la vida deportiva. Y la mejora de la velocidad ante la misma carga sólo se podrá conseguir si se aplica más fuerza y más fuerza en la unidad de tiempo ante dicha carga. Además, una de las máximas del entrenamiento es que no importa tanto lo que muevas sino cómo, a qué velocidad, y qué estímulo produce. Esto es aplicable tanto al corredor de 100 metros como al de maratón y a cualquier otro deportista cuando tiene que recorrer una distancia o cuando necesita mantener unos determinados valores de fuerza aplicada durante el tiempo que dura su competición. Además, se ha comprobado que el entrenamiento y la mejora de la fuerza son muy beneficiosos para la salud de las personas de cualquier edad”. Ya sabéis, sin salud no puede haber rendimiento!

(18) Hausswirth C, et al. J Electromyogr Kinesiol. 2010. Endurance and strength training effects on physiological and muscular parameters during prolonged cycling. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1050641109000686

(19) Richard C. Blagrove, et al. Sports Med. 2018. Effects of Strength training on distance running. https://link.springer.com/content/pdf/10.1007%2Fs40279-017-0835-7.pdf

(20) Stian Thoresen Aspenes and Trine Karlsen. Sports Med. 2012 Jun 1;42(6):527-43. Exercise-training intervention studies in competitive swimming. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22587822

(21) Kyle R. Barnes and Andrew E. Kilding. Sports Med. 2015 Jan;45(1):37-56. Strategies to improve running economy. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25164465

(22) BR Rønnestad and I. Mujika. Scand J Med Sci Sports. 2013. Optimizing strength training for running and cycling endurance performance: A review. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/sms.12104

(23) Anthony G. Schache, et al. J Orthop Sports Phys Ther 2014;44(10):813–824. Lower-Limb Muscular Strategies for Increasing Running Speed. https://www.jospt.org/doi/full/10.2519/jospt.2014.5433

(24) Tim W. Dorn, et al. J Exp Biol. 2012; 215: 1944-1956. Muscular strategy shift in human running: dependence of running speed on hip and ankle muscle performance. https://jeb.biologists.org/content/215/11/1944.long

(25) Robert W. Morton, et al. The Journal of Physiology, 2019. Muscle fibre activation is unaffected by load and repetition duration when resistance exercise is performed to task failure. https://physoc.onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1113/JP278056

(26) Robert W. Morton, Stuart M. Phillips, et al. J Appl Physiol (1985). 2016 Jul 1; 121(1): 129–138. Neither load nor systemic hormones determine resistance training-mediated hypertrophy or strength gains in resistance-trained young men. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4967245/

(27) Mitchell CJ, et al. J Appl Physiol (1985). 2012 Jul;113(1):71-7. Resistance exercise load does not determine training-mediated hypertrophic gains in young men. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22518835

(28) Bent R. Ronnestad and Joar Hansen. International Journal of Sports Physiology and Performance, 2018. A Scientific Approach to Improve Physiological Capacity of an Elite Cyclist. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28657821

(29) Burd NA, et al. PLoS One. 2010. Low-load high volume resistance exercise stimulates muscle protein synthesis more than high-load low volume resistance exercise in young men. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/20711498/

(30) Jun Qiu & Jie Kang. (2017). Exercise Associated Muscle Cramps-A Current Perspective. Scientific Pages Sports Med 2017, 1(1):3-14 https://www.scholarlypages.org/Articles/sports-medicine/aspm-1-002.php?jid=sports-medicine

(31) Paton CD and Hopkins WG. J Strength Cond Res. 2005 Nov;19(4):826-30. Combining explosive and high-resistance training improves performance in competitive cyclists. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16287351

(32) Nicolas Berryman, et al. Int J Sports Physiol Perform. 2018. Strength Training for Middle- and Long-Distance Performance: A Meta-Analysis. https://journals.humankinetics.com/doi/10.1123/ijspp.2017-0032

(33) Per Aagaard, et al. Scand J Med Sci Sports. 2011 Dec;21(6):e298-307. Effects of resistance training on endurance capacity and muscle fiber composition in young top-level cyclists. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21362056

(34) Bent R. Rønnestad, et al. Scand J Med Sci Sports. 2011 Apr;21(2):250-9. Strength training improves 5-min all-out performance following 185 min of cycling. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19903319

(35) Bent R. Rønnestad, et al. Scand J Med Sci Sports. 2015 Feb;25(1):e89-98. Strength training improves performance and pedaling characteristics in elite cyclists. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24862305

(36) Millet GP, et al. Med Sci Sports Exerc. 2002 Aug;34(8):1351-9. Effects of concurrent endurance and strength training on running economy and .VO(2) kinetics. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12165692

(37) Olav Vikmoen, et al.Physiol Rep. 2017 Mar; 5(5): e13149. Heavy strength training improves running and cycling performance following prolonged submaximal work in well‐trained female athletes. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5350167/

(38) Jussi Mikkola, et al. J Sports Sci. 2011 Oct;29(13):1359-71. Effect of resistance training regimens on treadmill running and neuromuscular performance in recreational endurance runners. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21854344

(39) Linda M. Yamamoto, et al. J Strength Cond Res. 2010 Feb; 24 (2): 560-6. The effects of resistance training on road cycling performance among highly trained cyclists: a systematic review. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20072042

(40) Carlos Balsalobre-Fernández, et al. Journal of Strength and Conditioning Research. 2016. Effects of Strength Training on Running Economy in Highly Trained Runners: A Systematic Review With Meta-Analysis of Controlled Trials. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26694507

(41) Zsolt Murlasits, et al. J Sports Sci. 2018 Jun;36(11):1212-1219. The physiological effects of concurrent strength and endurance training sequence: A systematic review and meta-analysis. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28783467

(42) Leena Paavolainen, et al. Journal of Applied Physiology, 1999. Explosive-strength training improves 5-km running time by improving running economy and muscle power. https://www.physiology.org/doi/full/10.1152/jappl.1999.86.5.1527

(43) Benedito Sérgio Denadai, et al. Sports Medicine, 2017. Explosive Training and Heavy Weight Training are Effective for Improving Running Economy in Endurance Athletes: A Systematic Review and Meta-Analysis. https://link.springer.com/article/10.1007/s40279-016-0604-z

(44) Amanda M. Turner, et al. Journal of Strength and Conditioning Research 2003, 17 (1), 60-67. Improvement in Running Economy After 6 Weeks of Plyometric Training. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12580657

(45) Robert W. Spurrs, et al. European Journal of Applied Physiology 2003, 89 (1), 1-7. The effect of plyometric training on distance running performance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12627298

(46) Philo U. Saunders, et al. Journal of Strength and Conditioning Research 2006, 20 (4), 947-954. Short-term Plyometric Training Improves Running Economy in Highly Trained Middle and Long Distance Runners. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17149987

(47) Nicolas Berryman, et al. J Strength Cond Res. 2010 Jul;24(7):1818-25. Effect of plyometric vs. dynamic weight training on the energy cost of running. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20543734

(48) Dalen T, Welde B, van den Tillaar R, and Aune TK. Effect of single vs. multi joint ballistic resistance training upon vertical jump performance. Acta Kinesiologiae Universitatis Tartuensis 19: 86-97, 2013. http://ojs.utlib.ee/index.php/AKUT/article/view/akut.2013.19.08

(49) Juan José González Badillo. Curso de Entrenamiento de la Fuerza Aplicada al Rendimiento Físico y Deportivo. http://cort.as/-LBC5

Del mismo modo, sabéis lo que realmente previene lesiones? Entrenar bien! Y eso implica aplicar los principios fisiológicos del entrenamiento. Sí, entre otras definiciones, lo que José María González Ravé, Fernando Navarro Valdivieso, Manuel Delgado Fernández y José Manuel García García, describen en su libro “Fundamentos del Entrenamiento Deportivo” (editorial Wanceulen, 2010) como “normas de carácter general, fundamentadas en los conocimientos fisiológicos y pedagógicos que sirven de orientación general en el proceso del entrenamiento deportivo y proporcionan información en cuanto a la interacción entrenador-deportista, organización, estructuración y planificación del entrenamiento deportivo, así como de las leyes biológicas que regulan la adaptación al deporte”. Y mucho más, si cabe, en la programación entre semana y cuando se acercan las pruebas importantes, y, evidentemente, las estrategias intra-competiciones, que podrán marcar la diferencia entre quedar primero o segundo.
Aquí, cabe mencionar lo que se conoce como “tapering” o afinamiento, y “peaking” o puesta a punto (50, 51, 52, 53). Conforme nos vamos acercando a pruebas concretas, se presenta un tipo de intervención donde se juega con la dosis de entrenamiento. Durante las últimas semanas o mesociclos, se va preparando al organismo para estar en las mejores condiciones para la competición o competiciones dadas. Lo normal es reducir estratégicamente el volumen de trabajo al tiempo que se mantiene la intensidad del mismo, por ejemplo, buscando conseguir picos de forma; pero hay diferentes tipos de reducción del volumen, a saber: reducción lineal, disminución gradual exponencial con constantes de reducción de la carga de entrenamiento de forma rápida o lenta, y reducción gradual por fases.
Personalmente, me parece clave saber definir el concepto de CARGA DE ENTRENAMIENTO, pues cómo se dosifique producirá una serie de respuestas y adaptaciones (54) fisiológicas —y psicológicas— que pueden acercar o alejar al deportista de sus objetivos. Del mismo modo, no es recomendable abusar de estas estrategias; en la recámara no suelen caber muchos cartuchos…

(50) Luc Thomas, et al. J Sports Sci, 2008. A model study of optimal training reduction during pre-event taper in elite swimmers. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/02640410701716782

(51) Gerasimos V. Grivas. Int J Sports Sci, 2018. The Effects of Tapering on Performance in Elite Endurance Runners: A Systematic Review. http://article.sapub.org/10.5923.j.sports.20180801.02.html

(52) David B. Pyne, et al. J Sports Sci. 2009 Feb 1;27(3):195-202. Peaking for optimal performance: Research limitations and future directions. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19153861

(53) Iñigo Mujika, et al., 2012. Tapering for Optimal Endurance Perfomance. p. 75-83 In: “Endurance Training – Science and Practice”. http://www.inigomujika.com/libros/endurance-training-science-and-practice#.XUl7dS0rxhF

(54) Cunanan AJ, et al. Sports Med. 2018 Apr;48(4):787-797. The General Adaptation Syndrome: A Foundation for the Concept of Periodization. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29307100

Paralelamente a esto último, la estrategia nutricional asociada (55, 56, 57), tanto en las semanas previas y durante toda la temporada, como las que se concretan a medida que se acerca la prueba competitiva, tendrá una importancia crítica. Y de lo que no debiera caber ninguna, es que la disponibilidad de glucógeno muscular puede afectar el rendimiento, tanto para bien como para mal; ídem en lo tocante a la recuperación. De hecho, tal y como se informa en un magnífico estudio realizado por Roy Jentjens y Asker E. Jeukendrup, “las tasas más altas de síntesis de glucógeno muscular cuando se consumen grandes cantidades de carbohidratos (1.0–1.85 g/kg/h) inmediatamente después del ejercicio y a intervalos de 15,60 minutos a partir de entonces, hasta 5 horas después del ejercicio. Cuando la ingestión de carbohidratos se retrasa varias horas, esto puede conducir a tasas de síntesis de glucógeno muscular de hasta un 50% más bajas. La adición de ciertos aminoácidos y / o proteínas a un suplemento de carbohidratos puede aumentar las tasas de síntesis de glucógeno muscular, muy probablemente debido a una mayor respuesta a la insulina. Sin embargo, cuando la ingesta de carbohidratos es alta (≥1,2 g/kg/h) y se proporciona a intervalos regulares, un aumento adicional en las concentraciones de insulina mediante la suplementación adicional de proteínas y / o aminoácidos no aumenta aún más la tasa de síntesis de glucógeno muscular. Por lo tanto, cuando la ingesta de carbohidratos es insuficiente (<1.2 g/kg/h), la adición de ciertos aminoácidos y / o proteínas puede ser beneficiosa para la síntesis de glucógeno muscular. Además, la ingestión de proteínas insulinotrópicas y / o mezclas de aminoácidos podría estimular el anabolismo de la proteína muscular neta después del ejercicio. Se han sugerido que la disponibilidad de carbohidratos es el principal factor limitante para la síntesis de glucógeno. Una gran parte de la glucosa ingerida que ingresa al torrente sanguíneo parece ser extraída por tejidos distintos al músculo del ejercicio (es decir, hígado, otros grupos musculares o tejido adiposo) y, por lo tanto, puede limitar la cantidad de glucosa disponible para maximizar las tasas de síntesis de glucógeno muscular. Además, la absorción intestinal de glucosa también puede ser un factor limitante para la síntesis de glucógeno muscular cuando se ingieren grandes cantidades (> 1 g/min) de glucosa después del ejercicio”.

(55) Murray B, et al. Nutr Rev. 2018. Fundamentals of glycogen metabolism for coaches and athletes. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6019055/

(56) Louise M. Burke, et al. J Physiol. 2017;595(9):2785-2807. Low carbohydrate, high fat diet impairs exercise economy and negates the performance benefit from intensified training in elite race walkers. https://physoc.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1113/JP273230

(57) Roy Jentjens and Asker E. Jeukendrup. Sports Med. 2003;33(2):117-44. Determinants of post-exercise glycogen synthesis during short-term recovery. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12617691

Volviendo a referenciar al doctor Iñigo Mujika (4), “la periodización nutricional es un concepto que está recibiendo cada vez más atención por parte de los expertos en nutrición del deporte. Deben determinarse las necesidades nutricionales específicas para cada fase específica del entrenamiento y para cada sesión, y deberían implementarse estrategias de alimentación para apoyar adecuadamente el entrenamiento, optimizar la recuperación y facilitar los procesos de adaptación. Evitar deficiencias nutricionales debe ser una prioridad absoluta en todo momento, y la ingesta suficiente de energía, macronutrientes y micronutrientes es crítica para apoyar una adaptación óptima al entrenamiento. Por ejemplo, durante los periodos de entrenamiento intensivo la ingesta de carbohidratos y proteínas es fundamental, y la ingesta de proteína puede ser especialmente importante durante periodos de pérdida de peso hipocalórica”.

Otro de los grandes investigadores del momento, el ya mencionado Asker Jeukendrup, también habla de la “Periodización en la Nutrición Deportiva” (58), señalando que “las adaptaciones al entrenamiento son el resultado de una interacción compleja entre nutrición y ejercicio. Por lo tanto, al manipular la ingesta nutricional, es posible promover adaptaciones al entrenamiento. Se han desarrollado varias estrategias para este efecto, algunas de las cuales tienen más evidencia de apoyo que otras. Los métodos más comunes son el entrenamiento con alta disponibilidad de carbohidratos (train high) y el entrenamiento con baja disponibilidad de carbohidratos (train low), pero hay muchas variaciones de cada uno de estos métodos. Además, debido a que el intestino es un órgano importante, también se han desarrollado métodos para mejorar la función intestinal (absorción más rápida y reducción del malestar gastrointestinal). También hay ciertos ingredientes (suplementos) que pueden aumentar los efectos del entrenamiento. Todos estos métodos pueden capturarse bajo el paraguas de la nutrición periodizada (periodized). El entrenamiento nutricional es otro término que a veces se usa, pudiendo usarlos indistintamente. Cuál de estos métodos debe usarse depende de los objetivos específicos del individuo y no existen métodos que aborden todas las necesidades. Por lo tanto, la aplicación práctica adecuada reside en la combinación óptima de diferentes métodos de entrenamiento nutricional.”

(58) Asker Jeukendrup. Sports Med. 2017. Periodized Nutrition for Athletes. https://link.springer.com/article/10.1007/s40279-017-0694-2

Tal y como se apunta, además de lo básico hay ciertos suplementos/complementos nutricionales que pueden ayudar a mejorar el rendimiento propiamente dicho —y la recuperación—; hay que conocer cuáles y saber incluirlos cuando proceda (30, 59, 60, 61, 62, 63). Podriamos destacar la cafeína, los nitratos (p. Ej.: jugo de remolacha), la creatina, y el bicarbonato sódico, entre otros. Pero, para no dar puntada sin hilo, la mejor opción es contar con el asesoramiento de un nutricionista deportivo, y basándose en la evidencia científica más actual, y en base a un análisis costo-beneficio, y las preferencias del deportista y su estado nutricional, tomar las mejores decisiones posibles.
Hay que tener en cuenta que a ciertos niveles de exigencia, y si estamos hablando de deportistas profesionales donde el rendimiento se mide por los resultados, cada pequeña mejora cuenta.

(59) Shane Michael Heffernan, et al. Nutrients 2019, 11(3), 696; The Role of Mineral and Trace Element Supplementation in Exercise and Athletic Performance: A Systematic Review. https://www.mdpi.com/2072-6643/11/3/696/htm

(60) Ina Garthe and Ronald J. Maughan. Int J Sport Nutr Exerc Metab., 2017. Athletes and Supplements: Prevalence and Perspectives. https://journals.humankinetics.com/view/journals/ijsnem/28/2/article-p126.xml

(61) Ronald J Maughan, et al. Br J Sports Med. 2018. IOC Consensus Statement: Dietary Supplements and the High-Performance Athlete. https://bjsm.bmj.com/content/52/7/439

(62) Louise M. Burke and Peter Peeling. Int J Sport Nutr Exerc Metab. 2017. Methodologies for Investigating Performance Changes With Supplement Use. https://journals.humankinetics.com/doi/10.1123/ijsnem.2017-0325

(63) J. Del Coso, et al. Scand J Med Sci Sports. 2016. Effects of oral salt supplementation on physical performance during a half‐ironman: A randomized controlled trial. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/sms.12427

De todo lo apuntado hasta ahora dan buena cuenta Naroa Etxebarria, Iñigo Mujika y David Bruce Pyne, en un excelente artículo (64) donde se analizan los factores que afectan al rendimiento en triatlón. Del artículo destaco los apartados de ENTRENAMIENTO DE FUERZA, el de NUTRICIÓN, y las variables del factor DESCANSO. Y, citando textualmente, “se deben considerar tanto las cargas internas (estrés percibido) como las externas (métricas objetivas) al monitorear la carga de entrenamiento. La incorporación de entrenamiento de fuerza para complementar el gran cuerpo de trabajo de resistencia en el triatlón puede ayudar a evitar lesiones por uso excesivo. El monitoreo sistemático del atleta, la experiencia anecdótica y el conocimiento basado en la evidencia informarán al entrenador para elaborar un plan de entrenamiento integrado individualizado para cada atleta (…) Un programa de entrenamiento de fuerza bien planificado y periodizado debe complementar el entrenamiento de triatlón a lo largo de una temporada, permitiendo un desarrollo adecuado del atleta a largo plazo, limitando el riesgo de lesiones y, finalmente, maximizando el rendimiento de la competición. De hecho, en la actualidad, la mayoría de los triatletas de élite combinan sus largas sesiones de entrenamiento de natación, ciclismo y carrera aeróbica con algún tipo de entrenamiento de fuerza (…) El rendimiento de los grupos musculares de la parte superior e inferior del cuerpo, tanto la resistencia aeróbica como la fuerza muscular son importantes para mejorar el rendimiento competitivo del triatlón (…) Es de destacar los beneficios de la implementación del entrenamiento de fuerza para complementar el entrenamiento aeróbico específico del deporte en eventos de media y larga distancia, independientemente del deporte y el nivel de atleta. Durante la etapa de natación de una carrera de triatlón, por ejemplo, la fuerza y ​​la potencia muscular de la parte superior del cuerpo deberían traducirse en una mayor capacidad para generar fuerza de propulsión en el agua, mejorar la longitud y/o la velocidad de la carrera, y aumentar la velocidad de natación libre (…) El entrenamiento de fuerza y ​​potencia de la parte inferior del cuerpo puede mejorar la capacidad de ciclismo y el rendimiento de la prueba de tiempo al reducir el consumo de oxígeno, la FC, la concentración de lactato en la sangre y el RPE durante el ciclismo prolongado, y provocando un par máximo mayor durante el pedaleo. El entrenamiento de fuerza explosiva en la parte inferior del cuerpo y el entrenamiento pliométrico también pueden mejorar la economía de carrera y el rendimiento. Los triatletas bien entrenados que realizan un programa de entrenamiento de peso pesado en combinación con su entrenamiento de resistencia habitual mejoraron su velocidad aeróbica máxima, su economía de carrera y su poder de salto, y retrasaron la aparición de fatiga durante el ciclo submáximo prolongado".

(64) Naroa Etxebarria, Iñigo Mujika and David Bruce Pyne. Sports 2019, 7(5), 101. Training and Competition Readiness in Triathlon. https://www.mdpi.com/2075-4663/7/5/101

Si insistimos con lo del entrenamiento de fuerza, muy al contrario de lo que se pensaba hasta hace poco, bueno es el trabajo de Athanasios Tsoukos, y col. (65), publicado en la “Journal of Strength & Conditioning Research”, una sesión de entrenamiento de fuerza de bajo volumen, de tipo de potencia —siempre y cuando vaya precedido por la periodización correcta del programa de las últimas semanas—, puede resultar en una mejora del rendimiento muscular explosivo, que es mayor a las 24 horas después de la actividad. Se recomienda a los atletas que realicen un entrenamiento de tipo potencia un día antes de la competencia o una sesión de entrenamiento de alta calidad para mejorar su rendimiento. El protocolo usado fue 5 × 4 sentadillas con salto al 40% de 1RM con 3 minutos de descanso. Las variables dependientes fueron las siguientes: salto con contra movimiento (CMJ), índice de fuerza reactiva (RSI) durante un salto de caída, fuerza isométrica máxima de press de piernas y desarrollo de la fuerza máxima aplicada por unidad de tiempo —velocidad— (RFD) en 100-200 metros.

Inevitablemente, el entrenamiento tiene parte de ciencia y un alto porcentaje de arte —saber aplicar la ciencia—, pero esto confirma lo expuesto en estudios anteriores y nos da una serie de herramientas prácticas a tener en cuenta:
  • Los mejores resultados en tapering vienen con sesiones de volumen bajo y alta intensidad.
  • Volúmenes bajos de entrenamiento evitan la fatiga del sistema nervioso en días posteriores.
  • También podemos encontrar explicaciones de este hecho mediante dos de los puntos a trabajar en la formación: La Velocidad de Ejecución en el entrenamiento de fuerza y la Recuperación y Activación del Sistema Parasimpático.
(65) Athanasios Tsoukos, et al. J Strength Cond Res. 2018. Delayed Effects of a Low-Volume, Power-Type Resistance Exercise Session on Explosive Performance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/28291764/

Del mismo modo, en lo que compete a la resistencia, los métodos (66, 67, 68) de entrenamiento usados siempre responderán a las mismas premisas y se adaptarán a la personas que tengamos delante y a sus circunstancias. La idea es ir asimilando la carga mínima necesaria que produzca adaptaciones positivas, o la carga máxima asimilable que lo haga —más no es mejor, mejor es mejor—. El objetivo siempre será mejorar el rendimiento.

(66) Sylta Ø, et al. Med Sci Sports Exerc. 2017. Effects of High-Intensity Training on Physiological and Hormonal Adaptions in Well-Trained Cyclists. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/28121800/

(67) Maja Schlittler, et al. Eur J Appl Physiol., 2019 Three weeks of sprint interval training improved high-intensity cycling performance and limited ryanodine receptor modifications in recreationally active human subjects. https://link.springer.com/article/10.1007/s00421-019-04183-w

(68) Martin J. Gibala, et al. J Physiol. 2006; 575(Pt 3): 901–911. Short-term sprint interval versus traditional endurance training: similar initial adaptations in human skeletal muscle and exercise performance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1995688/

Finalmente, estará la estrategia a seguir en las propias competiciones, como por ejemplo las conocidas como “drafting” (69, 70, 71, 72) y “pacing” o estrategia de ritmo (73, 74, 75, 76, 77, 78, 79, 80, 81), entendido este como la distribución temporal del esfuerzo, donde los beneficios de la correcta gestión de ambos, cuando proceda, especialmente en el sector de natación, pueden hipotecar el resto de la prueba; por ejemplo, la deuda de O2 generada, los hidrogeniones y niveles de lactato sanguíneo, así como la frecuencia cardiaca, los W de potencia, la percepción subjetiva de esfuerzo (RPE), etc., y marcar la diferencia entre obtener un buen resultado o quedarse a las puertas, y entre ganar y quedar segundo. La concentración ha de ser máxima, y, por ejemplo, en el sector de carrera a pie del triatlón, según lo estudiado por Yann Le Meur, y otros, y publicado en la “International Journal Sports Physiology Performance”, “el ritmo parece jugar un papel clave en el rendimiento. Los triatletas de élite deberían reducir su velocidad de carrera inicial durante las competiciones internacionales, incluso si los altos niveles de motivación y los oponentes directos los llevan a adoptar una estrategia agresiva”.

(69) Hausswirth C., et al. Med Sci Sports Exerc. 2001;33(3):485-92. Effect of two drafting modalities in cycling on running performance. Medicine and Science in Sports and Exercise 33(3), 485-492. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11252078

(70) Delextrat A., et al. Med Sci Sports Exerc. 2003;35(9):1612-9. Drafting during swimming improves efficiency during subsequent cycling. Medicine Science Sports Exercise. 2003; 35(9):1612-1619. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12972885

(71) Janssen, M., et al Med Sci Sports Exerc. 2009;41(4):837-43. Effects of drafting on hydrodynamic and metabolic responses in front crawl swimming. Medicine and Science in Sports and Exercise, 41(4), 837–843. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19276849

(72) Chatard J.C., Wilson B. Med Sci Sports Exerc. 2003 Jul;35(7):1176-81. Drafting distance in swimming. Medicine and Science in Sports and Exercise 35(7), 1176-1181. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12840639

(73) Wu SS, et al. Int J Sports Physiol Perform. 2016 Nov;11(8):1024-1028. Improvement of Sprint Triathlon Performance in Trained Athletes With Positive Swim Pacing. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26915484

(74) Sam SX Wu, et al. Open Access J Sports Med. 2014; 5: 223–234. Factors influencing pacing in triathlon. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4172046/

(75) Jeffrey Rothschild and George H. Crocker. Sports (Basel). 2019 Apr; 7(4): 82. Effects of a 2-km Swim on Markers of Cycling Performance in Elite Age-Group Triathletes. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6524355/

(76) Binnie MJ, et al. J Strength Cond Res. 2012 Sep;26(9):2438-46. Effect of different warm-up procedures on subsequent swim and overall sprint distance triathlon performance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22067241

(77) Taylor D and Smith MF. Physiol Behav. 2013 Jun 13;118:178-84. Scalar-linear increases in perceived exertion are dissociated from residual physiological responses during sprint-distance triathlon. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23719666

(78) Nikolaidis PT, et al. Front Psychol. 2019 Feb 14;10:296. The Combined Effect of Aging and Performance Level on Pacing in Duathlon - the "ITU Powerman Long Distance Duathlon World Championships". https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30833921

(79) Peter Peeling and Grant Landers. J Sports Sci. 2009 Aug;27(10):1079-85. Swimming intensity during triathlon: a review of current research and strategies to enhance race performance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19847691

(80) Iñigo Mujika, et al., 2012. Pacing Strategies for Endurance Performance. p. 85-98 In: “Endurance Training – Science and Practice”. http://www.inigomujika.com/libros/endurance-training-science-and-practice#.XUl7dS0rxhF

(81) Yann Le Meur, et al. Int J Sports Physiol Perform. 2011. Relationships between triathlon performance and pacing strategy during the run in an international competition. http://journals.humankinetics.com/doi/abs/10.1123/ijspp.6.2.183

Por otra parte, y sumado a todo lo anterior, hemos de saber que “el ejercicio físico es un factor estresante que induce varias respuestas psicofisiológicas, que median las adaptaciones celulares en muchos sistemas de órganos. Para maximizar esta respuesta adaptativa, los entrenadores y los científicos necesitan controlar el estrés aplicado al atleta a nivel individual. Para lograr esto, se requiere un control y manipulación precisos de la carga de entrenamiento. Podemos hacerlo si atendemos a los dos componentes medibles de la carga de entrenamiento: la carga interna y la carga externa” (82).

Si realmente se quieren hacer bien las cosas, y obtener los máximos y eficientes resultados, habría que monitorizar y monitorear continuamente al atleta, pues el secreto del entrenamiento está en el entrenamiento individualizado. De primeras, una prueba deportiva de esfuerzo inicial, y repetirla varias veces a lo largo de la temporada para adaptar la carga de entrenamiento, con sus respectivos test periódicos. Indudablemente, si no corres, ni pedaleas, ni nadas, ni realizas ningún deporte de manera exigente, ninguna estrategia tendría sentido más allá de la propia salud, que ya es mucho. Pero al hacer lo que hay que hacer, y como lo hay que hacer, de manera individualizada —, si controlamos el proceso, podremos prever el resultado competitivo, y lo que es más importante, reducir el riesgo de lesión, haciendo buena la máxima que dice que "sin salud no puede haber rendimiento".

(82) Franco M. Impellizzeri, et al. Int J Sports Physiol Perform. 2019. Internal and External Training Load: 15 Years On. https://www.researchgate.net/publication/330198549_Internal_and_External_Training_Load_15_Years_On

Para concluir, podría seguir desgranando aspectos fisiológicos y variables del entrenamiento, como por ejemplo la periodización por bloques, y por variabilidad de la frecuencia cardiaca (HRV) (83), el entrenamiento polarizado y distribución de la intensidad por zonas (LIT, ThT, HIT) (84), la periodización inversa (DIPER), y un largo etc. Pero eso quizás lo dejaría para una segunda parte de este texto, que debiera de haber sido la primera, no?

(83) Nuuttila OP, et al. Int J Sports Med. 2017. Effects of HRV-Guided vs. Predetermined Block Training on Performance, HRV and Serum Hormones. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/28950399/

(84) Esteve-Lanao J., et al. Impact of training intensity distribution on performance in endurance athletes. J Strength Cond Res. 2007 Aug;21(3):943-9. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17685689
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Una vez más, lo que dice la ciencia se contrasta en la práctica, y lo que la práctica nos demuestra la ciencia estará obligada a confirmar.

Seguimos trabajando…
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#ivan_entrenador
#ourense
#goarline
#fitnessourense
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#i4balance
#ourenseatletismo
#triatlonourenseatletismo
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Iván Rodríguez
Entrenador Personal NSCA-cPT ID: 7247901031
TSAAFD, PT-EQF level 4 (EREPS)
Estudiando Grado NHyD, TS Dietética y Nutrición
Monitor Nacional Atletismo RFEA nº26241
Primeros Auxilios y Socorrista Acuático Cruz Roja nº4348
Antropometrista nivel 2 ISAK
15 años de experiencia como Entrenador de Fuerza y Acondicionamiento Físico
638768773
info@al4balance.com

jueves, 11 de julio de 2019

Las posibilidades se multiplican al aprovecharlas

Chico de 23 años que me escribe hace dos meses:

Hola Ivan, buenos días. Estaba haciendo una búsqueda en internet y encontré su perfil, me gustaría saber si trabajas con algún tipo de reto o programa intensivo como de 30, 60, 90 días de Coach. Estoy buscando alguien que pueda ayudarme a hacer un cambio intensivo con dieta y entrenamientos. Soy de Ourense, gracias.

   - Hola, buenas tardes! Todo dependerá de lo disciplinado que seas con el programa de entrenamiento y nutrición que yo te diseñe. Pero, primeramente, habrá que estudiar tu composición corporal, experiencia previa con el entrenamiento, lesiones, etc. A partir de un estudio antropométrico y funcional inicial, te podré dar una estimación entre los objetivos que tienes y lo que realmente se puede conseguir en el tiempo marcado. Lo ideal sería vernos en persona, hacer una entrevista inicial, sin compromiso por tu parte, y desde ahí planificar.

Vale, cuando podrías quedar ? Mañana estarías disponible?

   - Mañana a las 12, o a las 19:00.

Vale pues entonces a las 12 mañana. Dime un sitio y voy.

   - Perfecto! Calle Jesús Soria, 35, 32002 Ourense. Gimnasio Goar Line
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Ahí empezó todo!

Luego le hice una Valoración Inicial, tanto antropométrica como de aptitud física, e inmediatamente empezamos a trabajar.
Su nivel de entrenamiento previo era bajo, aunque hacía años sí que estuviera yendo a un gimnasio de manera sistemática, pero a nivel de calidad en la ejecución se veían ciertas carencias que yo no podía pasar por alto y es donde puse más el foco durante las sesiones o unidades de entrenamiento. Por eso, le insistí mucho en que el estilo de entrenamiento, refiriéndonos a la calidad y velocidad de ejecución de los movimientos, fuera estricto pero también manteniendo una velocidad media, y usando una misma velocidad de ejecución tanto para la fase concéntrica como para la excéntrica. El carácter de esfuerzo también tendría una aproximación media.
Con respecto a la dosificación, me decanté por una distribución global para las primeras dos semanas, en una frecuencia de tres días por semana. Al completar la tercera semana, y adaptándome a las ganas que había demostrado y demandado al inicio, le diseñé un programa con una distribución por grupos musculares, con un volumen de entrenamiento medio, refiriéndose a la cantidad total de trabajo, del orden de 6 a 10 ejercicios por día, de dos a tres series cada uno, y con un volumen para los grupos musculares grandes de 9 a 12 series, y de 6 a 9 para los de menor tamaño. Usamos tanto movimientos con implicación multiarticular como algún ejercicio más analítico, pero siempre a lo que yo estimaba que eran sus necesidades. En lo tocante a la densidad, entendida como el descanso entre series y ejercicios, implicaría una orientación estructural, en una densidad media-alta, de 1’-2’ de recuperación. Por otra parte, no nos interesaba un volumen total de entrenamiento muy alto, y tampoco someterlo a demasiado estrés cardio-metabólico, dado que su nivel previo de forma física no le permitiría la recuperación orgánica necesaria para el progreso.
Lógicamente, la intensidad en el entrenamiento es uno de los factores más influyentes, y esta deberá ir aumentando progresivamente para conseguir el estímulo oportuno, siempre atendiendo a los principios fisiológicos del entrenamiento.
En el apartado de flexibilidad, teniendo en cuenta que una correcta ejecución y carga de los ejercicios, y del entrenamiento en general, ya la favorece, usamos una estrategia de base, sencilla, de 20” a 30” de estiramiento estático.

Si hablamos del trabajo cardiorrespiratorio o aeróbico, independientemente de que siempre es una buena medida mantenerse lo más activos posibles durante el día y la semana, en su adecuada dosificación representa un beneficio innegable, como parte de cualquier tipo de entrenamiento: acondiciona el sistema cardiovascular, utiliza lípidos y glúcidos como medio de energía, aumentando el metabolismo, acelerando también la recuperación orgánica, entre otros múltiples beneficios a nivel celular que daría para un texto concreto.
En este caso, buscando un gasto calórico extra sin perjudicar en exceso el mantenimiento de la masa muscular, me decanté por un total semanal de 120’ de trabajo aeróbico, repartido en tres sesiones de 20’ (a un 40-70%/FCR o 11-16(20)/Escala Percepción del Esfuerzo), coincidiendo con las sesiones de pesas, dividido en dos bloques, uno de 10’ antes del entrenamiento de pesas y otro de 10’ al finalizar. Y, a mayores, le recomendé hacer dos días alternos al programa de fuerza, con 30’ de caminata a 6-7 km/h. Conforme avancemos en las sesiones y vaya mejorando su condición física, le indicaré cual será la estrategia a seguir y las progresiones pertinentes, pero de momento esta considero que es la mejor opción y la más eficiente para el objetivo pretendido.

En lo tocante a la alimentación, hablamos de una serie de premisas y dejé un par de semanas para que se fuera adaptando. Pero, sin más tiempo que perder, y buscando la debida adherencia y mantenimiento a largo plazo y, quizás, para toda una vida, con una selección de alimentos frescos y de temporada en forma de frutas y, principalmente, verduras, como no puede ser menos, y en la medida de lo posible, carnes magras, pescados salvajes, huevos, cereales tipo avena, arroz, quinoa y cuscús; tubérculos como la patata, yuca y boniato; donde el plan dietético seguiría una serie de premisas generales para las siguientes semanas, pero alejadas de lo establecido en las pirámides generales de marras. A nivel deportivo la alimentación siempre ha de ser individualizada. Por ejemplo, los nutrientes se repartieron en porcentajes del 30%, 17%, y 53%, respectivamente para prótidos, lípidos y glúcidos, con un 6% de estos últimos en forma de fibra. En gramos por kg de peso corporal: 1.5 para proteínas, 0.9 grasas, 2.7 glúcidos.

La energía calculada ingerida se estimó en unos 6230 kj —unas 1500 kcal—, con una densidad nutricional de 0.97, correspondiéndose con un peso de 1535 gramos al día, sin tener en cuenta los 1500-2000 ml adicionales de ingesta de agua. Aquí hay que decir que él tiene la sensación de comer más cantidad de comida que lo que comía antes de empezar con el programa de entrenamiento, algo que puede ser clave para el tema de la saciedad.
La estimación del gasto energético basal se estimó, inicialmente, en unas 1569 kcal, situándose en 2157 kcal de gasto energético con lo adicional de la actividad física diaria. De esta forma, buscábamos un déficit energético del 30%, restando a sus necesidades diarias unas 700 kcal. Esta reducción de las calorías ingeridas se recomienda para lograr una pérdida de peso graso lenta pero progresiva. No obstante, aunque en su objetivo primario usemos una dieta hipocalórica, donde los pilares serán, como siempre, NUTRICION, ENTRENAMIENTO Y RECUPERACION, esto solo será durante un tiempo determinado y haremos los convenientes ajustes con el paso de las semanas y meses.

Como se puede apreciar en las gráficas y en las tablas de datos, el peso en báscula solo se redujo en 1 kilogramo, pero la disminución de los pliegues cutáneos, pasando de 88,6 mm a 65,6 mm en la suma de tan solo 3 pliegues y en poco menos de 8 semanas, así como el volumen corporal, así como los pertinentes índices, son lo verdaderamente importante cuando queremos mejorar la composición corporal. Una vez más, conviene recordar que la báscula no diferencia cambios en la composición corporal. La báscula no sabe si es grasa y tejido adiposo, agua, músculo, hueso.
En definitiva, las mejoras en la composición corporal y su distribución, con la mínima pérdida posible de tejido musculoesquelético, su mantenimiento y, especialmente, su desarrollo y función neuromuscular y endocrina, están cursando con lo previsto.






Y la fuerza neuromuscular? Lo que hacemos en el gimnasio no se queda en el gimnasio. Entrenamos para la vida!

Seguimos trabajando…

lunes, 8 de julio de 2019

Dolor crónico de cuello: todo está dicho pero nada está hecho...

Qué curioso! La gente busca la “bala mágica” donde la ciencia ya ha encontrado hace tiempo la respuesta. Aunque tener respuestas no siempre significa que haya soluciones, pues si cambiamos las preguntas, seguramente habrá que dar otras respuestas. Y el problema es difícil de resolver cuando nos referimos a dolor crónico persistente pero, SÍ SE PUEDE!

Si estás bien informado tomarás decisiones racionales y razonadas; Moseley y col. (1), lo saben muy bien: “el conocimiento de la biología relacionada con el dolor disminuye el catastrofismo y reduce el dolor y la discapacidad”. Y toda práctica ha de ir justificada con su correspondiente teoría, y el abordaje biopsicosocial se justifica a todas luces. Llevo muchos años ya aplicándolo y comprobándolo en el gimnasio, como para que me vengan con aseveraciones del tipo “no se pueden coger pesos”, “haga usted natación y yoga”, “vaya a masajes y acupuntura”, “camine”…

No, el dolor no está en tu cabeza, el dolor eres tú! Eres indivisible de tu cuerpo, eres tú cuerpo. Somos seres dolientes, hemos de aceptarlo! También hemos de saber que las posturas adoptadas y los movimientos realizados durante el día por supuesto que importan, y mucho —tanto a corto como, sobre todo, a largo plazo—, pero casi importa más lo llevas por dentro, lo que pienses, las creencias que tengas, con quien te relaciones y lo que dices. Pero no vayamos mendigando explicaciones anatómicas, pues casi nunca las hay; el dolor crónico se explica por otros cauces.

Y, entonces, qué hacemos?

ENTRENAR!

Quizás el primer paso sería pedir cita con tu médico de cabecera y, aunque este pueda prescribir ejercicio, no va a estar preparado para programar ejercicio, pero sí podría sugerir la búsqueda de un profesional adecuado y, al menos, conocer los beneficios de la actividad física y del ejercicio supervisado. Fisioterapeutas y Entrenadores, cada uno en su parcela, son la baza! El médico, casi siempre, lo que quiere decir es que te pongas en manos de profesionales serios, pero no lo hace porque no los suele conocer, pero habelos ainos…

Vamos al lío!

Guardo como oro en paño todos los apuntes que he podido recoger del pasado “Congreso Internacional de la NSCA”. En este caso los relacionados con entrenamiento de fuerza y dolor musculoesquelético:

  • El entrenamiento de fuerza es el que menor riesgo de lesión tiene en relación a otras actividades. 
  • Si tienes dolor musculoesquelético en trapecio superior y angular de la escápula deja de estirar o hacer reposo, entrénalo e hipertrófialo, que las adaptaciones mejorarán el umbral del dolor y se producirán otras mejoras de enzimas que aumentan el óxido nítrico y flujo sanguíneo. 
Buenos son los trabajos del grupo de investigación de Lars Andersen (2, 3, 4): el ejercicio físico como tratamiento para el dolor musculoesquelético relacionado con el trabajo. Sí, en los propios centros de trabajo se debería contar con profesionales del ejercicio y disponer de unos minutos para realizar ciertos protocolos de ejercicio físico que repercutirían muy positivamente en la salud, rendimiento y productividad de los trabajadores, tal y como se está evidenciando una y otra vez —aprovechar los descansos para entrenar y no para fumar—. Tan solo dos minutos de entrenamiento de resistencia progresiva diaria durante diez semanas da como resultado reducciones clínicamente relevantes del dolor y la sensibilización, con aumento de la fuerza muscular en adultos con síntomas frecuentes de cuello y hombro. Y, sobre la base de los resultados actuales, se debe recomendar el entrenamiento de fuerza dinámica supervisada de alta intensidad (8 a 12 RM), con ejercicios de resistencia (5) específicos del músculo doloroso, 3 veces a la semana durante 20 minutos en el tratamiento de la mialgia de Trapecio.

Por supuesto, serán críticas las instrucciones, tanto visuales como verbales, que se le de a la persona para hacerlo correctamente. Que sea un músculo tónico-postural no nos dice mucho, lo que sí podría decirnos es que tenga un exceso de trabajo constante por una mala postura, y por estas mantenidas un largo período de tiempo durante el día, y de manera reiterativa por días, semanas, meses y años, derivando en una fibrosis crónica —que no perpetua—, con una falta de movimiento, y con ello, precisamente, de trofismo, generando un círculo vicioso retroalimentado. También podría darnos una información mucho más valiosa que dicha musculatura, y al caso, la porción de fibras superiores y descendentes, pueda, en algunos casos, presentarse debilitada; en otros un acortamiento o, más bien, rigidez de las mismas, observándose una posición de elevación de la cintura escapular; en otros una contractura, por ejemplo en las torticolis, de manera unilateral junto con el ECM y escaleno homolateral; y en muchos otros casos, una suerte de amalgama compleja.
Además, conviene recordar que el músculo trapecio, en el caso que nos ocupa, aún traccionando sus fibras descendentes, más bien la clavícula, y actuando, principalmente, sobre las articulaciones esternoclavicular y acromioclavicular, entre otras, trabaja de manera sinérgica con el angular de la escápula, esplenios, semiespinosos, longuísimos, iliocostal, multífidos, etc., cuando procede.

Salvo contextos, no podemos, ni debiéramos limitar los movimientos naturales del cuerpo, cortar esa acción es cortar una función, y todo lo que ello conlleva. Lo que sí debemos hacer es poner las mejores herramientas encima de la mesa y enseñárselas a la persona que tenemos delante. De hecho, el ejercicio de “encogimientos” con unas mancuernas o las propias kettlebells, es una muy buena opción por la posición de los brazos, exigiendo un agarre neutro. Incluso es algo natural de la cintura escapular, cuyo movimiento se requiere en multitud de gestos diarios. Además, el trapecio es un músculo accesorio de la respiración, con lo que realizar la expiración al encoger los hombros, y la inspiración al deprimirlos, también resulta en una muy buena información al cerebro.

En mi humilde experiencia práctica, a todas, TODAS las personas a las que se les prescribe dicho ejercicio, simplemente con el propio peso de sus extremidades, en un volumen de 2-3 series de 15 repeticiones han referido una mejora significativa a las 3 semanas, progresando en una mayor carga, unido a un trabajo más global y enfatizando en un adecuado ritmo respiratorio e higiene postural, trabajando la disociación y evitando movimientos de sustitución, entre otros. El trapecio no suele ser el verdugo, sino una víctima…

Sí, “el ejercicio es una estrategia de tratamiento eficaz en varios trastornos del dolor musculoesquelético crónico, que incluyen dolor crónico de cuello, osteoartritis, dolor de cabeza, fibromialgia y dolor crónico de espalda baja. Se ha demostrado que el ejercicio es eficaz en el tratamiento del dolor de cabeza crónico de tipo tensional y la migraña (6), pero debe ser adecuado e individualmente adaptado, además de optimizar el equilibrio entre ejercicio y recuperación.

Insisto, según la evidencia disponible, la actividad física y, sobre todo, el ejercicio físico es una intervención con pocos eventos adversos que puede mejorar la intensidad del dolor y la funcionalidad física, y por consiguiente la calidad de vida. Por ejemplo, el dolor muscular que a veces ocurre al comenzar un nuevo ejercicio cedió cuando los participantes se adaptaron a las nuevas actividades. Este hecho es importante porque muestra que la actividad física en general es aceptable y tiene pocas probabilidades de causar daño en los pacientes con dolor crónico, y muchos de ellos tenían previamente el temor de que aumentara más el dolor.

Los estudios (7) futuros deberían centrarse en aumentar el número de participantes, con la inclusión de pacientes con un espectro más amplio de la intensidad o gravedad del dolor, así como en prolongar la propia intervención del programa de ejercicio y el período de seguimiento. Además, se debe investigar la dosis óptima de ejercicio: intensidad, duración, frecuencia, etc. Las intervenciones a largo plazo, con períodos más largos de recuperación o seguimiento, fomentando la adherencia a las mismas, son las que pueden determinar la eficacia real ante el dolor de naturaleza crónica.

Pero, no solo nos debemos centrar en ejercicios específicos como los citados, pues hay múltiples variantes de movimiento para este contexto patológico. Si bien, el groso de la población, aún siendo necesario y obligado un estudio individual de cada caso, presenta dichas alteraciones, entre otras multicausalidades, por lo evidenciado en mi primer comentario: exceso de trabajo constante por malas posturas, y por estar estas mantenidas un largo período de tiempo durante el día y de manera reiterativa en el tiempo; falta de movimiento, fibrosis, y con ello, precisamente, de trofismo, generando un círculo vicioso retroalimentado por las alteraciones dadas que se aducen, entre otras, patrón de respiración alterado, estrés, y un largo etc. El organismo es una unidad funcional que hay que tratar como tal. Y ampliando un poco más: se torna necesario ir estimulando los distintos grupos musculares, atendiendo a la tonificación y funcionalidad de la musculatura glútea y pelvitrocantérea, a los cuádriceps e isquiosurales, así como a toda la faja lumbo-abdomino-pélvica, erectores espinales, paravertebrales, musculatura dorsal y periescapular, sin olvidarnos de la musculatura pectoral, deltoidea y braquial, entre otros. Pues todos los músculos, fascias, ligamentos y nervios trabajan en sinergia, formando parte de una cadena biomecánica y con respuestas fisiológicas al movimiento (8). 

Los entrenadores somos expertos en movimientos y en la dosificación de esos movimientos, y después de la valoración inicial pertinente —y obligatoria—, donde evaluar los movimientos, posturas y cargas que puedan ser los desencadenantes específicos del dolor, diseñaremos lo que el doctor Liebenson denomina “Menú Entrenable”, coincidiendo con la propuesta del profesor Stuart McGill, en el que enseñar al cliente sobre el movimiento a realizar en sus tareas diarias para evitar el desencadenamiento del dolor que les permita desensibilizarse y crear un cliente receptivo al entrenamiento que les hace más fuertes en lugar de hacerles más dolorosos. Atender a la calidad de ejecución en los movimientos antes que en la cantidad; creando una progresión de ejercicio para generar una base para la actividad libre de dolor, donde la persona haga lo más difícil que pueda hacer pero bien hecho. Y todo deberá ser observado de forma funcional, en movimiento, a través de patrones de movimiento y de la valoración del movimiento, y nunca de forma estática”. Con todo, si llevamos a cabo entrenamientos lo más objetivos posibles, donde lo realizado se aproxime a lo pretendido, asegurándonos de que hay una serie de respuestas y adaptaciones a lo prescrito, y mostrándoselo a la persona, llevando a cabo un seguimiento que pueda ser fácil de discriminar por parte del entrenado en cualquier momento del proceso de entrenamiento, será mucho más fácil que esa persona se vaya “enganchando” al ejercicio —la ansiada adherencia—. Pues sabemos que la continuidad a largo plazo es uno de los determinantes más influyentes en la consecución de cualquier objetivo relacionado con el ejercicio físico y la salud, y su mantenimiento en el tiempo. Procuremos la independencia, no la dependencia!

Sin entrar en aspectos subjetivos, los cuales también tienen una relevancia igual o mayor que lo descrito, que una persona sepa —comprobándolo de manera tangible—, que lo que está haciendo le está produciendo una serie de beneficios tanto estéticos, de composición corporal, como de mejoras neuromusculares y rendimiento cardiorrespiratorio y funcional (fuerza, resistencia, velocidad, agilidad, etc.), y fisiológicos (mejoras en marcadores biométricos como analíticas de sangre, orina, metabolismo, etc.), hace que se produzca una retroalimentación que mantiene el círculo de la motivación dentro de ese proceso.

No te conformes a vivir con dolor. Se puede hacer tanto con tan poco…

Entrenamos para la vida!
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Referencias:

(1) Moseley GL, et al. J Pain. 2015. Fifteen Years of Explaining Pain: The Past, Present, and Future. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/26051220/

(2) Lars L. Andersen, et al. Pain. 2011 Feb;152(2):440-6. Effectiveness of small daily amounts of progressive resistance training for frequent neck/shoulder pain: randomised controlled trial. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21177034

(3) Lars L. Andersen, et al. Arthritis & Rheumatism, 2008. Effect of Two Contrasting Types of Physical Exercise on Chronic Neck Muscle Pain. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1002/art.23256

(4) Lars L. Andersen, et al. Biomed Res Int. 2014;2014:187324. doi: 10.1155/2014/187324. Epub 2014 Feb 23. High-intensity strength training improves function of chronically painful muscles: case-control and RCT studies. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3953472/

(5) Heredia-Rizo AM, et al. Clin J Pain. 2019. Clinical Outcomes and Central Pain Mechanisms are Improved After Upper Trapezius Eccentric Training in Female Computer Users With Chronic Neck/Shoulder Pain. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/30222615/

(6) Liesbeth Daenen, et al. Clin J Pain. 2015 Feb;31(2):108-14. Exercise, not to exercise, or how to exercise in patients with chronic pain? Applying science to practice. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24662498

(7) R Andrew Moore, et al. Cochrane Database Syst Rev. 2017 Apr; 2017(4): CD011279. Physical activity and exercise for chronic pain in adults: an overview of Cochrane Reviews. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5461882/

(8) Neil Welch et al. BMJ Open Sport Exerc Med. 2015. The effects of a free-weight-based resistance training intervention on pain, squat biomechanics and MRI-defined lumbar fat infiltration and functional cross-sectional area in those with chronic low back. http://bmjopensem.bmj.com/content/1/1/e000050

sábado, 29 de junio de 2019

Una buena alimentación multiplica, pero el ejercicio físico —en su dosis óptima— eleva a la potencia

Es importante no confundir grasa ectópica con grasa subcutánea; es importante saber distinguir entre grasa y tejido adiposo; pero, quizás, esto no tiene porque saberlo la gente de a pie. Lo más importante es saber que poco tiene que ver comer grasas con almacenar grasa y con el tejido adiposo y, mucho menos con engordar.
También es importante dirimir ciertas cuestiones que siguen suspendidas en una suerte de burbuja de confusión: qué se entiende por dieta baja en grasas?, qué se entiende por dieta baja en proteínas?, qué se entiende por dieta baja en carbohidratos?

El alto contenido de grasa hepática se asocia con síndrome metabólico, diabetes mellitus tipo 2 y enfermedad coronaria. Por otro lado, el cociente entre la grasa abdominal visceral y la subcutánea evaluado por tomografía computarizada es un predictor independiente de mortalidad y eventos cardiacos (1, 2). Pero parece ser que la reducción en la grasa hepática es un mejor predictor de la salud a largo plazo que la reducción de la grasa visceral, que se creía que era el principal predictor. Para ello, la dieta juega un papel importante en la acumulación de grasa hepática (HFC, por sus siglas en inglés) y el tejido adiposo visceral (IVA, en inglés). Es bien sabido que este libera ácidos grasos libres y adipocinas en el hígado a través de la vena porta, siendo un tejido muy activo y no solo un reservorio de grasa y de almacenamiento de energía (3).

Varios tipos de intervenciones dietéticas tanto a corto como a largo plazo han demostrado tener efectos favorables sobre el tejido adiposo visceral y la acumulación de grasa hepática, pero también sobre la glucemia y el estado de los biomarcadores lipídicos. Y algo curioso, a veces sin tener repercusión en el peso corporal total medido en báscula, o sí, pero incluso a pesar del aumento de peso. Esto es fácilmente explicable a razón de que la fase de pérdida de peso se produce principalmente durante los primeros 6 meses, seguida de una fase de recuperación de peso posterior, aunque esto no tiene porque pasar; no es una fórmula matemática, no es tan sencillo, cuando hablamos de humanos casi nada lo es…
Sin embargo, en muchos casos se vuelve a recuperar el peso perdido, pero esto no tiene porque ir en correlación a volver a recuperar la mala función fisiológica previa; y de recuperarlo que sea de masa muscular. Así que, olvídense de la báscula y de dietas hipocalóricas, y céntrense en su masa muscular y forma física general. Es urgente, el discurso ha de cambiar! https://www.facebook.com/1125261920/posts/10213574182205306?s=1125261920&sfns=mo

Como segunda curiosidad, y esto también llamará la atención a más de uno — en mí lo hizo—, tampoco hay una clara asociación entre los marcadores hepáticos tipo ALT-GPT (alanina aminotransferasa, también llamada transaminasa glutámico pirúvica), AST-GOT (aspartato aminotransferasa, también como transaminasa glutámico oxalacética), y la GGT (gamma glutamil transpeptidasa), entre otros. Por ejemplo, la primera de ellas, la ALT, a falta de ecografía o resonancia magnética, y de pruebas más invasivas como la biopsia, es el biomarcador más utilizado para evaluar el contenido de grasa hepática y la posible lesión. Sin embargo, varios estudios han demostrado que esta enzima no necesariamente se correlaciona fuertemente con hígado graso o con la gravedad del daño hepático. Del mismo modo, la GGT está frecuentemente elevada en pacientes con hígado graso, posiblemente porque el aumento de grasa en el hígado puede inducir daño hepatocelular que conduce a un aumento de la síntesis de esta enzima; sin embargo, la GGT se ha incluido solo como parte de un grupo de biomarcadores utilizados para predecir el aumento de grasa hepática y no como un biomarcador independiente.

Y si el planteamiento dietético es importante, el ejercicio físico lo eleva a la potencia. De hecho, los efectos beneficiosos del ejercicio sobre los lípidos intrahepáticos se observan incluso en ausencia de una pérdida de peso significativa. Aunque la combinación de un programa de ejercicios con intervenciones dietéticas aumenta la reducción de triglicéridos intrahepáticos, además de mejorar las medidas de control de la glucosa y/o la sensibilidad a la insulina, el ejercicio, por sí solo, también puede disminuir significativamente el contenido de lípidos hepáticos (4, 5). Solo con hacerse más activo durante el día ya se ven beneficios, pero no es suficiente con salir a caminar, nadar, bailar, y similares. Si de lo que hablamos es de ejercicio físico, esto es, un tipo de actividad física bien dosificada, con una selección de ejercicios acordes a la persona que tenemos delante, en una intensidad, volumen, densidad, frecuencia, y cumpliendo con los principios fisiológicos del entrenamiento, ya la cosa es con guitarra. El trabajo concurrente, donde se combinen ejercicios de fuerza y cardiovasculares demuestra reducir significativamente los niveles de triglicéridos y grasa visceral. Por ejemplo, un programa que trabaje los principales grupos musculares, con una frecuencia de 3 días por semana, en día alternos, y una duración entre 45 y 60 minutos, atendiendo a una intensidad y volumen óptimos, junto con lo correspondiente al trabajo aeróbico, tiene beneficios demostrables y demostrados. Tampoco voy a profundizar en ello en el presente escrito, puesto que, indudablemente, el hacerlo en un gimnasio y bajo la supervisión de un profesional del ejercicio que esté debidamente acreditado —Entrenador Personal—, quien marcará la dosis óptima individual de ejercicio, registrará el progreso haciendo el seguimiento pertinente, y resolverá cualquier duda o problema que pudiera surgir, mejorará la seguridad, la eficacia y, especialmente, la adherencia al entrenamiento y a un estilo de vida más respetuoso con el propio organismo.


En un excelente artículo de Domenico Sergi, y colaboradores (6), se argumenta que “independientemente de si la disfunción mitocondrial representa un defecto primario en la patogénesis de la resistencia a la insulina, aumentar la función mitocondrial representa un enfoque prometedor para mejorar la sensibilidad a la insulina. De hecho, los atletas en vista de su mayor capacidad oxidativa mitocondrial en relación con los individuos sedentarios parecen estar protegidos, aunque en parte, de la resistencia a la insulina inducida por lípidos, lo que confirma que las intervenciones dirigidas a aumentar la función mitocondrial (es decir, el ejercicio físico) representan una valiosa herramienta terapéutica para mejorar sensibilidad a la insulina del músculo esquelético. Además, el ejercicio no es la única intervención en el estilo de vida capaz de modular positivamente la función mitocondrial. En este sentido, ciertas estrategias dietéticas como la combinación de nutrientes y derivados bioactivos alimenticios y la restricción calórica, se están convirtiendo en herramientas nutricionales prometedoras para estimular la función mitocondrial y prevenir y/o mejorar las disfunciones metabólicas asociadas con la disfunción mitocondrial.” 
En definitiva, se considera que el ejercicio físico es una de las intervenciones no farmacológicas más eficaces en el tratamiento de la enfermedad del hígado graso. Y aunque los efectos protectores del ejercicio sobre la enfermedad metabólica se demostraron hace muchas décadas, todavía seguimos dormidos.

Con respecto a la dieta, unas estrategias parecen funcionar mejor que otras. Por ejemplo, los planteamientos restringidos en carbohidratos son una intervención ampliamente recomendada para la enfermedad del hígado graso. Además, ciertas dietas bajas en carbohidratos parecen tener un mayor efecto en la disminución del contenido de grasa hepática, grasa epicárdica y grasa pencreática, en comparación con las dietas bajas en grasas, aún siendo isocalóricas, y aún con pérdidas de peso similares, confiriendo efectos beneficiosos para la salud que están más allá de los efectos favorables de la pérdida de grasa visceral (7, 8). Pero esto quizás no es para todo el mundo. Si practicas algún tipo de deporte con unas altas exigencias físicas, y no tienes ninguna alteración que lo recomiende, deberás gestionar los nutrientes de otra forma. Si sabes hacerlo, hazlo! Sino, un dietista/nutricionista con competencias deportivas, sabrá cómo ayudarte.

Entrenamos para la vida!

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Referencias:

(1) Ricardo Ladeiras-Lopes, et al. Rev Esp Cardiol. 2016. The Ratio Between Visceral and Subcutaneous Abdominal Fat Assessed by Computed Tomography Is an Independent Predictor of Mortality and Cardiac Events. https://www.revespcardiol.org/es-el-cociente-entre-grasa-abdominal-articulo-resumen-S030089321630416X

(2) Levent Cerit. Rev Esp Cardiol. 2017. Out of Sight, out of Mind; Subcutaneous, Visceral, and Epicardial Adipose Tissue. https://www.revespcardiol.org/es-ojos-que-no-ven-corazon-articulo-S0300893216306807

(3) Felicia Gerst, et al. Mol Metab. 2019. What role do fat cells play in pancreatic tissue? https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/31113756/

(4) Pegah Golabi, et al. World J Gastroenterol. 2016 Jul 21; 22(27): 6318–6327. Effectiveness of exercise in hepatic fat mobilization in non-alcoholic fatty liver disease: Systematic review. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4945989/.

(5) Rafael Zapata-Lamana, et al. Rev. méd. Chile. 2015. Resistance exercise improves serum lipids in adult women. https://scielo.conicyt.cl/pdf/rmc/v143n3/art02.pdf


(6) Domenico Sergi, et al. Front. Physiol. 2019. Mitochondrial (Dys)function and Insulin Resistance: From Pathophysiological Molecular Mechanisms to the Impact of Diet. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fphys.2019.00532/full

(7) Adil Mardinoglu A, et al. Cell Metab. 2018. An Integrated Understanding of the Rapid Metabolic Benefits of a Carbohydrate-Restricted Diet on Hepatic Steatosis in Humans. https://www.cell.com/cell-metabolism/fulltext/S1550-4131(18)30054-8

(8) Yftach Gepner, et al. J Hepatol. 2019 May 8. pii: S0168-8278(19)30274-0. The beneficial effects of Mediterranean diet over low-fat diet may be mediated by decreasing hepatic fat content. https://www.journal-of-hepatology.eu/action/showFullTextImages?pii=S0168-8278%2819%2930274-0


sábado, 22 de junio de 2019

Dietas bajas en FODMAP´s

Las siglas FODMAP´s (1, 2, 3, 4, 5, 6) proviene del inglés Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols (en español oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables). Al grupo de los carbohidratos fermentables de cadena corta pertenecen, entre otros, los fructanos, tipo inulina, oligofructosa y fructo-oligosacaridos (FOS), que se encuentran por ejemplo en el trigo, y los disacáridos, por ejemplo la lactosa de la leche. Pero también en legumbres, hortalizas y frutas, entre otros. La hipótesis considera que nuestro organismo no puede digerir o absorber bien estos compuestos, pudiendo ocasionar un sobrecrecimiento bacteriano intestinal (SIBO) con síntomas gastrointestinales como gases, hinchazón, calambres y/o diarrea en personas sensibles a los efectos de los FODMAP o con enfermedades gastrointestinales funcionales. Su ingesta comporta alteraciones osmóticas, aumentando el suministro de sustrato y agua al intestino delgado distal y al colon proximal, que probablemente induzcan a la distensión luminal y la inducción de síntomas funcionales del intestino. Esto tiene efectos epiteliales, neurales y hormonales, irritando o lesionando el epitelio y alterando su función de barrera. En la enfermedad de Crohn, por ejemplo, la respuesta a la rápida fermentación de una mayor carga de FODMAP en el intestino delgado distal y en el colon proximal, puede ser un agravante de los factores genéticos u otros factores ambientales que predisponen a esta dolencia.

Esto también tiene especial relevancia en deportes, donde las molestias gastrointestinales se reportan en 30-70% de los atletas de deportes de resistencia, tanto de niveles recreativos como en profesionales, pudiendo comprometer la capacidad de entrenamiento y rendimiento. Por ejemplo, en un estudio liderado por Dana Lis, y colaboradores, se examinaron a 910 atletas para evaluar los comportamientos hacia la auto-selección de alimentos para minimizar las molestias gastrointestinales al practicar su deporte. El 55% eliminó al menos un alimento con alto contenido de FODMAPs y se reportó una mejoría en los síntomas de hasta 82.6%. En los atletas que indicaron haber evitado alimentos altos en FODMAPs que detonan molestias gastrointestinales, la lactosa (86,5%) fue el que se eliminó más frecuentemente, seguido de los galacto-oligosacáridos (23,9%), fructosa (23%), fructanos (6,2%) y polioles (5,4%). Los hallazgos preliminares sugieren que la reducción a corto plazo de FODMAP puede ser una intervención beneficiosa para minimizar las molestias gastrointestinales relacionados con el ejercicio.

También hay otras sustancias presentes en el trigo, como los ATIs (7) (Inhibidores de Amilasa-tripsina), que son activadores nutricionales del sistema inmune, a través de los receptores TLR4 en las células mieloides. La mayoría de las variantes de trigo más antiguas (como Emmer o Einkorn) tenían una bioactividad más baja que el trigo moderno (hexaploide). Las especies CM3 y 0.19 de ATI fueron los activadores más frecuentes de TLR4 en el trigo moderno y fueron altamente resistentes a la proteólisis intestinal. Su ingestión indujo una modesta infiltración y activación de las células mieloides intestinales, y la liberación de mediadores inflamatorios, principalmente en el colon, luego en el íleon y luego en el duodeno. Las células dendríticas se activaron prominentemente en los ganglios linfáticos mesentéricos. Las concentraciones de ATI encontradas en una dieta normal diaria que contenía gluten aumentaron la inflamación intestinal de bajo grado. Los cereales que contienen gluten tienen, con mucho, las concentraciones más altas de ATI que activan TLR4. Pero esto es harina de otro costal, y no me explayaré demasiado en ello.

La dieta baja en FODMAP se usa a menudo en las personas con síndrome del intestino irritable (SII) (8). La dieta también tiene un uso potencial en personas con síntomas similares derivados de otros trastornos digestivos, como la enfermedad inflamatoria intestinal. Una dieta baja en FODMAP puede ayudar a reducir los síntomas, lo que limitará los alimentos ricos en fructosa, lactosa, fructanos, galactanos y polioles. Esta dieta también limitará la fibra ya que algunos alimentos con alto contenido de fibra también tienen altas cantidades de FODMAP.


Ya existen listas (9, 10) de alimentos bajos en FODMAP´s. Por ejemplo, la elaborada por el Centro de Salud Digestiva de los Servicios de Nutrición del Centro Médico de la Universidad de Stanford (California, EE.UU.); y el recurso creado por 
Peter R. Gibson y Susan J. Shepherd, ambos, investigadores clínicos del Departamento de Medicina en la Universidad de Monash (Melbourne, Australia). La dieta baja en FODMAP de Monash University tiene como objetivo ampliar las opciones dietéticas de las personas que tienen malabsorción de FODMAP y el síndrome de intestino irritable (IBS, por sus siglas en inglés) con diagnóstico médico. Usan el sistema de semáforos en la aplicación para resaltar los niveles de FODMAP presentes en los alimentos en ciertos tamaños de porciones para distinguir fácilmente lo que puede y no puede ser tolerado. Sin embargo, en sus recetas, tratan de incorporar los alimentos "rojos" tanto como sea posible para que las personas en la dieta no estén cortando completamente los alimentos que deberían ser capaces de tolerar en ciertas cantidades. El éxito de la restricción de FODMAP y la orientación dietética individualizada ha demostrado ser un tratamiento prometedor para reducir los síntomas gastrointestinales en pacientes con síndrome de intestino irritable.

Y, por supuesto, en los “Criterios de Roma” (11, 12), una fundación constituida en el año 1992, donde se han ido reuniendo periódicamente un grupo de expertos en trastornos funcionales digestivos (TFD), se pueden revisar las recomendaciones para cada una de los trastornos digestivos. A saber:

1) Trastornos esofágicos.
2) Trastornos gastroduodenales.
3) Trastornos intestinales.
4) Dolor gastrointestinal de los trastornos mediados centralmente.
5) Trastornos del esfínter de Oddi y de la vesícula biliar.
6) Trastornos anorrectales.
7) Trastornos funcionales gastrointestinales de la infancia.
8) Trastornos funcionales gastrointestinales de la adolescencia.

La nueva clasificación y los nuevos criterios diagnósticos (Roma IV) son el resultado del esfuerzo de 120 investigadores que han trabajado en ellos durante los últimos 10 años, desde el año 2006 en que se editaron los criterios Roma III, hasta ahora vigentes. En este magnífico artículo (13) del médico Juan J. Sebastián Domingo, Jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Royo Villanova (Zaragoza, España), se da buena cuenta de lo expuesto. Según este autor, lo primero que llama la atención, en la portada y en la introducción del special issue publicado en la revista Gastroenterology —editado por Douglas Drossman, profesor emérito de Medicina y Psiquiatría, de la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.)—, es la expresión “disorders of gut-brain interaction”, es decir, trastornos de interacción intestino-cerebro, que, escriben, define mejor que el término TFD (Trastornos Funcionales Digestivos). Conviene recordar que el intestino, el sistema nervioso entérico (SNE), se considera el segundo cerebro, como ya lo señalara el profesor Michael D. Gershon hace más de 20 años (14).

Con todo, hay un cuerpo emergente de investigación (15, 16, 17, 18) demostrando la eficacia de la restricción de carbohidratos fermentables en el SII; sin embargo, todavía existen limitaciones con este enfoque debido a un número limitado de ensayos aleatorizados, en parte debido a la dificultad fundamental del control con placebo en los ensayos dietéticos. La evidencia también indica que la dieta puede influir en la microbiota intestinal y la ingesta de nutrientes. La restricción de carbohidratos fermentables en personas con SII es prometedora, pero los efectos sobre la salud gastrointestinal requieren más investigación. Se requieren ECA´s adicionales para confirmar la eficacia de la restricción de carbohidratos fermentables en el manejo del SII y para examinar más a fondo los efectos sobre la microbiota intestinal (19, 20) y la calidad de la dieta.

Cuando se presentan las tablas de alimentos para identificar aquellos 
que contienen alguno de los hidratos de carbono fermentables que puede ocasionar una intolerancia en el tratamiento del síndrome de intestino irritable, hay que aclarar que no todos los autores retiran exactamente los mismos alimentos cuando prescriben una dieta Fodmap, así que puede haber pequeñas diferencias con otras fuentes. Esta diversidad se basa en la experiencia personal que lleve a cabo el paciente de la tolerancia hacia estos alimentos.

- Los FODMAPs en la dieta son:

  • Fructosa (frutas, miel, jarabe de maíz alto en fructosa (HFCS), etc.).
  • Lactosa (lácteos).
  • Fructanos (trigo, cebolla, ajo, etc.) (los fructanos también se conocen como inulina).
  • Galactanos (frijoles, lentejas, legumbres como la soja, etc.).
  • Polioles (edulcorantes que contienen sorbitol, manitol, xilitol, maltitol, frutas de hueso como el aguacate, albaricoques, cerezas, nectarinas, melocotones, ciruelas, etc.).
  • Fibra: esta dieta también limitará la fibra ya que algunos alimentos con alto contenido de fibra también tienen altas cantidades de FODMAP. La fibra es un componente de los carbohidratos complejos que el cuerpo no puede digerir, se encuentra en alimentos de origen vegetal como frijoles, frutas, verduras, granos integrales, etc. Una dieta baja en FODMAP también tiene un uso potencial en personas con síntomas similares derivados de otros trastornos digestivos, como la enfermedad inflamatoria intestinal.
- Consejos para una dieta baja en FODMAP:
  • Seguir la dieta durante al menos 6 semanas. Después de esto, agregar en la dieta alimentos altos en FODMAP, pero uno a la vez y en pequeñas cantidades para identificar los alimentos que podrían ser "desencadenantes" de sus síntomas. Limitar los alimentos que desencadenan los síntomas.
  • Leer las etiquetas de los alimentos. Evitar los alimentos con alto contenido en FODMAP,  como frutas con alto FODMAP, HFCS, miel, inulina, trigo, soja, etc. Sin embargo, un alimento puede ser un alimento bajo FODMAP, en general, si un alimento alto en FODMAP aparece como el último ingrediente.
  • Compre granos sin gluten ya que son libres de trigo. Sin embargo, no es necesario seguir una dieta sin gluten al 100%, ya que el enfoque está en los FODMAP, no en el gluten. Busque granos sin gluten hechos con FODMAP bajos, como papa, quinoa, arroz o maíz. Evite los granos sin gluten hechos con FODMAP altos.
  • Limite el tamaño de las porciones para las frutas / verduras bajas en FODMAP y los alimentos con alto contenido de fibra / FODMAP como la quinoa a 1 ó 2 tazas por comida si tiene síntomas después de comer estos alimentos. Los síntomas podrían estar relacionados con comer grandes cantidades de alimentos bajos en FODMAP o fibra de una sola vez.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

(1) Peter R. Gibson and Susan J. Shepherd. J Gastroenterol Hepatol.2010 Feb;25(2):252-8. Evidence-based dietary management of functional gastrointestinal symptoms: The FODMAP approach. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/j.1440-1746.2009.06149.x

(2) Peter R. Gibson and Susan J. Shepherd. Aliment Pharmacol Ther.2005. Personal view: food for thought – western lifestyle and susceptibility to Crohn's disease. The FODMAP hypothesis. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1365-2036.2005.02506.x

(3) Dana Lis, et al. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 2016, 41(9): 1002-1004. Food avoidance in athletes: FODMAP foods on the list. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27507006

(4) Skodje GI, et al. Gastroenterology.2018 Feb;154(3):529-539.e2. Fructan, Rather Than Gluten, Induces Symptoms in Patients With Self-Reported Non-Celiac Gluten Sensitivity. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29102613

(5) Costa RJS, et al. Systematic review: exercise-induced gastrointestinal syndrome-implications for health and intestinal disease. Aliment Pharmacol Ther. 2017;46(3):246-265. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/apt.14157

(6) Dana Lis, et al. Low FODMAP: A Preliminary Strategy to Reduce Gastrointestinal Distress in Athletes. Med Sci Sports Exerc.2018 Jan;50(1):116-123. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28891824

(7) Zevallos VF, et al. Gastroenterology.2017 Apr;152(5):1100-1113.e12. Nutritional Wheat Amylase-Trypsin Inhibitors Promote Intestinal Inflammation via Activation of Myeloid Cells. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27993525

(8) Pei Pei Chong, et al. Front. Microbiol., 2019. The Microbiome and Irritable Bowel Syndrome – A Review on the Pathophysiology, Current Research and Future Therapy. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fmicb.2019.01136/full
(9) Lista de alimentos bajos en FODMAP´s. Centro de Salud Digestiva. Servicios de nutrición. Centro médico de la Universidad de Stanford. http://www.fodmapliving.com/wp-content/uploads/2013/02/Stanford-University-Low-FODMAP-Diet-Handout.pdf

(10) The Low FODMAP Diet. Monash University, Department of Medicine, Box Hill Hospital (Victoria, Australia). https://www.monashfodmap.com

(11) Drossman DA, Hasler WL. Gastroenterology.2016 May;150(6):1257-61. Rome IV-Functional GI Disorders: Disorders of Gut-Brain Interaction. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27147121

(12) Magnus Simrén, et al. Gut. 2013 Jan; 62(1): 159–176. Intestinal microbiota in functional bowel disorders: a Rome foundation report. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3551212/

(13) Juan J. Sebastián Domingo. Med Clin (Barc).2017 May 23;148(10):464-468. The new Rome criteria (IV) of functional digestive disorders in clinical practice. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28153434

(14) Michael D. Gershon. Hosp Pract (1995).1999 Jul 15;34(7):31-2, 35-8, 41-2 passim.The Enteric Nervous System: A Second Brain.https://pdfs.semanticscholar.org/070b/273d202704a18c7974186eb6a5e4e5110a54.pdf

(15) Heidi M. Staudacher, et al. Mechanisms and efficacy of dietary FODMAP restriction in IBS. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2014;11(4):256-66. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24445613

(16) Emma P. Halmos, et al. Gastroenterology, 2014. A Diet Low in FODMAPs Reduces Symptoms of Irritable Bowel Syndrome. https://www.gastrojournal.org/article/S0016-5085(13)01407-8/fulltext

(17) Marie E. Latulippe and Suzanne M. Skoog. Crit Rev Food Sci Nutr. 2011 Aug; 51(7): 583–592. Fructose Malabsorption and Intolerance: Effects of Fructose with and without Simultaneous Glucose Ingestion. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3471321/

(18) Amy Fedewa and Satish S. C. Rao. Curr Gastroenterol Rep. 2014 Jan; 16(1): 370.Dietary fructose intolerance, fructan intolerance and FODMAPs. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3934501/

(19) Jose-Walter Huaman, et al. Gastroenterology. 2018 Oct;155(4):1004-1007. Effects of Prebiotics vs a Diet Low in FODMAPs in Patients With Functional Gut Disorders.https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29964041

(20) Jane Varney, et al. Gastroenterology. 2019 Mar;156(4):1222. Prebiotics Versus Low FODMAP Diet: An Interpretative Nightmare. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30543795

miércoles, 12 de junio de 2019

El riesgo “0” no existe...

¿Podemos evitar las lesiones? O “solo” podemos intervenir sobre los aspectos controlables y modificables de las mismas? Es cuestión de suerte, de mala suerte?

Reiteradamente, se pueden ver en deportistas aficionados lesiones significativamente graves y, por desgracia, ya en edades muy tempranas. Bueno, vivir es peligroso y te conduce a la muerte, pero seguidamente se siguen los mismos protocolos, estériles en algunos casos e insuficientes en muchos otros, para la rehabilitación y consiguiente readaptación, si es que existe —puesto que se suelen saltar los pasos al respecto—. Y creedme que muchas de esas lesiones "indirectas" se podrían haber evitado, o en su caso disminuido su intensidad y casuística, si las cosas se hiciesen adecuadamente. Pero pareciera que se sigue mirando para otro lado sin querer aceptar la realidad de esta situación, guiándonos, en la mayoría de los casos, más por las creencias o mitos (1), que por la razón y estudio. Se puede hacer tanto con tan poco, pero bien hecho…

Es evidente que el mayor limitante del rendimiento físico es la lesión, pero debemos ser conscientes que las lesiones jamás podrán prevenirse —y que el riesgo “0” no existe—, pero sí disminuir el riesgo lesional. Un atleta o deportista se construye desde la infancia, y citando al fisiólogo Per-Olof Astrand, "si quieres ser un campeón olímpico, elige bien a tus padres”, pues la genética, o las cualidades biológicas inherentes, así como otros —digamos moderadores—: edad, lesiones y experiencia previas, composición corporal y cineantropometría, biomecánica y patrones de movimiento relacionados, factores psicosociales, y factores ambientales; pudiendo sintetizar todo esto en “el desarrollo de un deportista en las distintas etapas de la vida”, teniendo una importancia crítica para el rendimiento — presente y futuro—, y permitiendo —o no— soportar las cargas de entrenamiento y competiciones demandadas, marcando gran parte del éxito en un deporte determinado. De hecho, no es la carga (volumen, intensidad, frecuencia, etc.) en sí lo que te puede lesionar (2), es la carga para la que el atleta (fuerza, aptitud aeróbica, velocidad, resistencia, etc.) no está preparado.
Además, lo que haces en el día a día, y cómo lo haces, tiene respuestas y adaptaciones tanto biomecánicas como fisiológicas en nuestro organismo. Cada persona tiene una forma de moverse, una forma de correr, por ejemplo, y tanto la falta de movimiento (3), como los movimientos defectuosos, o no, repetidos en el tiempo —y en exceso—, afectan al sistema neuro-músculo-esquelético, y al organismo en su conjunto, pudiendo producir daño tisular y alterando su función, especialmente por el efecto acumulativo de la desviación estándar del modelo óptimo de esa persona en particular.

Debemos ser conscientes de que cada lesión es unipersonal e intransferible, pues así lo son las características inherentes y adquiridas de la persona. Asimismo, una lesión es multifactorial (4), existiendo una combinación entre factores internos y externos (carga de trabajo o entrenamiento) y respuestas internas (adaptación / no adaptación), donde no solo la presencia de un factor interno es responsable de lesión, aunque pueda predisponer.
Y como no suele haber dos lesiones iguales, tampoco los programas de recuperación lo serán, o sí, pero estos no tienen porque funcionar para todos, o no en la misma intensidad, aunque haya variables similares. Por supuesto, cada deporte y cada deportista tiene sus plazos biológicos, con lo que la personalización e individualización (5, 6) serán la clave para optimizar al máximo la recuperación y el rendimiento. Además, conviene mencionar la importancia de la alimentación, el descanso, y la gestión del estrés: estas son las otras columnas sobre las que se sustenta el rendimiento de cualquier persona, y más si cabe de un deportista.
Por ello, este ejemplo que presento es solo una propuesta más, basada, como no, en la literatura científica y en la experiencia significativa, y adaptada a esa persona en particular, y en un momento determinado.

Dicen que las lesiones son una oportunidad: una oportunidad de mejorar, de valorar lo importante. Estoy de acuerdo! Pero también lo son para decidir qué cosas se pueden hacer mejor, y de mayor provecho. El mío es ayudar a los demás, aportarles algo significativo, y conseguir resultados físicos. El objetivo de los profesionales deportivos es desarrollar atletas fuertes, capaces de soportar altas cargas de entrenamiento y competición. Para ello, comprender la relación entre carga de trabajo y capacidad es fundamental para lograr este objetivo. Como curiosidad, la actividad física con pesas durante la infancia y la pubertad temprana tiene un efecto positivo y posiblemente duradero sobre la fortaleza muscular y ósea. Ya no me voy a meter en términos de salud, porque sin salud no puede haber rendimiento…

Seguimos trabajando…

Entrenamos para la vida!
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Referencias:

(1) Tim J. Gabbett. British Journal Sports Medicine, 2018. Debunking the myths about training load, injury and performance: empirical evidence, hot topics and recommendations for practitioners. https://bjsm.bmj.com/content/early/2018/10/26/bjsports-2018-099784

(2) Tim J. Gabbett, et al. Br J Sport Med. 2018. In pursuit of the ‘Unbreakable’ Athlete: what is the role of moderating factors and circular causation? https://bjsm.bmj.com/content/early/2018/11/13/bjsports-2018-099995

(3) Diagnóstico y Tratamiento de las Alteraciones de Movimiento. Shirley Sahrmann. Editorial Paidotribo, 2006.

(4) Windt J, et al. BMJ Open. 2018. Getting the most out of intensive longitudinal data: a methodological review of workload–injury studies. https://bmjopen.bmj.com/content/8/10/e022626

(5) Iñigo Mujika. International Journal of Sports Physiology and Performance, 2017. Quantification of Training and Competition Loads in Endurance Sports: Methods and Applications. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/27918666/

(6) Iñigo Mujika, et al. International Journal of Sports Physiology and Performance, 2018. An Integrated, Multifactorial Approach to Periodization for Optimal Performance in Individual and Team Sports. https://journals.humankinetics.com/doi/10.1123/ijspp.2018-0093.