viernes, 27 de julio de 2018

Suelo Pélvico y Ejercicio Físico: su media naranja

El suelo pélvico, o periné, es una unidad anatómica —y funcional— formada por músculos, fascias, ligamentos, vasos y capilares sanguíneos y linfáticos, así como nervios —nervio pudendo y rama del plexo sacro— y, por supuesto, todo el complejo vejiga- uretra, vagina-útero y recto-ano. Como su propio nombre indica, constituye la parte inferior de la cavidad pelviana.
Podemos hacer una disección en tres planos: superficial o perineal, medial o diafragmático urogenital, y profundo o diafragma pélvico, siendo el elevador del ano, o diafragma pélvico, el músculo más importante del suelo pélvico. Se trata de un músculo definido en varios fascículos, trenzado en varias direcciones pero, realmente, y de manera funcional, es un único músculo.

Existe tanto en el hombre como en la mujer pero con ciertas diferencias obvias —el hombre no tiene vagina y útero—. Las principales funciones del suelo pélvico son:

- De continencia: micción y defecación.

- De sostén: conteniendo las vísceras, vejiga, útero, recto..., así como al bebé en período de gestación (embarazo).

- Sexual y reproductiva

El suelo pélvico no trabaja de forma aislada, sus funciones de continencia y sostén las cumple en sinergia con la musculatura del abdomen, la posición de la columna y de la pelvis y todos los tejidos de las paredes de la cavidad pélvica. Y, por arriba, con el diafragma, pudiendo considerar este como el techo o cúpula —o suelo de la cavidad torácica, según como se mire—, y como principal músculo respiratorio, ayudando en la misma a los pulmones, generando presiones intra-abdominal e intra-torácica.
Quizás sea uno de los grupos musculares más difíciles de entender dada su compleja relación neuromuscular, fascial, visceral y ligamentosa —sin olvidar la hormonal, por supuesto—, pudiendo echarnos horas hablando sobre anatomía, hormonas, etc.; pero una visión más funcional y práctica me parece fundamental para acercarnos a conocer cómo funciona realmente en nuestras AVD (Actividades de la Vida Diaria), y la importancia del adecuado ejercicio físico para la prevención de posibles alteraciones. Del mismo modo, el ejercicio físico supervisado por un profesional de la actividad física y la salud, es uno de los pilares de una recuperación exitosa, y mantenimiento de por vida, en caso de haber sufrido algún tipo de alteración o disfunción del suelo pélvico, entre otras. Pero también puede resultar en un agravante si no se sabe actuar en cada caso y se obvian ciertos principios fisiológicos y anatómicos básicos.

Cuando existe una alteración de la funcionalidad de la musculatura del suelo pélvico, suele haber diversas causas: de tipo hormonales, obstétricas, traumatológicas, quirúrgicas, etc.
A nivel de ejercicio, está bien documentado en la literatura científica que los ejercicios de “Kegel” o de contracción voluntaria de la musculatura del suelo pélvico o perineal, deben ser la primera línea de actuación para los prolapsos de órganos pélvicos e incontinencias urinarias, siendo mucho más efectivos si hay una instrucción y supervisión adecuadas. Pero estos ejercicios no son la única y definitiva forma de tratamiento, no llegando a ser suficientes para dar solución a dichas alteraciones y disfunciones.

En un primer momento, bajo prescripción facultativa y supervisión de personal sanitario, se debería proceder a valorar el estado del sistema uroginecológico, mediante ecógrafo, perineometría, electromiografía, etc., para comprobar la actividad neuromuscular del periné y abdomen. Dependiendo de la valoración, se incluirá la aplicación de electroestimulación perineal, de masaje, etc., según proceda. Además, existen ciertos dispositivos que, bien usados, pueden ayudar a mejorar de las disfunciones por incontiencia, prolapso o disfunción sexual. Por ejemplo: bolas chinas, conos vaginales, pesarios, etc. Aquí, se debería realizar un trabajo específico, mediante una progresión lógica que, en la medida de lo posible, ayude a recuperar el tono y funcionalidad de la musculatura y tejidos perineales.

En una segunda fase, se trabajará con ejercicios muy analíticos, de coordinación y control motor, realizados en posiciones de baja carga que faciliten la hipopresión o hipocompresión perineal, en diferentes planos, con el objetivo de inducir adaptaciones neurofisiológicas, especialmente mediante la facilitación selectiva en la activación de la musculatura profunda.
Lograr una adecuada capacidad de disociación y control lumbo-pélvico, así como una óptima lordosis fisiológica o zona neutra, es decir, una buena higiene postural en cualquiera de las posiciones de carga y planos del movimiento, serán objetivos prioritarios.

Con respecto a la presión abdominal, mucho se habla últimamente de ello, verdad? Pero la presión abdominal no es mala, es fisiológica y necesaria. Es a través de ella que se produce la activación de todo el complejo abdomino-lumbo-pélvico. Es eficaz y debe ser segura, pero hay que buscarla a todas luces; dependiendo de los tipos de movimientos, y la intensidad y esfuerzo de los mismos durante las AVD, así como acciones tales como respirar, toser, estornudar, etc., se produce una co-activación fisiológica de todo el CALP (Complejo Abdomino-Lumbo-Pélvico).
Puede haber una actividad voluntaria, como con los ejercicios de Kegel, pero el 90% de las veces el SP se contrae de manera refleja —depende del sistema nervioso autónomo o vegetativo—. Esa activación refleja durante las AVD hay que trabajarla en los entrenamientos. Por ejemplo, el diafragma desciende al respirar, sube al exhalar, y aumenta la presión en el CALP, respondiendo a ella; con lo que la postura, la respiración, la educación postural, etc., se tornan muy importantes. La supervisión de los ejercicios es una condición indispensable para obtener resultados óptimos. Ya si todas estas respuestas fisiológicas se pudieran valorar en tiempo real, mediante ecografía funcional, por ejemplo, nos acercaríamos mucho más a conseguir los mejores resultados.

Seguidamente, en incluso de manera paralela a la anterior, el trabajo irá orientado a seguir mejorando la fuerza y resistencia, así como la coordinación intra e intermuscular de la musculatura asociada, continuando, en tiempo y forma, con tareas más complejas e intensas, siendo capaz de mantener una tensión adecuada y una respiración afín, mientras se realizan los ejercicios propuestos y las tareas de la vida diaria. El objetivo final será progresar hacia sesiones de entrenamiento globales, mejorando la condición física general.
Se torna necesario ir estimulando los distintos grupos musculares, atendiendo a la tonificación y funcionalidad de la musculatura glútea y pelvitrocantérea, a los cuádriceps e isquiosurales, así como a toda la faja lumbo-abdomino-pélvica, erectores espinales, paravertebrales, musculatura dorsal y periescapular, sin olvidarnos de la musculatura pectoral, deltoidea y braquial, entre otros. Pues todos los músculos, fascias, ligamentos y nervios trabajan en sinergia, formando parte de una cadena biomecánica y con respuestas fisiológicas al movimiento.
Cada protocolo lo seguiremos siempre y cuando se realicen los ejercicios con facilidad y sin dolor. Este bloque de trabajo se hará todos los días como parte del calentamiento, a otra hora del día, o cuando proceda, pero siempre debiendo prestar toda la atención que se precisa para obtener los mejores beneficios.
Se aconseja aprender a escuchar al cuerpo. Nadie mejor que uno mismo sabrá identificar cuando un ejercicio o actividad puede ser agravante y cuales alivian ciertos síntomas concomitantes a un POP (Prolapso de Órganos Pélvicos), IU (Incontinencia Urinaria), entre otras alteraciones y disfunciones.

Además, sería recomendable, y bajo mi punto de vista casi una obligación, que el trabajo que se haga en el gimnasio vaya coordinado con el de fisioterapia y/o con el de la matrona, en su caso, y viceversa —los tratamientos obstétricos y de fisioterapia que vayan coordinados con lo que se haga en el gimnasio—. Así mismo, es muy importante, y no se puede ver de otra manera, tener en cuenta las diferencias individuales, ajustando el entrenamiento de forma muy precisa a la persona. Solo así se podrán obtener los mejores resultados.

Ya para concluir, quisiera resaltar que cualquier persona, en cualquier estado y condición, puede mover los codos, o los hombros, o los tobillos, o las rodillas, o los dedos...; cualquier persona con ciertas alteraciones puede trabajar su musculatura de manera aislada —cuando no se pudiera de otra manera— y beneficiarse de todo lo que conlleva estimular al sistema neuromuscular y, por extensión, al endocrino-metabólico, al cardiorrespiratorio, y demás. Para estar sanos, no hacen falta tantos alardes como se pretenden por ahí. No es necesario hacer movimientos olímpicos, no hay porque imitar gestos deportivos, no es imprescindible el uso de kettlebells, ni de poleas cónicas isoinerciales, ni de gimnasios modernos, ni de apps para móvil, ni de airbikes, ni de zapatillas último modelo. Tampoco es sano depender del sistema sanitario —que no de salud—, de los chequeos per se, de los medicamentos, de las terapias pasivas, etc.
Del mismo modo, el principal objetivo de un programa de entrenamiento, siempre será mejorar la aptitud psico-física motriz general, independientemente que haya prioridades en recuperación de lesiones y ciertas alteraciones, mejorar composición y estética corporal como aumentar masa muscular, bajar de peso y grasa corporal, etc. Porque para qué entrenamos? Entrenamos para la vida.


martes, 19 de junio de 2018

Sé tú!

Cada uno ve la realidad bajo su prisma. Influyen la educación recibida, el entorno, las vivencias o experiencia de vida, los principios o valores que cada uno tenga como prioritarios, etc. Y hay algo que llama poderosamente la atención: cuando a alguien no le cuadra el comportamiento o no comportamiento de otra persona, enseguida somos dados a juzgar, a criticar, y a intentar cambiar al otro. Todos nos jactamos de pregonar que hay que respetar a todo el mundo, que hay que aceptar a la gente tal y como es, que la libertad de expresión y de pensamiento, que esto y lo otro, pero a la mínima variación de lo normal —o normalizado— nos comportamos de manera intransigente con nuestros congéneres. En nuestro fuero interno, de manera subconsciente, brota la intolerancia hacia personas de personalidad y carácter distintos a lo habitual.
Pero esto no es algo nuevo, el ser humano tiende a la vida en rebaño, cosa que no es mala, no estoy diciendo eso, aunque habría que matizar su idoneidad en según que casos; nos gusta la conquista, el salirnos con la nuestra, pero no nos gustan nada los ambientes inseguros, no nos atrae la incertidumbre; queremos tenerlo todo controlado, y que las cosas salgan como están previstas, ciñéndonos a unos protocolos establecidos, casi siempre no escritos.
Cuando alguien se sale del guión saltan las alarmas, pero no nos damos cuenta que la vida no es una película, no es perfecta, no somos perfectos. Cada uno tiene sus defectos —aunque no me gusta llamarlo así—, cada uno sus virtudes —tampoco me gusta esta categorización—; cada uno es, me parece lo correcto. Y en ese ser, ya se es; siendo el producto constante del pasar de la vida.

Hagamos más autocrítica y menos juicios a terceros. No nos creamos portadores de la verdad; no nos erijamos como ejemplo de algo, ni de nada; no tratemos de cambiar a los demás, cambiémonos a nosotros mismos. Dejemos de lado los prejuicios, las miradas de extrañeza, los pensamientos nocivos..., no ejerzamos este tipo de tiranía. Citando al gran pensador Jiddu Krishnamurti, “empezar a comprender lo que uno es, es más fascinante, más interesante y va más allá que cualquier estúpida comparación".

Lo que dice quien les escribe tiene poca importancia en sí mismo, no obstante solo pretendo permitirme todas las formas del ser en cada circunstancia que se presente. Al igual que no me gusta etiquetar a los demás, tampoco me gusta que me caractericen de una determinada manera.
Sé tú! No imites, muéstrate auténtico y verdadero. No repitamos patrones erróneos, tratemos de ser mejores, de aprender del pasado, de estar en el presente. Somos seres sociales, de acuerdo, pero necesitamos nuestra idiosincrasia. Riega la confraternidad, pero sin caer en la hipocresía, en la falsedad de pretender caer bien a todo el mundo, en esa especie de clámide de cara a la galería.
Pide perdón cuando te equivoques, sintiéndolo de verdad y tratando de no volver a repetir el mismo desacierto, pero tampoco andes mendigando súplicas, o estas perderán su valor. Y algo muy importante —la clave de todo—, para seguir mejorando deberás —deberemos— cultivar nuestro refinamiento interno.

Vive y deja vivir!

«Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo»

A veces me llaman o viene gente al gimnasio preguntándome por el entrenamiento personal; me cuentan sus inquietudes y objetivos. Yo profundizo un poco más y les pregunto por analíticas, lesiones, alteraciones o patologías de algún tipo. Indago en su estilo de vida, hábitos, gustos y preferencias, experiencia previa con el ejercicio físico, etc. Algunas me hablan de sus problemas de salud y enfermedades, de alteraciones anatómicas y funcionales, de contracturas, ligamentos, tendinitis, dolores de espalda, suelo pélvico; de alteraciones metabólicas y hormonales: hipotiroidismo, diabetes, ovario poliquístico, hipertensión, etc. Otras “simplemente” quieren bajar de peso, o aumentar volumen muscular, mejorar su composición corporal, verse bien, en definitiva.

Muchas ya saben a lo que vienen, o porque tienen referencias positivas sobre mi persona, o porque me ven trabajar en el gimnasio, o porque se han informado viendo mi currículum, o me siguen por las redes sociales, en el blog, y demás, o porque vienen directamente derivadas o recomendadas por algún profesional médico, algún fisio, algún nutricionista, etc.

En algunos casos, aunque por suerte son pocas las veces que sucede, no salgo de mi asombro en la sorpresa que manifiestan en expresiones tales como ¡Eso que dices nunca lo había escuchado!, ¡Pues a mi el médico jamás me dijo nada de eso!, etc. Haciendo que esas exclamaciones se tornen de desconfianza hacia mí y a lo que estoy diciendo, pues choca de facto con sus creencias o lo que han leído o escuchado sobre un tema determinado. Por eso, en esos casos, posteriormente a la consulta o entrevista inicial, les suelo enviar algún artículo científico, para tratar de esclarecer algunas de las cuestiones que no se pueden dirimir en una hora que dura ese primer contacto, y que saquen sus propias conclusiones. Incluso les manifiesto mi predisposición a hablar con su médico, fisio, etc.

Y me da la sensación, en pocos casos, pero suficientes para hacer reflexionar sobre ello, que parece preferirse la mentira, pensando que es verdad, o al menos, reconfortante, o lo que se quiere oír, a lo que realmente es, las verdades incómodas.
Parece haber gente a la que le asusta la palabra ciencia, incluso produciéndole rechazo, curiosamente, y eso me preocupa.

No digo ninguna verdad al asegurar que puedo demostrar con ciencia y experiencia casi todo lo que digo. Y lo digo, porque para casi todo hay evidencia, pero el nivel de la misma, la rigurosidad, la aplicación práctica, eso es con guitarra, y eso requiere pasión por el estudio, por el conocimiento, aunque a veces cueste profundizar en temas bioquímicos, de fisiología, etc., y haya que dejar otras aficiones de lado, volcándose en forjarse y formarse un criterio más riguroso y nutritivo. Algo que no solo dan los títulos, las carreras, los grados, los cursos, etc.

No hay mucho que añadir a los hechos, siempre y cuando tengan el mínimo sesgo posible, siempre y cuando no estén tergiversados o fuera de contexto.

No tratemos de imponer nuestro criterio ad hominem; como profesionales, o no, solo podemos informar a los demás de que hay mejores maneras de hacer las cosas, sin imponer nada; datos y experiencia práctica hay que lo demuestra.
Cómo era el eslogan? «Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo».
Pues eso, uno solo puede seguir haciendo su trabajo lo mejor que sepa. Aportando en su limitada parcela de trabajo, que no es poco.

Seguimos trabajando...

viernes, 27 de abril de 2018

Una buena iniciativa a la que le sigue faltando una pata: el ENTRENADOR PERSONAL

Desde el 2012 está en funcionamiento la unidad de suelo pélvico del CHUO (Complexo Hospitalario Universitario de Ourense), con la médico María Jesús López, la fisioterapeuta Esther Estévez, y bajo la gestión de la doctora Lucía Camino. Un gran avance que en Ourense se haya implementado esta unidad en el servicio público sanitario, poniéndonos a la vanguardia de otras ciudades españolas y de Europa, donde nos llevan años de ventaja. Pero, sin ánimo de crítica —más bien todo lo contrario—, y hablando por experiencia práctica, y teórica, y no porque me lo invente, aunque aún estoy en pañales en algunas cuestiones, pero uno no elige los casos prácticos, pero sí elige estar mínimamente preparado para cuando aparezcan casos prácticos, y eso pasa por estudiar, por observar e imitar la experiencia de profesionales mejor preparados, de aprender de expertos en un campo en concreto, y de la experiencia propia…

En este último año he entrenado a cuatro mujeres que han referido ciertas disfunciones en su periné o suelo pélvico, y a dos hombres que, aún sin seguir un tratamiento específico para ello, sí que presentaban ciertas alteraciones a tener en cuenta. Si en mujeres aún sigue siendo un tema tabú, qué decir en hombres; pero realmente somos muy diferentemente iguales…

Los dos casos más representativos de lo pertinente al texto, son los dos últimos: una chica de treinta y pocos y otra de cuarenta, las dos multíparas. De la primera ya he reportado su memoria (enlace, enlace), y seguimos entrenando con unos resultados sobresalientes; de la segunda aún no puedo dar mucha cuenta de la progresión, pero con el paso de las semanas iré redactando el caso.

Lo que quisiera exponer, a raíz de la magnífica noticia compartida, es que el tratamiento seguido en las unidades de rehabilitación del suelo pélvico, aún siendo unos protocolos más o menos acertados, y con más o menos evidencia científica, aún no alcanzan a completar lo que se debería esperar de una recuperación completa. Las evaluaciones por parte de las matronas, ginecólogos, urólogos, etc., así como las sesiones de fisioterapia, el biofeedback, la electroestimulación, el láser, el botox, etc., aún siendo necesarias, por sí solas son incompletas, no garantizando una recuperación satisfactoria en la mayoría de los casos.

Se prescriben ejercicios para “hacer en casa”, y eso está bien, pero los estudios científicos realizados han demostrado que los ejercicios supervisados, con instrucción directa, son mucho más efectivos que hacerlos por su cuenta. Además existen importantes limitaciones a la hora de hacer un seguimiento y comprobar, por ejemplo, la intensidad y la técnica de lo que se está realizando, o si realmente se está cumpliendo con la pautado. Se emplean cuestionarios periódicos de seguimiento, sí, pero son bien sabidas las limitaciones que ello supone, por la subjetividad de las respuestas, entre otras. El seguimiento ha de ser lo más cercano posible.

Se prescriben ejercicios de Kegel —de contracciones voluntarias—, y eso está bien, pues deben formar parte del tratamiento de primera línea en incontinencias y prolapsos, pero la mayor parte de la musculatura perineal se comporta de manera involuntaria, dependiente del sistema nervioso autónomo. Se necesita algo más, mucho más, para recuperar la función real del suelo pélvico, y de todos los tejidos interdependientes. Y tiempo, se necesita tiempo, y bien aprovechado para lograr las adaptaciones suficientes en el tejido conectivo.

Se insta a llevar una vida normal, practicando actividad física, natación, caminar, bailar, etc., pero sin pasarse, sin coger pesos, sin hacer esfuerzos, pero se está comprobando como el ejercicio físico bien pautado, más concretamente el entrenamiento de fuerza tipo resistido, con pesas (barras, mancuernas, poleas, máquinas guiadas, elásticos, incluso el propio peso corporal), así como de estabilización, si se practican con un adecuado control motor, con una correcta higiene corporal, poniendo énfasis en el patrón respiratorio y con la técnica adecuada, está consiguiendo mejoras globales, en todo el cuerpo y, por extensión, en la faja abdominal —en el complejo lumbo-abdomino-pélvico—, y, concretamente, y de manera indirecta, en el suelo pélvico, pues este no deja de ser una continuidad de toda esa cavidad comandada por el diafragma. Tan importante es realizar un trabajo analítico del entramado perineal, como lo es de toda la musculatura asociada y, de manera global, del todo el cuerpo.

Se torna necesario ir estimulando los distintos grupos musculares, atendiendo a la tonificación y funcionalidad de la musculatura glútea y pelvitrocantérea, a los cuádriceps e isquiosurales, así como a toda la faja abdominal, erectores espinales, paravertebrales, musculatura dorsal y periescapular, sin olvidarnos de la musculatura pectoral, deltoidea y braquial, entre otros. Pues todos los músculos —superficiales y profundos—, fascias, ligamentos y nervios trabajan en sinergia, formando parte de una cadena biomecánica y con respuestas fisiológicas al movimiento.

No podemos seguir pensando que hay una fecha concreta, o un tratamiento determinado, o un número “x” de sesiones de fisioterapia, y ya se habrá rehabilitado el suelo pélvico para siempre! Como con cualquier otra alteración, o sin ella, debemos buscar mantener esas mejoras, y mejorarlas todo lo que se pueda, buscando una regularidad a largo plazo —de por vida—. Para ello se deberán integrar todas las herramientas disponibles y que hayan mostrado efectividad; se deberá trabajar la actitud, enfrentar los estigmas, creencias y miedos; resulta fundamental aproximarse a conocer la dosis de ejercicio óptima para cada caso, pues no todo vale —infórmate bien, no te quedes con lo primero que te dicen—. Cuántas mujeres —y hombres—, cuántas personas conocen lo que el ejercicio físico bien pautado puede hacer por ellas?

Desde los servicios sanitarios veo la obligación de conocer todo esto, y el deber —también imperativo— de transmitírselo a los pacientes. Habrá que trabajar la humildad de reconocer estas limitaciones, y de saber derivar a los profesionales competentes del ejercicio físico, y que ello sea bidireccional e interdisciplinar, a poder ser. Hay que dar soluciones reales!

En definitiva, se va avanzando, pero sigue faltando una pata para completar una mesa fuerte y estable.

Entrenamos para la vida!

Seguimos trabajando…


miércoles, 14 de marzo de 2018

"No le digas a una persona que no puede hacer algo, dale soluciones"

Casos Entrenamiento Personal (Suelo Pélvico y Dolor de Espalda)

Que ganas tenia de un caso así…

Hace poco compartía un enlace en mi blog (al4balance) acerca del trabajo que estaba desarrollando con una chica que tenía unos problemas de suelo pélvico, además de dolor de espalda lumbar y cervical.

Todo empezó cuando su marido —amigo desde hace algunos años—, un día, por casualidad, me preguntó en el gimnasio qué era lo que yo hacía realmente —aquí otro ejemplo del gran desconocimiento que los propios familiares y amigos tienen de lo que uno hace, casi siempre por culpa de una mala comunicación o promoción de mi trabajo e inquietudes por mi parte—. A partir de ese momento, fueron muchas las conversaciones que tuvimos al respecto de ciertos temas de interés relacionados con el entrenamiento, con el sistema sanitario, y con la salud pública en general. Poco a poco me fue contando el calvario por el que estaba pasando su mujer, después de dar a luz a su último hijo, hace algo más de dos años.

Por respeto, no voy a entrar a juzgar el acto médico durante el parto, puesto que ni soy quien, ni tengo los conocimientos médicos que se necesita para ello, simplemente me voy a ceñir a lo que ella me manifestó. En el parto se le efectuó una episiotomía y se le aplicó la maniobra de Kristeller para la expulsión. De la primera decir que no está justificada la escisión de manera sistemática; de la segunda, es evidente que se trata de una maniobra muy agresiva y poco segura, la cual incluso está prohibida su práctica en algunos países. Lo cierto es que algo que debía haber ido por otros cauces, al igual que cuando primípara, además de también estar planificado a tales efectos, fue por otros derroteros inesperados, no sé si por el nerviosismo de quien asistía en el parto, por complicaciones imprevistas, o por ciertos acontecimientos que desconozco, no lo sé, pero los hechos son los que son. Con esto, lógicamente era de esperar que la recuperación post-parto iba a ser mucho más lenta de lo normal, incluso sin quizás poder conseguirlo en plenitud —seguidamente explicaré el porqué—.

En los siguientes meses, el multiprolapso de los órganos pélvicos (POP) asociado a la debilidad perineal e hipotonía abdominal, apenas había recuperado su disposición de inicio, antes del parto. Se le practicaron ciertos test POPQ (Sistema de Cuantificación del Prolapso de Órganos Pélvicos) y, adjuntas a las disfunciones, exceptuando la IU (Incontinencia Urinaria) que, curiosamente, era inexistente, el número de consultas médicas a distintos especialistas no se hizo esperar. Si bien, todos los profesionales sanitarios consultados, especialistas ginecológicos y obstétricos, fisioterapeutas, etc., —TODOS—, quizás con buen criterio, le sugerían que no realizase esfuerzos, que tuviese mucho cuidado en coger a sus hijos en brazos, que no caminase en exceso, que llevase un carrito para la compra del supermercado, que cuidado con las escaleras y los saltos, que nada de nadar, y que mucho menos se le ocurriese coger pesas en un gimnasio —el miedo a la actividad física y la perpetuación de un sedentarismo inducido se estaban afianzado—. Ninguno, NINGUNO, le daba soluciones. Bueno sí, se le aplicó electoestimulación perineal con su correspondiente biofeedback por perineometría, durante unos meses, al igual que las archiconocidas contracciones perineales voluntarias o ejercicios de Kegel. Si bien, hubo ciertas mejoras, estas eran insuficientes; por lo que en ciertas consultas se le insinuó valorar la posibilidad de someterse a algún tipo de cirugía, como pudiera ser la colposacropexia por laparoscopia, consistente en la colocación de una malla pélvica transvaginal. Pero el tener que someterse a una operación, y debido a su juventud y a los posibles efectos secundarios y complicaciones, como infecciones, etc., que pudieran sobrevenir, a priori se descartó esta técnica. Además, es bien sabido que este tipo de cirugías estaría más indicado en mujeres a las cuales se le ha practicado una histerectomía (extirpación del útero), por causas reconocidas, así como prolapsos de grado IV. Y para el caso que nos ocupa, solo sería una opción si se hubiesen agotado todas las otras posibilidades o técnicas de tratamiento.

Y las dos preguntas que me hago, entre otras, son, ¿seguro que se han agotado todas las posibilidades de tratamiento?, ¿de verdad que se han puesto todas las herramientas encima de la mesa, o solo las conocidas? La respuesta es sencilla, pero aparece oculta a la percepción general. —NO—. Muy pocos profesionales, y muchas menos pacientes, por no decir nadie, hacen lo que realmente hay que hacer o, mejor dicho, hacen hasta cierto punto y hasta donde saben o su percepción alcanza, claro, y aquí paz y después gloria. Principalmente, por dos motivos de peso: desconocimiento y miedo. Pero siguen sin darse soluciones!

Durante todo este tiempo, la resignación crecía por momentos, y parecía que ya se estaba asentado en su vida. Así, después de dos años, empezaron a sobrevenir ciertos dolores de espalda, y a empeorar las sensaciones de incomodidad en su zona perineal, además de verse cada vez más frágil, con una aumentada actitud cifótica, y con un aumento del % de grasa corporal y pliegues cutáneos.

Entonces, se produce la casualidad de la que hablaba a principio del texto, en la que su cónyuge me habla de todo esto. Poco a poco él le fue contando a su pareja que conocía a un Entrenador Personal que le podía dar un punto de vista distinto a todo lo que le habían dicho y ella ya sabía. Yo no dejaba de insistir en que podía hablar conmigo cuando quisiera, sin ningún tipo de compromiso por su parte, solo faltaría. Fue así como, por fin, nos conocimos en persona y pudimos charlar durante casi dos horas, yo más bien escuchar con atención.

Yo ya tenía una experiencia previa con un caso de disfunción perineal postparto, pero no tan compleja como este. Pero le di mi palabra que iba a buscar la mejor solución para ella. De todas maneras, algo que le hice ver, es que cualquier persona, en cualquier estado y condición, puede mover los codos, o los hombros, o los tobillos, o las rodillas, o los dedos…

Cualquier persona con esta alteración puede trabajar cierta musculatura de manera aislada a la cintura pélvica para evitar posibles presiones, y beneficiarse de todo lo que conlleva estimular al sistema neuromuscular y, por extensión, al endocrino-metabólico, al cardiorrespiratorio, y demás. Para estar sanos, no hacen falta tantos alardes como se pretenden por ahí. No es necesario hacer movimientos olímpicos, no hay porque imitar gestos deportivos, no es imprescindible el uso de kettlebells, ni de poleas cónicas isoinerciales, ni de gimnasios modernos, ni de apps para móvil, ni de airbikes, ni de zapatillas último modelo. Tampoco es sano depender del sistema sanitario —que no de salud—, de los chequeos per se, de los medicamentos, de las terapias pasivas, etc. Sí, lo sé, pero no estoy haciendo apología del sofá; no estoy desechando los avances tecnológicos y wearables que nos facilitan ciertas tareas; no estoy cuestionando la aportación de los avances médicos a nuestra sociedad —ya hay personas infinitamente más competentes que un mindundi como yo que lo están poniendo en cuestión con publicaciones y argumentos sólidos—. Solo estoy hablando desde la coherencia, tratando de poner una radical mesura en tiempos de radicalismos desmesurados.

Volviendo al tema que me ocupa, ¿sabéis que hice yo en las siguientes semanas, hasta justo este momento que estoy escribiendo el presente texto? ESTUDIAR y APLICAR. Y estos dos verbos implican leer mucho y bien, analizando el planteamiento y metodología de cada artículo científico; implica tener una base de conocimiento en materia de programación junto con una experiencia práctica significativa, así como preguntar cuando algo no se sabe, a médicos, matronas, fisioterapeutas, y a otros preparadores físicos —fueron unas cuantas las llamadas de teléfono realizadas e intercambio de pareceres por mensaje—; también implica aplicar lo aprendido, estando bien seguro de lo que se está haciendo, estando bien atento al feedback y feedforward compartido con la persona que tenemos delante —primum non nocere—; y por último, implica monitorizar lo que se está haciendo, llevar un diario con apuntes objetivos, medibles, y subjetivos, ¿cómo se siente la persona?, ¿cómo progresa?


En mi opinión, para emprender un trabajo así, resultan imprescindibles ciertos puntos que presento a continuación:

1. Saber de anatomía y conocer la relación entre órganos, hormonas, ligamentos, músculos, arterias, nervios, y fascias.
  • Vejiga y uretra, vagina y útero, intestinos y recto.
  • Estrógenos, progesterona, hormona foliculoestimulante (FSH) y luteinizante (LH), dopamina, cortisol, prolactina, oxitocina, relaxina, etc. 
  • Ligamentos suspensorios, como los pubouretral, cardinal, uterosacro, vesicouterino; cuerpo perineal como punto de anclaje para las fuerzas musculares, etc. Saber de los cambios que se producen en el embarazo y durante el parto por acción de las hormonas antes mencionadas.
  • Continuum de músculos elevador del ano: pubococcígeos, ileococcígeos, puborrectal; isquiococcígeo, pubovaginal, isquiocavernoso, bulbocavernoso, perineal transverso; esfínter anal, uretral y vaginal; pelvitrocantéreos como obturador interno, piriforme, glúteos; diafragma, transverso, oblicuos y recto abdominal, multífidos, entre otros. Conocer la interacción de la postura con los ligamentos, y cómo si estos son laxos pueden desequilibrar la eutonía de fuerzas tenségricas: neuromusculares, fasciales…
  • Tejido conjuntivo cuyas fibras, en una alta proporción, responden de manera involuntaria, regidas por el sistema nervioso autónomo.
  • Nervios de funciones mixtas, sensitivas y motoras, llevando la información recibida hacia el sistema nervioso central, de manera aferente, y transportando el correspondiente impulso efector.
2. Escucha activa y empatía, teniendo muy en cuenta el aspecto psicológico y emocional, así como su estilo de vida, hábitos, alimentación, condición física, preferencias, etc. No juzgar, solo observar y ayudar. No tratarla como alguien frágil, pues seguirá siendo frágil. Hay que tratarla como lo que es, un ser humano, y, especialmente, como lo que puede llegar a ser, un ser humano en plenas condiciones psico-físicas, autónoma y capaz. Con nuestra actitud y pedagogía, debemos facilitar que la persona reduzca sus miedos, la evidencia creíble de peligro, y que gane en confianza, aumentando la evidencia creíble de seguridad.

3. Leer y analizar la literatura científica existente. A poder ser de cierto rigor pero sin desechar la demás.


4. Saber de programación del entrenamiento y tener una experiencia significativa y contrastada previa con otras personas.

5. Hacer una anamnesis detallada a la persona entrevistada en la consulta, dejando todo por escrito.

6. Ponerse en contacto con las matronas, ginecólogos, fisioterapeutas, y otro personal sanitario que haya seguido el parto y el tratamiento post-parto.

7. Hacer una valoración funcional, que sirva de guía para el diseño de un programa de entrenamiento seguro y eficaz, siempre atendiendo a la tolerancia y sensaciones de la persona.

8. Entrenar, entrenar y entrenar. La adherencia es clave, mucho más en estos casos. Buscamos adaptaciones progresivas, sostenibles a largo plazo.

9. Comunicación constante y variabilidad del programa de ejercicio cuando proceda, respetando todos los demás principios fisiológicos.


Después de tan solo cuatro meses de entrenamiento, las mejoras objetivas en fuerza-resistencia y tono muscular general, junto a las sensaciones tan positivas que está teniendo, a la mejora en su estado de ánimo, confianza y autoestima, me hacen sentir un privilegiado por hacer lo que hago; me empujan a seguir trabajando con más rigurosidad si cabe. Pero realmente no estoy haciendo nada del otro mundo, solo lo que hay que hacer. Y esto pasa por ir estimulando los distintos grupos musculares, mediante una progresión lógica, atendiendo a la tonificación y funcionalidad de la musculatura glútea y pelvitrocantérea, a los cuádriceps e isquiosurales, así como a toda la faja lumbo-abdomino-pélvica, erectores espinales, paravertebrales, musculatura dorsal y periescapular, sin olvidarnos de la musculatura pectoral, deltoidea y braquial, entre otros. Pues todos los músculos, fascias, ligamentos y nervios trabajan en sinergia, formando parte de una cadena biomecánica y con respuestas fisiológicas al movimiento.

Trabajamos con ejercicios analíticos, de coordinación y control motor, realizados en posiciones de baja carga que faciliten la hipopresión o hipocompresión perineal, en diferentes planos. Movimientos de disociación y control lumbo-pélvico, con buena higiene postural. Y con orientación hacia tareas más complejas e intensas, siempre tratando de mantener la tensión adecuada y una respiración afín. Pesas, sí, pesas, pero bien hechas, dosificadas y en progresión.

Seguimos trabajando…

P.S.: me veo a mí mismo hace unos años con respecto ahora, y es alucinante el cambio de mentalidad que he ido adoptando. Que ganas de contarle al mundo todo lo aprendido. Que ganas de contarle al mundo que sí se puede, pero hay que hacerlo bien, no todo vale. Que ganas de ponerlo en práctica de manera masiva, y que cuantas más personas se beneficien del adecuado entrenamiento, tengan los objetivos que tengan. El entrenamiento está haciendo que muchas personas se recuperen como jamás hubiesen pensado, siendo una parte importante a la solución de multitud de alteraciones.

ADENDA: quisiera concluir diciendo que no me considero especialista ni experto en nada —aún me queda mucho camino por recorrer—. Que la única especialidad que procuro es la del Entrenamiento de Fuerza y Acondicionamiento Físico, con atención, eso sí, a las alteraciones dadas en una persona y contexto determinado.

Palabras clave: Prolapso Vaginal, Debilidad del Suelo Pélvico, Hipotonía abdomino-pélvica, Programación, Resultados a Largo Plazo, Hábitos y Estilo de Vida, Adherencia, Autonomía, Rendimiento, Salud.

viernes, 9 de marzo de 2018

Readaptación de Lesiones: LCA y Padel

Hace unos días pude recibir en mi despacho a otra persona recién operada de la rodilla. En este caso, una chica de cuarenta y pocos, aficionada al Padel, que unos meses atrás se rompió el Ligamento Cruzado Anterior (LCA) en un mal gesto durante un partido, además de presentar una epicondilitis en el codo derecho del brazo dominante. Ya lleva unos tres meses de Rehabilitación con Fisioterapeuta, entre el de la mutua y uno que se buscó por su cuenta, este último al cual agradezco que se pusiera en contacto conmigo para continuar la recuperación. Aunque, por lo que hemos hablado, seguramente quien más se lo va a agradecer es la propia paciente. Continuará con fisioterapia pero espaciando mucho más las sesiones, y para la semana empezamos en el gimnasio las siguientes fases de la recuperación —esas que pocos conocen y menos aún hacen—. Bajo mi punto de vista podría haber empezado mucho antes, pero ni nos conocíamos, ni conocía lo que es la Readaptación, ni nadie se lo había dicho. Es más, en mi opinión, la readaptación no es solo lo que se hace cuando uno termina la fase de rehabilitación primaria después de una lesión o operación, es la preparación física que hay antes de la lesión, durante y después, para prevenir o, mejor dicho, reducir el riesgo de que se vuelva a producir esta u otras lesiones, contracturas, sobrecargas, etc., derivadas de la actividad física practicada y del día a día de una persona.

Un adecuado programa de Acondicionamiento Físico, en el que se incluya un trabajo equilibrado de Fuerza, en sus diversas manifestaciones, de todos los grupos musculares, junto con el trabajo Cardiorrespiratorio, así como la práctica de los Gestos Deportivos del deporte en cuestión, y la integración en el mismo, cuando proceda, es la mejor, por no decir única opción, de mejorar el Rendimiento, y que este dure cuanto más tiempo mejor.

“Sin salud no puede haber rendimiento”.

Pedagogía del Dolor: la Importancia de Saber Comunicar

Mediante el entrenamiento personal, y como profesionales del ejercicio físico y la salud que queremos ayudar a que las personas con algún tipo de lesión o dolor crónico vayan construyendo un tipo de resiliencia tanto física como psicológica en su personalidad, para recuperarse con garantías de las disfunciones o alteraciones presentadas, es preciso comunicar adecuadamente para no caer en la sobrestimación que puede darse acerca de los ejercicios correctivos y la retroalimentación negativa que pudieran recibir, quizás perpetuando con ello su lesión y dolor asociado.

Cuando se habla de entrenar, lo importante es entrenar bien, y eso implica muchas cosas. En mi opinión, el mal entrenamiento no existe, se le llamará de otra forma, pero no entrenamiento. Por supuesto que los ejercicios “correctivos” son importantes, pero basar un programa de entrenamiento en ello, es motivar en el error. Además, mucho más importante es, no solo lo que se diga, la comunicación entrenador-entrenado, sino el cómo se diga. No se puede tratar a una persona como alguien frágil, pues seguirá siendo frágil. Hay que tratarla como lo que es, un ser humano, y, especialmente, como lo que puede llegar a ser, un ser humano en plenas condiciones psico-físicas, autónoma y capaz.

Un buen entrenador sabe cómo hacer que una persona —cualquier persona— sea cada vez más fuerte, mientras mantiene las lesiones a raya. Citando a C. Liebenson: “un entrenador debe intentar conseguir que su cliente consiga hacer lo más difícil que sea capaz de hacer de una forma correcta. La falta de ejercicio, o el ejercicio en un constante estado de confort, hará que el individuo siga siendo frágil y no consiga olvidarse del dolor”.

Es muy importante, es clave, la pedagogía del profesional ante personas con dolor crónico. Como profesionales del ejercicio físico y la salud, debemos trabajar la actitud, debemos cuidar nuestro vocabulario y nuestro lenguaje no verbal. Debemos entrenar la escucha activa, la empatía, y también la asertividad; observar patrones de movimiento defectuosos y trabajar en pro de la calidad de los movimientos. Debemos ayudar a que la persona reduzca sus miedos, la evidencia creíble de peligro, y que gane en confianza, aumentando la evidencia creíble de seguridad.