lunes, 27 de mayo de 2019

Intolerancias al gluten y a la lactosa: la complejidad de lo aparentemente evidente

La dieta específica para paciente celíaco y con intolerancia a la lactosa, tiene como primera y principal medida dietética es evitar el alimento responsable de la alergia y/o intolerancia, en este caso los alimentos con la proteína gluten, y los correspondientes al disacárido lactosa (glucosa + galactosa). Si bien, en el caso de la leche, las alergias a las proteínas que la conforman da para analizarlo en profundidad en otro trabajo. Incluso, en ocasiones, no solo se debe ser riguroso a la hora de excluir ciertos alimentos, sino que hay que tener presente que esos componentes pueden estar contenidos en muchos productos manufacturados, por lo que se recomienda leer las etiquetas y preguntar si forma parte del menú que se va a consumir. Desde el 13 de diciembre de 2014, es obligatorio el correcto etiquetado de la información alimentaria. Y en cumplimiento del Reglamento (UE) nº 1169/2011 y del Real Decreto 126/2015 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, cada establecimiento debe tener disponible para su consulta la información relativa a la presencia de ciertas sustancias o productos que causan alergias o intolerancias.

Pero quisiera aprovechar para reseñar algunos apuntes. Con respecto a la lactosa, tal y como se recoge en el libro de Owen R. Fennema (1) —“Química de los Alimentos”—, este disacárido existe de forma natural en la leche, principalmente libre, aunque también en pequeña proporción como componente de otros oligosacáridos mayores. La concentración de lactosa en leche varía, dependiendo del mamífero, de 2 a 8,5%. Las leches de vaca y cabra contienen un 4,5-4,8%, y la humana alrededor del 7%. La lactosa es la fuente de carbohidratos primaria para los mamíferos en período de desarrollo. En la especie humana, la lactosa constituye el 40% de la energía consumida durante la lactancia. La obtención de energía a partir de lactosa debe ir precedida de su hidrólisis, para originar los monosacáridos que la forman, D-glucosa y D-galactosa. La leche también contiene un 0,3-0,6% de otros oligosacáridos que poseen lactosa, muchos de los cuales son importantes fuentes de energía de una variedad específica de Lactobacillus bifidus, el cual, como resultado, se convierte en el microorganismo predominante en la flora intestinal o microbiota de los lactantes.
La lactosa se ingiere con la leche y otros productos lácteos no fermentados, como los helados. Los productos lácteos fermentados, como son la mayoría de los yogures y algunos quesos, contienen una cantidad inferior de lactosa, puesto que durante la fermentación parte de ella se convierte en ácido láctico. La lactosa estimula la absorción intestinal y la retención de calcio. Este oligosacárido no se digiere hasta que no alcanza el intestino delgado, donde se localiza el enzima hidrolítico lactasa. La lactasa (una B-galactosidasa) es un enzima ligado a membrana que se localiza en las células epiteliales del intestino delgado. Cataliza la hidrólisis de lactosa para dar los monosacáridos que la constituyen, D-glucosa y D-galactosa. De todos los carbohidratos, sólo los monosacáridos son absorbidos en el intestino. Ambos azúcares son absorbidos rápidamente y entran en el torrente circulatorio. Si por alguna razón la lactosa ingerida es sólo parcialmente hidrolizada, es decir, sólo parcialmente digerida, o no es hidrolizada en absoluto, se produce como resultado un síndrome clínico llamado intolerancia a la lactosa. Si existe una deficiencia de lactasa, parte de la lactosa permanece en el lumen del intestino. La presencia de lactosa tiende a atraer fluidos al lumen por simple ósmosis. Este fluido produce distensión abdominal y calambres. Desde el intestino delgado, la lactosa pasa al intestino grueso (colon), donde sufre una fermentación bacteriana anaeróbica y forma ácido láctico (presente como anión lactato) y otros ácidos de cadena corta. El incremento de la concentración de moléculas, esto es, el aumento de la osmolalidad, resulta en una retención todavía mayor de fluidos. Además, los productos ácidos de la fermentación disminuyen el pH e irritan el revestimiento interior del colon, dando lugar a un mayor movimiento del contenido. Tanto la retención de fluido como el incremento del movimiento intestinal dan lugar a diarrea. Los productos gaseosos de la fermentación causan hinchamiento y retortijones intestinales.
La intolerancia a la lactosa no se observa normalmente hasta que los niños no tienen unos 6 años de edad. En este momento, la incidencia de individuos intolerantes a la lactosa comienza a aumentar, y se incrementa a lo largo de toda la vida, dando lugar a la mayor incidencia en las personas de mayor edad. Tanto la incidencia como el grado de intolerancia varían con el grupo étnico, lo que es indicador de que la presencia o ausencia de lactasa está bajo control genético.

Existen dos vías para superar los efectos de la deficiencia de lactasa. Una es eliminar la lactosa por fermentación, lo cual da lugar a la formación de productos tales como el yogur y otros; otra es producir leche con menor contenido en lactosa por adición de lactasa. Sin embargo, ambos productos de hidrólisis, D-glucosa y D-galactosa, son más dulces que la lactosa, y a partir de un 80% de hidrólisis el cambio de sabor resulta demasiado evidente. Por tanto, la mayor parte de las leches con contenido reducido de lactosa se mantienen por encima del 70% de grado de hidrólisis. En esta tecnología alimentaria, cultivos vivos de yogur se añaden a la leche refrigerada. Las bacterias permanecen inactivas en frío y no cambian el sabor de la leche, pero, en cuanto alcanzan el intestino, liberan lactasa. También otros carbohidratos que no son hidrolizados completamente a monosacáridos por los enzimas intestinales y que no son absorbidos, pasan hasta el colon. Igualmente, son metabolizados por microorganismos, produciendo lactato y gas. El resultado final es de nuevo diarrea e hinchamiento. Este problema se puede presentar al comer legumbres, puesto que éstas contienen un trisacárido (rafinosa) y un tetrasacárido (estaquiosa), que no son hidrolizados a monosacáridos por los enzimas intestinales, y pueden pasar por tanto al colon, donde son fermentados.
Si nos adentramos un poco más en el asunto de las alergias e intolerancias a dicho disacárido, buenos son los estudios que cito en las referencias bibliográficas (2, 3, 4, 5, 6, 7, 8), donde se describe, curiosamente, que pacientes con intolerancia a la lactosa pueden tolerar determinadas cantidades de alimentos lácteos sin que aparezca ningún síntoma, habida cuenta de la correspondiente heterogeneidad interindividual, y la importancia, crítica, de hacer una transición coherente bajo supervisión facultativa. Indudablemente, siempre habrá que partir de la base de un correcto diagnóstico médico.

En segundo lugar, con respecto al gluten (9) —palabra que en latín significa pegamento—, es una mezcla heterogénea de proteínas, fundamentalmente gliadinas (prolamina) y gluteninas (glutelina), con limitada solubilidad en agua. Estos compuestos proteínicos de origen vegetal, reciben diversos nombres particulares según el correspondiente cereal, si bien solo se hallan formando verdadero gluten en tres (trigo, centeno y cebada), y sus derivados. Por ejemplo:

  • Trigo = gliadina. 
  • Centeno = secalina. 
  • Cebada = hordeína. 
  • Maíz = ceína. 
  • Arroz = oricenina. 
  • Avena = avenina. 
La gliadina se encuentran en mayor cantidad en el trigo y el centeno que en la cebada, siendo escaso su contenido en la avena y otros cereales. A continuación se agrupan los principales cereales con gluten:
  • Trigo (“Triticum vulgare Villars”). 
  • Cebada (“Hordeum vulgare L.”). 
  • Centeno (“Secale cereale L.”). 
  • Espelta (“Triticum spelta “) y también la variedad escanda. 
  • Farro (similar a la espelta, cebada descascarillada y a medio moler o sémola). 
  • Kamut (nombre egipcio del trigo y una variedad de este último). 
  • Triticale (híbrido de trigo y centeno). 
  • Tritordeum (híbrido de trigo y cebada). 
  • Sorgo (“Sorghum bicolor o s. vulgare”). Poco utilizado en alimentación humana occidental. 
A partir de los principales cereales citados, se elaboran productos que, evidentemente, contienen gluten. A saber:
  • Pan y harinas de trigo, cebada, centeno, avena o triticale. 
  • Bollos, pasteles, tartas y demás productos de pastelería. 
  • Galletas, bizcochos y productos de repostería. 
  • Pastas italianas (fideos, macarrones, tallarines, etc.) y sémola de trigo. 
  • Leches y bebidas malteadas. 
  • Bebidas destiladas o fermentadas a partir de cereales: cerveza, agua de cebada, algunos licores… 
  • Productos manufacturados en los que entre en su composición cualquiera de las harinas citadas y en cualquiera de sus formas: almidones, almidones modificados, féculas, harinas y proteínas. 
Por otro lado, existen otros productos comestibles que pueden contener gluten. El fabricante ha de especificar “sin gluten”:
  • Embutidos: choped, mortadela, chorizo, morcilla, etc. 
  • Quesos fundidos de sabores. 
  • Patés diversos. 
  • Conservas de carnes. 
  • Conservas de pescados con distintas salsas. 
  • Caramelos y gominolas. 
  • Sucedáneos de café y otras bebidas de máquina. 
  • Frutos secos tostados con sal. 
  • Helados. 
  • Sucedáneos de chocolate. 
  • Colorante alimentario. 
La ingestión de pequeñas cantidades de gluten (10, 11) puede producir lesión de las vellosidades intestinales, aunque no siempre estas lesiones tiene por qué ir acompañadas de síntomas clínicos.
Se eliminará de la dieta cualquier producto que lleve como ingrediente TRIGO, AVENA, CEBADA, CENTENO, TRITICALE, KAMUT, ESPELTA y/o productos derivados: almidón, harina, panes, pastas alimenticias, etc. El celíaco puede tomar todo tipo de alimentos que no contienen gluten en su origen: carnes, pescados, huevos, leche, cereales sin gluten (p.ej.: arroz), legumbres, tubérculos, frutas, verduras y hortalizas.
El consumo de productos manufacturados conlleva asumir riesgos potenciales. Hoy en día, la lectura de la etiqueta del producto, en el momento de la compra, no es una medida del todo segura, porque la Legislación vigente no obliga a especificar el origen botánico de las harinas, almidones, féculas, sémolas y cualquier otro derivado de los cereales trigo, avena, centeno y triticale utilizados. No obstante, es conveniente leer siempre la etiqueta del producto que se compra, aunque siempre sea el mismo. Al adquirir productos elaborados y/o envasados, debe comprobarse siempre la relación de ingredientes que figura en la etiqueta. Si en dicha relación aparece cualquier término de los que se citan a continuación, sin indicar la planta de procedencia, debe rechazarse el producto, salvo que figure como permitido en la última edición de la lista de alimentos sin gluten, que periódicamente actualiza la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE).
La relación de ingredientes que suele aparecer en el etiquetado de productos alimenticios, que contienen o pueden contener gluten son: gluten, cereales, harina, almidones modificados (E-1404, E-1410, E-1412, E-1413, E-1414, E-1420, E-1422, E1440, E-1442, E-1450), amiláceos, fécula, fibra, espesantes, sémola, proteína, proteína vegetal, hidrolizado de proteína, malta, extracto de malta, levadura, extracto de levadura, especias, aromas, gofio, almidón, hidrolizado de proteína vegetal, condimentos, y jarabe de malta.

En pacientes con alergias o intolerancias alimentarias, al látex, al gluten y/o a la lactosa, durante el proceso de preparación, elaboración, emplatado y servicio, se utilizará menaje y utillaje exclusivo para estas dietas, al objeto de evitar contaminación cruzada.
El cultivo de granos que contienen gluten (12) que fueron la columna vertebral de la revolución agrícola también ha traído consigo la manifestación de condiciones relacionadas con reacciones negativas al gluten. Estos incluyen la enfermedad celíaca, la alergia al trigo y la sensibilidad al gluten. El trastorno autoinmune de la enfermedad celíaca es la condición más ampliamente estudiada en el espectro. Afecta aproximadamente a 1 de cada 133 personas, una tasa que se ha duplicado en los Estados Unidos cada 15 años en los últimos 35 años. Una estimación del Center for Celiac Research sitúa la sensibilidad al gluten en el 6% de la población de EE. UU. Con el interés actual en el genoma humano y el microbioma, la investigación está llevando a los científicos a examinar la relación entre el microbioma intestinal y los trastornos relacionados con el gluten. Actualmente, la dieta sin gluten es el único tratamiento disponible para los trastornos relacionados con el gluten.
El gluten tiene una composición aminoacídica única: Glu/Gln y Pro dan cuenta de más del 50% de los restos aminoacídicos. La baja solubilidad en agua de gluten se debe a su pobreza en Lys, Arg, Glu y Asp, que en conjunto suponen menos del 1O% de los aminoácidos totales. Alrededor de un 30% de los restos aminoacídicos de gluten son hidrófobos y contribuyen considerablemente a su capacidad de formar agregados proteicos por interacciones hidrofóbicas y de fijar lípidos y otros compuestos apolares. El elevado contenido en glutamina e hidroxiaminoácidos (alrededor del 10%) del gluten es el responsable de sus propiedades fijadoras de agua. Además, entre la glutamina y los restos hidroxilo de los polipéptidos del gluten, se establecen puentes de hidrógeno, que contribuyen a sus propiedades de cohesión-adhesión. La cistina y la cisteína dan cuenta de 2-3% de los restos aminoacídicos totales de gluten.
Como antes se ha señalado, el gluten está formado por gliadinas y gluteninas. Hay cuatro grupos de gliadinas, llamados a, B, Y y w. En el gluten, se encuentran en forma de polipéptidos de peso molecular oscilante entre 30.000 y 80.000. Aunque las gliadinas contienen alrededor de un 2-3% de restos semicistina, no parecen sufrir una polimerización abundante vía intercambios sulfhidrilo-disulfuro. Duran-te la fabricación de la masa, los enlaces disulfuro parecen ser sólo intramoleculares. La masa formada con gliadinas y almidón es viscosa pero no viscoelástica. Las gluteninas, por el contrario, son polipéptidos heterogéneos, con un peso molecular que oscila entre 12.000 y 130.000. Se clasifican en gluteninas de alto peso molecular (> 90.000, HMW) y de bajo peso molecular (< 90.000, LMW). En el gluten, estos polipéptidos de glutenina se encuentran formando polímeros, unidos por enlaces disulfuro, con pesos moleculares que llegan a alcanzar valores de varios millones. Debido a su capacidad de polimerización, mediante reacciones de intercambio sulfhidrilo-disulfuro, las gluteninas contribuyen mucho a la elasticidad de la masa. Para formar una masa viscoelástica parece necesaria, por tanto, una relación óptima entre gliadinas y gluteninas. Algunos estudios han demostrado una correlación positiva significativa entre contenido en glutenina HMW y calidad panaria, en algunas variedades de trigo, pero no de otras. La información disponible indica que el esquema específico de las asociaciones de gluteninas LMW y HMW, formadas por enlaces disulfuro, en la estructura del gluten puede ser mucho más importante para la calidad panaria que la riqueza en estas proteínas. Por ejemplo, la asociación/polimerización entre gluteninas LMW genera una estructura similar a la formada por la gliadina HMW. Este tipo de estructura contribuye a la viscosidad de la masa, pero no a su elasticidad. En cambio, si las gluteninas LMW se unen a gluteninas HMW vía enlaces disulfuro (en el gluten), entonces sí contribuyen a la elasticidad de la masa. Es posible que en las variedades de trigo de buena calidad panaria puedan polimerizar más gluteninas LMW con gluteninas HMW, y que, en las variedades de trigo de mala calidad panaria, la mayor parte de las gluteninas LMW polimericen entre sí. Estas diferencias en los estados de asociación de las gluteninas en el gluten de diversas variedades de trigo pueden estar relacionadas con otras relativas a sus propiedades conformacionales, como hidrofobia superficial y reactividad de los grupos sultbidrilo y disulfuro.
La glutenina es rica en lisina, uno de los aminoácidos esenciales. La gliadina, rica en ácido glutámico (nombre que debe al gluten), puede contener una porción potencialmente tóxica intestinal para los niños y adultos genéticamente sensibles a ella. Pero esta porción gliadínica, de acción tóxica directa o indirecta (inhibitoria), sólo es activa si se encuentra formando gluten. Sin embargo, en el momento presente no se hallan completamente aclarados los mecanismos íntimos, en parte probablemente enzimáticos, de la intolerancia al gluten.
La intolerancia al gluten, sin relación con la alergia, está, en efecto, considerada una dolencia genética, no hereditaria, de etiología autoinmunitaria. Se la conoce con los nombres de celiaquía (del gr. koilikós, vientre), enfermedad celíaca o enteropatía por gluten, dolencia crónica intestinal cuyos síntomas habituales suelen ser dolor o distensión abdominal, flatulencia, diarrea crónica (en los casos graves esteatorrea), náuseas y/o dolor de cabeza. Los síntomas de la intolerancia al gluten (13) se deben a la atrofia de las vellosidades (atrofia vellosa) de una parte del intestino delgado (principalmente del duodeno y gran parte del yeyuno). Puede presentarse a cualquier edad, pero es más frecuente en los niños después del destete, entre los 6 meses y los 2 años de edad. Las personas diagnosticadas de padecer intolerancia al gluten deben abstenerse de ingerir alimentos que lo contengan (trigo, centeno, cebada, espelta, kamut, etc), lo que sirve para evitar los trastornos, principalmente intestinales, que su ingesta les ocasiona, y para curar en poco tiempo (semanas) las lesiones intestinales si ya se han producido.
El arroz, relativamente rico en glutenina (oricenina), pero pobre en gliadina, y el maíz, con su gliadina ceína, no producen celiaquía, por no estar sus proteínas formando gluten.

En el presente trabajo, de una u otra forma, menciono al maíz, a la avena, y a las legumbres, pudiendo incluirlas dentro de los alimentos sin gluten. No obstante, haciendo una búsqueda en la literatura científica, nos podemos encontrar con este estudio (14) publicado en “Nutrients”, donde ponen de relieve el riesgo de contaminación cruzada de gluten en productos naturales o etiquetados “sin gluten” que fueron analizados. Tal es el caso del alforfón o trigo sarraceno, de las legumbres, de los frutos secos, de la avena y del maíz, entre otros.
Con respecto al maíz (15), una de las alternativas más comunes al trigo utilizado en la DLG (Dieta Sin Gluten), en algunos pacientes con EC (Enfermedad Celíaca), como evento raro, los péptidos de las prolaminas de maíz (ceína) podrían inducir una respuesta inmune de tipo celíaco por mecanismos patógenos similares o alternativos a los utilizados por los péptidos de gluten de trigo. Esto se apoya en varias características compartidas entre las prolaminas de trigo y maíz y en algunos resultados experimentales. Hipotéticamente, las prolaminas de maíz podrían ser perjudiciales para un subgrupo muy limitado de pacientes con EC, especialmente aquellos que no responden, y si se confirma, deben seguir, además de una dieta sin gluten, sin maíz. Esto es plausible, además, por la presencia de transglutaminasa microbiana (mTg) (16), un aditivo alimentario muy utilizado en una gran cantidad de industrias de alimentos procesados. Está sin etiquetar y oculto al conocimiento público, y al ser funcionalmente similar a la tTg (transglutaminasa tisular), puede post-traducir y modificar los péptidos de gliadina mediante la reticulación de ellos, lo que induce la pérdida de tolerancia, y el desarrollo de enfermedad celíaca. Hay advertencias publicadas que alarman al público sobre el peligro potencial de usar o consumir esta enzima. Publicaciones recientes encontraron que mTg es inmunogénico en pacientes con EC y su patogenicidad se desenreda continuamente. La base teórica lógica para que el mTg sea un nuevo factor ambiental en la inducción de EC existe, sin embargo, la causalidad debería ser explorada más a fondo.

Del mismo modo que existen variedades de trigo, debido, en parte, a la selección natural, y a la manipulación genética aplicada en la tecnología de los alimentos, que tienen beneficios para la industria, por ejemplo: resisten mejor las plagas; tiene perjuicios para la salud, por su alto contenido en antinutrientes en forma de lectinas y fitatos, y pudiendo haber contribuido al aumento de la prevalencia de la enfermedad celíaca (17, 18, 19); también sucede algo parecido con la avena (20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31). Las prolaminas de la tribu Triticeae (trigo, centeno y cebada) se clasifican según la secuencia de aminoácidos en tres tipos diferentes de proteínas: prolaminas ricas en azufre (ricos en S), pobres en azufre (pobres en S) y de alto peso molecular (HMW, por sus siglas en inglés), con varios subgrupos dentro del grupo rico en azufre. En este cereal, la prolamina recibe el nombre de avenina, con una homología estructural con el subgrupo rico en S (α-gliadins y γ-gliadins de trigo, B-hordeins de cebada y γ-secalins de centeno), pero con ciertas diferencias con respecto a la gliadina del gluten, además de que su cantidad es mucho menor. Los estudios contradictorios anteriores sugieren que la avena puede desencadenar la respuesta inmunológica anormal en pacientes con enfermedad celíaca. Los anticuerpos monoclonales (moAbs) contra el principal péptido inmunotóxico 33-mer (A1 y G12) reaccionan fuertemente contra el trigo, la cebada y el centeno, pero tienen menos reactividad contra la avena. En un magnífico estudio de investigación de Isabel Comino, y colaboradores, se utilizaron diferentes variedades de avena, controladas por su pureza y por su patrón de proteína distinto, para examinar las diferencias en el reconocimiento de moAb G12 mediante ELISA y transferencia de Western. La inmunogenicidad de las variedades de avena se determinó mediante la concentración de 33 unidades, la proliferación de células T y la producción de interferón γ. Los resultados mostraron que la reactividad del moAb G12 es proporcional a la inmunotoxicidad potencial del cultivar de cereal. Estas diferencias pueden explicar las diferentes respuestas clínicas observadas en pacientes que padecen EC y abrir un medio para identificar cultivares de avena inmunológicamente seguros que podrían utilizarse para enriquecer una dieta sin gluten.

En una reciente actualización publicada en la “Canadian Journal of Gastroenterology and Hepatology”, aunque se reconoce que algunas personas con enfermedad celíaca parecen estar clínicamente intolerante a la avena, esta revisión concluye que la avena no contaminada (<20 ppm de gluten) por cereales que contienen gluten (trigo, centeno y cebada) puede ser ingerida con seguridad por la mayoría de los pacientes con enfermedad celíaca. Los pacientes con enfermedad celíaca que no contengan más de 20 partes por millón de gluten deben limitarse a una cantidad diaria específica. Sin embargo, las personas con EC deben observar una fase de estabilización antes de introducir avena no contaminada en la dieta sin gluten (GFD, por sus siglas en inglés). La avena no contaminada con gluten solo debe introducirse después de que todos los síntomas de la enfermedad celíaca se hayan resuelto y la persona haya estado con una DLG por un mínimo de 6 meses. Se recomienda el seguimiento médico regular a largo plazo de estos pacientes para detectar evidencia de reacción adversa, pero esta no es una recomendación diferente para los individuos celíacos con una DLG sin avena. No obstante, no se pueden hacer recomendaciones generales, hay que estudiar cada caso en particular. Del mismo modo, se necesitan ensayos rigurosos, doble ciego, controlados con placebo, controlados aleatorios, que usen avena comúnmente disponible procedente de diferentes regiones.

No quisiera concluir este trabajo, sin antes compartir una cuestión de relevancia en la actualidad: ¿cuál es la diferencia entre enfermedad celíaca, sensibilidad al gluten y alergia al trigo? Esto lo explica muy bien el doctor Alessio Fasano (32), gastroenterólogo pediátrico y unos de los mayores expertos mundiales en este tema. “El intestino es un tubo muy largo de 10 o 12 metros de largo en un adulto y tiene en su interior una capa simple de células. Estas son las células que nos defienden del enemigo exterior del ambiente; previenen el paso descontrolado de sustancias, químicos, toxinas, macromoleculas que pueden entrar en nuestro cuerpo y, si lo hacen de manera descontrolada, podemos tener consecuencias clínicas severas. Una de las funciones de esta capa de células, además de digerir sustancias, es formar una barrera para protegernos de esta invasión descontrolada y proveer control, un buen control, del paso de estas moléculas del ambiente en nuestro cuerpo. Cuando este control desaparece, esto es, cuando estas entradas entre las células que controlan el paso de sustancias no funciona bien, y en lugar de estar cerradas o casi cerradas, como tendrían que estar, están abiertas, sin control, hay sustancias que entran en el cuerpo y dependiendo de la predisposición genética que se tenga, se podrían desarrollar síntomas. Por ejemplo, el espectro de trastornos relacionados con el gluten sin importar si se habla de enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten o alergia al trigo, el gluten entra en el cuerpo. Y, en circunstancias normales, si estas entradas están cerradas, el gluten no debería entrar. Entonces, el primer paso para desarrollar cualquiera de estas tres condiciones, hay que tener un intestino que ha perdido la capacidad de mantener separado, es decir, afuera, lo que no tiene que entrar. Las entradas que están típicamente cerradas, en estos casos, están abiertas por un largo tiempo. Luego, dependiendo de cómo es el paciente, se puede manifestar una reacción autoinmune y desarrollar enfermedad celíaca, una reacción alérgica y desarrollar alergia al trigo o, incluso, la tercera reacción que es una reacción inmune que es sensibilidad al gluten. Ahora bien, la pregunta es ¿por qué están abiertas estas entradas? ¿Por qué este intestino es permeable? ¿Por qué se desarrolla el síndrome de intestino permeable? Aquí hay más preguntas que respuestas. Lo único que sabemos es que estas entradas están controladas por varias moléculas. La única que ha discordado, la que controla la permeabilidad fisiológica, es la molécula que se llama zonulina Todos producimos un poco de zonulina y todos usamos zonulina para funciones muy específicas, por ejemplo, cuándo abrimos estas entradas, solo por un período de tiempo muy corto y bajo condiciones controladas. En las personas con estos problemas y, no solo me refiero a trastornos relacionados con el gluten, pero, en muchas enfermedades autoinmunes se produce demasiada zonulina en momentos equivocados y, por tanto, las consecuencias surgen de una pérdida de la barrera intestinal que permite que moléculas, como el gluten, entren en el intestino y causen problemas si es que se presentan trastornos genéticos.

Por lo que entendemos, la zonulina está involucrada en muchas enfermedades autoinmunes. Está involucrada con la enfermedad celíaca, con la diabetes tipo 1 y hay evidencia de que está involucrada con la esclerosis múltiple, para nombrar algunas. Y, nuevamente, el concepto de autoinmunidad, es la respuesta inapropiada a una molécula en general proteínas, del ambiente por sistema inmune. Sabemos que para la enfermedad celíaca, esta molécula es el gluten, pero no sabemos de qué moléculas estamos hablando para la diabetes o esclerosis múltiple. Pero, otros hechos muestran que si una persona no tiene daño o la barrera intestinal que le permita entrar a la molécula, el sistema inmune no puede responder a este enemigo porque no lo ve. Entonces, la zonuliana cumple un rol en la primera etapa de estas enfermedades autoinmunes. Tenemos muchas evidencia en modelos de animales y tenemos evidencias clínicas, ya que estamos realizamos ensayos clínicos en las que usamos inhibidores de zonulina para prevenir autoinmunidad en los casos de enfermedades celíacas. En otras palabras, el paradigma ¿porque desarrollamos enfermedades autoinmunes está cambiando porque junto a los dos ingredientes: los genes, muchos y las características del ambiente, disparador, hay un tercer ingrediente en la ecuación que es la pérdida de la barrera intestinal. Si los tres son necesarios, si es por dos de los tres o por uno de los tres, o ninguno de los tres, la autoinmunidad tiene que ser resulta. Por supuesto no podemos sacar los genes, porque no es posible y, quizás, inapropiado. Tampoco, podemos sacar las características del ambiente. Esto solo se puede hacer con la enfermedad celíaca porque solo de ella conocemos el causante del ambiente y la cuestión es si podemos sacar la barrera intestinal de la ecuación. Y esto es lo que hacemos con los inhibidores de zonulina. Hasta ahora, el panorama parece prometedor. Si se bloquea el mal funcionamiento de la barrera intestinal, parece que se pueden sacar las enfermedades autoinmunes.

Ya hemos demostrado que una vez que se activa el sistema inmune hay una respuesta específica al gluten. La diferencia con la enfermedad celíaca es que no hay daño en el intestino, en otras palabras, no hay esa respuesta autoinmune típica de la enfermedad celíaca. Sin embargo, hay otro tipo de inflamación que puede indicar que existe un problema. Entonces, a pesar de que no haya un daño, no significa que pueda existir una enfermedad. Todo depende de cómo se defina una enfermedad. Para mí, la constipación es una enfermedad, o el síndrome de colon irritable es una enfermedad, el reflujo gastro-esofágico es una enfermedad, esto es solo para dar datos generales. Pero, si se realiza una biopsia a una persona con constipación o síndrome de colon irritable, o, incluso, con reflujo, no se encuentran daños. Sin embargo, las personas están enfermas y necesitan tratamiento. Entonces, considerando esto, la sensibilidad al gluten es una condición clínica en la que sabemos qué parte del sistema inmune está involucrado, sabemos qué mecanismos, qué regulaciones de determinados genes hay, qué parte del sistema inmune está involucrado, pero el sistema inmune adaptativo no lo está. El sistema inmune adaptativo es fundamental para el comienzo de la enfermedad celíaca y muchas otras enfermedades autoinmunes. Y los aspectos sociales, los aspectos de los sistemas de salud son unas de las consideraciones más importantes para la enfermedad celíaca.”

Así mismo, cabe mencionar que hay pruebas convincentes de que el trigo, y/o el gluten (33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42), en su caso, está relacionado con otras muchas alteraciones neuro-inmunológicas y endocrinas, pudiendo ser la génesis de enfermedades autoinmunes. La evidencia presentada ante la remisión total o parcial de signos y síntomas de estas alteraciones cuando se aplica la dietoterapia pertinente, es de un peso considerable. Tal es el caso de la dermatitis herpetiforme (DH), también conocida como enfermedad de Duhring-Brocq, una afectación cutánea de naturaleza inflamatoria y autoinmunitaria, que presenta unos típicos hallazgos histopatológicos e inmunopatológicos, que ayudan a confirmar su diagnóstico (43, 44, 45). Mejora con DLG.
Si hablamos de fibromialgia (46), en un estudio del 2014, publicado en “Rheumatology International”, se muestra evidencia de una mejora clínica notable con una dieta sin gluten en pacientes con FM, incluso si se ha descartado un cuadro de EC, lo que sugiere que la sensibilidad al gluten no celíaca puede ser una causa tratable subyacente del síndrome de FM. La presencia de linfocitosis intraepitelial en las biopsias duodenales de estos pacientes seleccionados apoya aún más esta hipótesis.
En otro estudio, una serie prospectiva de 72 pacientes con recidiva-remisión de esclerosis múltiple (47, 48, 49, 50, 51) (RRMS, por sus siglas en inglés), hemos encontrado al menos 8 (11,1%) con un EC relacionado, confirmado por la presencia de anticuerpos serológicos (TGt-2) en 7 y atrofia vellosa en todos ellos. Esto representa una prevalencia de intolerancia al gluten de 5,5 a 11 veces mayor en este grupo de pacientes que en la población general. Algunos pacientes con estos brotes, muestran altos niveles de anticuerpos anti-tejido transglutaminasa-2 (TGt-2), que es un importante marcador serológico en el diagnóstico de la enfermedad.
De nuevo, se debe considerar una dieta sin gluten para cualquier paciente con RRMS que presente estos hallazgos serológicos e histológicos, característicos de la presencia de una enfermedad celíaca asociada. No obstante, todavía se necesitan muchas más investigaciones para escudriñar el papel que desempeña el gluten en la EM. Pero mejora con DLG.
También quiero mencionar un case report (52) relacionado con la remisión, sin terapia con insulina, en una dieta sin gluten en un niño de 6 años con diabetes mellitus tipo 1, y sin enfermedad celíaca. Una vez diagnosticado, comenzó con una dieta sin gluten después de 2 a 3 semanas sin necesidad de tratamiento con insulina. Al inicio de la dieta sin gluten, la HbA1c fue de 7.8% y se estabilizó en 5.8%-6.0% sin tratamiento con insulina. La glucemia en ayunas se mantuvo a 4.0-5.0 mmol/l. A los 16 meses del diagnóstico, el nivel de glucosa en sangre en ayunas era de 4,1 mmol/l y después de 20 meses, sigue sin recibir tratamiento diario con insulina. No hubo alteración en la positividad de la descarboxilasa del ácido glutámico. La dieta sin gluten fue segura y sin efectos secundarios. Los autores proponen que la dieta sin gluten tiene una remisión prolongada en este paciente con DM1 y que se indican ensayos adicionales.
Pero hay un trabajo (53) que me llama poderosamente la atención, además de estar escrito en habla hispana, llevado a cabo por los Centros de Investigación en Nutrición y Salud, del Departamento de Medicina de la UCM (Universidad Complutense de Madrid). En él, los autores se preguntan si el gluten es el gran agente etiopatogénico de enfermedad en el siglo XXI. En una búsqueda bibliográfica en las principales bases de datos científicas, de estudios en los que se hizo referencia a una determinación de gliadina o se aplicó y evaluó un tratamiento con/sin gluten, los resultados sugieren que la ingestión de gluten parece estar relacionada con ataxia al gluten, esclerosis múltiple, trastorno del espectro autista, esquizofrenia, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastornos depresivos, dolores de cabeza, síndrome del intestino irritable, fibromialgia, dermatitis herpetiforme y epilepsia, cuando no hay enfermedad celíaca (EC), sensibilidad al gluten no celíaca (SGNC), o alergia al trigo. Las sospechas sobre el beneficio de la dieta libre de gluten (54) (GFD, por sus siglas en inglés) como tratamiento complementario se presentan en ensayos y cohortes semi-clínicos, ya sea como un factor causal en la patogénesis o en la mejora de los síntomas.
Pero aún hay más complejidad en todo esto. Aunque infrecuentemente, en la celiaquía puede observarse una intolerancia secundaria a la lactosa (azúcar de la leche), probablemente por la acción tóxica de alguna fracción del gluten, que frena o inhibe la producción por el páncreas de lactasa, el fermento o enzima del jugo intestinal que desdobla o degrada la lactosa. Esta enzima sólo es segregada, normalmente, en presencia de lactosa.

La sensibilidad al gluten no celíaca (NCGS) y la intolerancia a la lactosa pueden ocurrir después de una colecistectomía, pancreatitis o gastroenteritis (55). Ninguna de estas afecciones está asociada con marcadores serológicos o radiológicos (56) y actualmente están etiquetadas como síndrome del intestino irritable (SII). El tratamiento de estas condiciones puede diferir significativamente y la consideración temprana de la intolerancia al gluten/lactosa puede conducir a un mejor manejo de los síntomas, con una menor necesidad de seguimiento ambulatorio, investigaciones invasivas y un tratamiento sintomático costoso.
Igualmente, se ha informado que intervenciones dietéticas como las dietas sin gluten y sin caseína mejoran los síntomas intestinales, autoinmunes y neurológicos en pacientes con una variedad de afecciones. La capacidad antioxidante restringida, causada por los péptidos opioides (57) derivados del trigo y la leche (58), puede predisponer a las personas susceptibles a la inflamación y la oxidación sistémica, explicando en parte los beneficios de las dietas sin gluten y/o sin caseína.

Para enredar todo este asunto un poco más, aparecen en escena los FODMAP´s. La sigla FODMAP (59, 60, 61, 62, 63, 64) proviene del inglés Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols (en español oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables). Al grupo de los carbohidratos fermentables de cadena corta pertenecen, entre otros, los fructanos, tipo inulina, oligofructosa y fructo-oligosacaridos (FOS), que se encuentran por ejemplo en el trigo, y los disacáridos, por ejemplo la lactosa de la leche. Pero también en legumbres, hortalizas y frutas, entre otros. La hipótesis considera que nuestro organismo no puede digerir o absorber bien estos compuestos, pudiendo ocasionar un sobrecrecimiento bacteriano intestinal (SIBO) con síntomas gastrointestinales como gases, hinchazón, calambres y/o diarrea en personas sensibles a los efectos de los FODMAP o con enfermedades gastrointestinales funcionales. Su ingesta comporta alteraciones osmóticas, aumentando el suministro de sustrato y agua al intestino delgado distal y al colon proximal, que probablemente induzcan a la distensión luminal y la inducción de síntomas funcionales del intestino. Esto tiene efectos epiteliales, neurales y hormonales, irritando o lesionando el epitelio y alterando su función de barrera. En la enfermedad de Crohn, por ejemplo, la respuesta a la rápida fermentación de una mayor carga de FODMAP en el intestino delgado distal y en el colon proximal, puede ser un agravante de los factores genéticos u otros factores ambientales que predisponen a esta dolencia.

Esto también tiene especial relevancia en deportes, donde las molestias gastrointestinales se reportan en 30-70% de los atletas de deportes de resistencia, tanto de niveles recreativos como en profesionales, pudiendo comprometer la capacidad de entrenamiento y rendimiento. Por ejemplo, en un estudio liderado por Dana Lis, y colaboradores, se examinaron a 910 atletas para evaluar los comportamientos hacia la auto-selección de alimentos para minimizar las molestias gastrointestinales al practicar su deporte. El 55% eliminó al menos un alimento con alto contenido de FODMAPs y se reportó una mejoría en los síntomas de hasta 82.6%. En los atletas que indicaron haber evitado alimentos altos en FODMAPs que detonan molestias gastrointestinales, la lactosa (86,5%) fue el que se eliminó más frecuentemente, seguido de los galacto-oligosacáridos (23,9%), fructosa (23%), fructanos (6,2%) y polioles (5,4%). Los hallazgos preliminares sugieren que la reducción a corto plazo de FODMAP puede ser una intervención beneficiosa para minimizar las molestias gastrointestinales relacionados con el ejercicio.
También hay otras sustancias presentes en el trigo, como los ATIs (65) (Inhibidores de Amilasa-tripsina), que son activadores nutricionales del sistema inmune, a través de los receptores TLR4 en las células mieloides. La mayoría de las variantes de trigo más antiguas (como Emmer o Einkorn) tenían una bioactividad más baja que el trigo moderno (hexaploide). Las especies CM3 y 0.19 de ATI fueron los activadores más frecuentes de TLR4 en el trigo moderno y fueron altamente resistentes a la proteólisis intestinal. Su ingestión indujo una modesta infiltración y activación de las células mieloides intestinales, y la liberación de mediadores inflamatorios, principalmente en el colon, luego en el íleon y luego en el duodeno. Las células dendríticas se activaron prominentemente en los ganglios linfáticos mesentéricos. Las concentraciones de ATI encontradas en una dieta normal diaria que contenía gluten aumentaron la inflamación intestinal de bajo grado. Los cereales que contienen gluten tienen, con mucho, las concentraciones más altas de ATI que activan TLR4. 

También resulta crítico mencionar los excipientes presentes en algunos medicamentos, nada baladí si estamos hablando de personas muy sensibles a dichas sustancias. Pero esto es harina de otro costal, y no me explayaré demasiado en ello.


La dieta baja en FODMAP se usa a menudo en las personas con síndrome del intestino irritable (SII) (66). La dieta también tiene un uso potencial en personas con síntomas similares derivados de otros trastornos digestivos, como la enfermedad inflamatoria intestinal. Una dieta baja en FODMAP puede ayudar a reducir los síntomas, lo que limitará los alimentos ricos en fructosa, lactosa, fructanos, galactanos y polioles. Esta dieta también limitará la fibra ya que algunos alimentos con alto contenido de fibra también tienen altas cantidades de FODMAP. 
Ya existen listas de alimentos bajos en FODMAP´s. Por ejemplo, la (67) del Centro de Salud Digestiva de los Servicios de Nutrición de la Universidad de Stanford.
También hay otro recurso (68), creado por investigadores clínicos en la Universidad de Monash (Melbourne, Australia). La dieta baja en FODMAP de Monash University tiene como objetivo ampliar las opciones dietéticas de las personas que tienen malabsorción de FODMAP y el síndrome de intestino irritable (IBS, por sus siglas en inglés) con diagnóstico médico. Usan el sistema de semáforos en la aplicación para resaltar los niveles de FODMAP presentes en los alimentos en ciertos tamaños de porciones para distinguir fácilmente lo que puede y no puede ser tolerado. Sin embargo, en sus recetas, tratan de incorporar los alimentos "rojos" tanto como sea posible para que las personas en la dieta no estén cortando completamente los alimentos que deberían ser capaces de tolerar en ciertas cantidades. El éxito de la restricción de FODMAP y la orientación dietética individualizada ha demostrado ser un tratamiento prometedor para reducir los síntomas gastrointestinales en pacientes con síndrome de intestino irritable.
Y, por supuesto, en los “Criterios de Roma” (69, 70), una fundación constituida en el año 1992, donde se han ido reuniendo periódicamente un grupo de expertos en trastornos funcionales digestivos (TFD), se pueden revisar las recomendaciones para cada una de los trastornos digestivos. A saber:

  1. Trastornos esofágicos
  2. Trastornos gastroduodenales
  3. Trastornos intestinales
  4. Dolor gastrointestinal de los trastornos mediados centralmente
  5. Trastornos del esfínter de Oddi y de la vesícula biliar
  6. Trastornos anorrectales
  7. Trastornos funcionales gastrointestinales de la infancia
  8. Trastornos funcionales gastrointestinales de la adolescencia.
La nueva clasificación y los nuevos criterios diagnósticos (Roma IV) son el resultado del esfuerzo de 120 investigadores que han trabajado en ellos durante los últimos 10 años, desde el año 2006 en que se editaron los criterios Roma III, hasta ahora vigentes. En este magnífico artículo (71) del médico Juan J. Sebastián Domingo, Jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Royo Villanova (Zaragoza, España), se da buena cuenta de lo expuesto. Según este autor, lo primero que llama la atención, en la portada y en la introducción del special issue publicado en la revista Gastroenterology —editado por Douglas Drossman, profesor emérito de Medicina y Psiquiatría, de la Universidad de Carolina del Norte (EE. UU.)—, es la expresión “disorders of gut-brain interaction”, es decir, trastornos de interacción intestino-cerebro, que, escriben, define mejor que el término TFD (Trastornos Funcionales Digestivos). Conviene recordar que el intestino, el sistema nervioso entérico (SNE), se considera el segundo cerebro, como ya lo señalara el profesor Michael D. Gershon hace más de 20 años (72).
Con todo, hay un cuerpo emergente de investigación (73, 74, 75, 76) demostrando la eficacia de la restricción de carbohidratos fermentables en el SII; sin embargo, todavía existen limitaciones con este enfoque debido a un número limitado de ensayos aleatorizados, en parte debido a la dificultad fundamental del control con placebo en los ensayos dietéticos. La evidencia también indica que la dieta puede influir en la microbiota intestinal y la ingesta de nutrientes. La restricción de carbohidratos fermentables en personas con SII es prometedora, pero los efectos sobre la salud gastrointestinal requieren más investigación. Se requieren ECA´s adicionales para confirmar la eficacia de la restricción de carbohidratos fermentables en el manejo del SII y para examinar más a fondo los efectos sobre la microbiota intestinal y la calidad de la dieta.

Ya para concluir, y volviendo al supuesto del presente ejercicio, soy consciente de lo extenso que he desarrollado el mismo, pero considero de especial transcendencia todo lo aquí expuesto. Mucha gente sufre de estas alteraciones (77, 78, 79) y, en el peor de los casos, se toman la justicia por su mano, y recurren a internet, a blogs y foros, a revistas no especializadas, y a profesionales de dudosa competencia, pudiendo agravar la situación (80, 81). En materia de nutrición, siempre es peligroso generalizar y criminalizar alimentos o a sus nutrientes. En este caso, estamos hablando de situaciones concretas en individuos concretos. Sin un diagnóstico médico preciso, así como el apoyo del profesional de la dietética y la nutrición, si jugamos sin conocer las normas, corremos el riesgo de sufrir consecuencias desagradables.

Sabemos muy poco acerca de qué es lo que hace a algunos individuos reaccionar adversamente frente a algunos componentes de los alimentos. La Nutrición y la Dietética son disciplinas científicas que avanzan a hombros de gigantes, para dar respuestas y soluciones reales al ser humano, pero independientemente de que existan alteraciones o no, una dieta deberá cumplir unos requisitos mínimos de energía, de nutrientes y, especialmente, de la calidad de los alimentos.
______

Referencias bibliográficas:

(1) FENNEMA: “Química de los Alimentos”. Owen R. Fennema and Steven R. Tannenbaum. Acribia Editorial, 1992, ISBN 84-200-0733-1. https://sceqa.files.wordpress.com/2014/05/quc3admica-de-los-alimentos-fennema.pdf

(2) Casellas F, et al. Clin Gastroenterol Hepatol. 2010 Jul;8(7):581-6. Subjective perception of lactose intolerance does not always indicate lactose malabsorption. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20385250

(3) Suarez FL, Savaiano DA and Levitt MD. N Engl J Med. 1995 Jul 6;333(1):1-4. A comparison of symptoms after the consumption of milk or lactose-hydrolyzed milk by people with self-reported severe lactose intolerance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/7776987

(4) Savaiano DA1, Boushey CJ and McCabe GP. J Nutr. 2006 Apr;136(4):1107-13. Lactose intolerance symptoms assessed by meta-analysis: a grain of truth that leads to exaggeration. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16549489

(5) Scientific Opinion on lactose thresholds in lactose intolerance and galactosaemia. EFSA Journal, 2010;8(9):1777. http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/1777.htm

(6) Scientific Opinion on the substantiation of health claims related to lactose and increase in calcium absorption leading to an increase in calcium retention. EFSA Journal, 2011;9(6):2234. https://efsa.onlinelibrary.wiley.com/doi/pdf/10.2903/j.efsa.2011.2234

(7) Scientific Opinion on the substantiation of health claims related to foods with reduced lactose content and decreasing gastro‐intestinal discomfort caused by lactose intake in lactose intolerant individuals. EFSA Journal 2011;9(6):2236. http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/doc/2236.pdf

(8) Richard A Forsgård. The American Journal of Clinical Nutrition, 2019. Lactose digestion in humans: intestinal lactase appears to be constitutive whereas the colonic microbiome is adaptable. https://academic.oup.com/ajcn/advance-article/doi/10.1093/ajcn/nqz104/5512720

(8) Sara Castellví, 2014. Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición. https://www.acgn.cat/project/los-cereales-y-el-gluten/

(9) ACERI (Asociación Celíaca de La Rioja). http://www.aceri.org/alimentacion/

(10) American Diabetes Association, 2013. http://www.diabetes.org/es/alimentos-y-actividad-fisica/alimentos/planificacion-de-las-comidas/dietas-libres-de-gluten/qu-alimentos-contienen-gluten.html?

(11) Alessio Fasano - Spectrum of Gluten-Related Disorders: People Shall Not Live by Bread Alone. https://youtu.be/VvfTV57iPUY

(12) Alessio Fasano and Carlo Catassi. Gastroenterology 2001, 120, 636–651. Current approaches to diagnosis and treatment of celiac disease: An evolving spectrum. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0016508501251877

(13) Anil K. Verma, et al. Nutrients 2017, 9(2), 115. Gluten Contamination in Naturally or Labeled Gluten-Free Products Marketed in Italy. http://www.mdpi.com/2072-6643/9/2/115/htm

(14) Ortiz-Sánchez JP, et al. Nutrients. 2013 Oct 21;5(10):4174-83. Maize prolamins could induce a gluten-like cellular immune response in some celiac disease patients. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24152750

(15) Matthias Torsten and Lerner Aaron. Front. Pediatr. Front. Pediatr., 2018. Microbial Transglutaminase Is Immunogenic and Potentially Pathogenic in Pediatric Celiac Disease. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fped.2018.00389/full

(16) Hetty C. van den Broeck, et al. Theor Appl Genet. 2010 Nov; 121(8): 1527–1539. Presence of celiac disease epitopes in modern and old hexaploid wheat varieties: wheat breeding may have contributed to increased prevalence of celiac disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2963738/

(17) Vader W, et al. Gastroenterology. 2003 Oct;125(4):1105-13. Characterization of cereal toxicity for celiac disease patients based on protein homology in grains. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14517794

(18) Alessandra Camarca, et al. J Immunol. 2009 Apr 1; 182(7): 4158–4166. Intestinal T cell responses to gluten peptides are largely heterogeneous: implications for a peptide-based therapy in celiac disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3306175/

(19) Ana Real, et al. PLoS One. 2012; 7(12): e48365. Molecular and Immunological Characterization of Gluten Proteins Isolated from Oat Cultivars That Differ in Toxicity for Celiac Disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3524229/

(20) Comino I, et al. Gut. 2011 Jul;60(7):915-22. Diversity in oat potential immunogenicity: basis for the selection of oat varieties with no toxicity in coeliac disease. https://gut.bmj.com/content/60/7/915

(21) Sébastien La Vieille, et al. Can. J. Gastroenterol. Hepatol. 2016. Celiac Disease and Gluten-Free Oats: A Canadian Position Based on a Literature Review. https://www.hindawi.com/journals/cjgh/2016/1870305/abs/

(22) Esko K. Janatuinen, et al. N Engl J Med, 1995. A Comparison of Diets with and without Oats in Adults with Celiac Disease. http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM199510193331602?ijkey=0d1d410056f5c3833f14a1fee34f281b938c1dfd

(23) E K Janatuinen, et al. Gut. 2002 Mar; 50(3): 332–335. No harm from five year ingestion of oats in coeliac disease. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1773136/

(24) Sébastien La Vieille, et al. Can. J. Gastroenterol. Hepatol. 2016. Celiac Disease and Gluten-Free Oats: A Canadian Position Based on a Literature Review. https://www.hindawi.com/journals/cjgh/2016/1870305/abs/

(25) Simona Gatti, et al. Nutrients 2013. Oats in the Diet of Children with Celiac Disease: Preliminary Results of a Double-Blind, Randomized, Placebo-Controlled Multicenter Italian Study. https://www.mdpi.com/2072-6643/5/11/4653

(26) Peräaho M, et al. Scand J Gastroenterol. 2004 Jan;39(1):27-31. Effect of an oats-containing gluten-free diet on symptoms and quality of life in coeliac disease. A randomized study. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14992558

(27) Fric P, et al. Nutr Rev. 2011 Feb;69(2):107-15. Celiac disease, gluten-free diet, and oats. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21294744

(28) Maglio M, et al. Scand J Gastroenterol. 2011 Oct;46(10):1194-205. Immunogenicity of two oat varieties, in relation to their safety for celiac patients. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21843037

(29) Pinto-Sánchez MI, et al. Gastroenterology. 2017 Aug;153(2):395-409.e3. Safety of Adding Oats to a Gluten-Free Diet for Patients With Celiac Disease: Systematic Review and Meta-analysis of Clinical and Observational Studies. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28431885

(30) Hansen LBS, et al. Nature Communications. 2018. A low-gluten diet induces changes in the intestinal microbiome of healthy Danish adults. https://www.nature.com/articles/s41467-018-07019-x

(31) Enfermedad Celíaca - Entrevista al Dr. Alessio Fasano. Entrevista realizada por la “Radio El Microscopio” (Grupo de Trabajo Iberoamericano: WG IANT Ibero-American Nomenclature and Translations, y el comité de Medicina de laboratorio Basada en la Evidencia (C-EBLM), auspiciada por la IFCC: International Federation of Clinical Chemistry and Laboratory Medicine). http://www.farestaie.com/novedades/profesionales/96-enfermedad-celiaca-entrevista-al-dr-alessio-fasano/

(32) Antonio Carroccio, et al. Gastroenterology. 2014 Jan;146(1):320-1. Non-celiac wheat sensitivity is a more appropriate label than non-celiac gluten sensitivity. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24275240

(33) Jessica R. Biesiekierski, et al. Gastroenterology. 2013. No effects of gluten in patients with self-reported non-celiac gluten sensitivity after dietary reduction of fermentable, poorly absorbed, short-chain carbohydrates. https://www.gastrojournal.org/article/S0016-5085(13)00702-6/pdf

(34) Biesiekierski JR, et al. Am J Gastroenterol. 2011 Mar;106(3):508-14; quiz 515. Gluten causes gastrointestinal symptoms in subjects without celiac disease: a double-blind randomized placebo-controlled trial. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21224837

(35) Antonio Carroccio, et al. Am J Gastroenterol. 2012 Dec;107(12):1898-906; quiz 1907. Non-celiac wheat sensitivity diagnosed by double-blind placebo-controlled challenge: exploring a new clinical entity. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22825366

(36) Alberto Rubio-Tapia, et al. Gastroenterology. 2009; 137:88–93. Increased prevalence and mortality in undiagnosed celiac disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2704247/

(37) Lohi S, et al. Aliment PharmacolTher. 2007;26:1217–1225 Increasing prevalence of coeliac disease over time. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17944736

(38) Julián Rodríguez-Almagro, et al. Rev esp enfeRm dig (Madrid). 2016. Health-related quality of life and determinant factors in celiac disease. A population-based analysis of adult patients in Spain. http://scielo.isciii.es/pdf/diges/v108n4/original2.pdf

(39) Anitta Vilppula, et al. BMC Gastroenterology, 2009. Increasing prevalence and high incidence of celiac disease in elderly people: A population-based study. https://bmcgastroenterol.biomedcentral.com/articles/10.1186/1471-230X-9-49

(40) Stine Dydensborg, et al. Acta Pædiatrica, 2011. Increasing prevalence of coeliac disease in Denmark: a linkage study combining national registries. http://cort.as/-ItSn

(41) Ventura A, et al. Gastroenterology. 1999 Aug;117(2):297-303. Duration of exposure to gluten and risk for autoimmune disorders in patients with celiac disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10419909

(42) Marcos Vinícius Clarindo, et al. An Bras Dermatol. 2014 Nov-Dec; 89(6): 865–877. Dermatitis herpetiformis: pathophysiology, clinical presentation, diagnosis and treatment. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4230654/

(43) Fernanda Berti Rocha Mendes, et al. An Bras Dermatol. 2013 Jul-Aug; 88(4): 594–599. Review: dermatitis herpetiformis. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3760935/

(44) Caproni M, et al. J Eur Acad Dermatol Venereol. 2009. Guidelines for the diagnosis and treatment of dermatitis herpetiformis. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19470076

(45) Carlos Isasi, et al. Rheumatol Int. 2014; 34(11): 1607–1612. Fibromyalgia and non-celiac gluten sensitivity: a description with remission of fibromyalgia. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4209093/

(46) Shor DB, et al. Ann N Y Acad Sci. 2009 Sep;1173:343-9. Gluten sensitivity in multiple sclerosis: experimental myth or clinical truth? https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19758171

(47) Ludvigsson JF, et al. Aliment Pharmacol Ther. 2007 Jun 1;25(11):1317-27. A population-based study of coeliac disease, neurodegenerative and neuroinflammatory diseases. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1365-2036.2007.03329.x

(48) Casella G, et al. Neurological disorders and celiac disease. Minerva Gastroenterol Dietol. 2016 Jun;62(2):197-206. Epub 2015 Nov 30. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26619901

(49) Luis Rodrigo, et al. Prevalence of celiac disease in multiple sclerosis. BMC Neurol. 2011 Mar 7;11:31. https://bmcneurol.biomedcentral.com/articles/10.1186/1471-2377-11-31

(50) Lynge H. Thomsen, et al. Mult Scler Relat Disord. 2019 Jan;27:156-163. The role of gluten in multiple sclerosis: A systematic review. https://www.msard-journal.com/article/S2211-0348(18)30387-0/fulltext

(51) Stine Møller Sildorf, et al. BMJ Case Rep. 2012. Remission without insulin therapy on gluten-free diet in a 6-year old boy with type 1 diabetes mellitus. https://casereports.bmj.com/content/2012/bcr.02.2012.5878

(52) Ismael San Mauro Martín, et al. Nutr Hosp. 2014;30(6):1203-1210. Is gluten the great etiopathogenic agent of disease in the XXI century? http://www.aulamedica.es/nh/pdf/7866.pdf

(53) Aristo Vojdani and Igal Tarash. Food and Nutrition Sciences, 2013. Cross-Reaction between Gliadin and Different Food and Tissue Antigens. https://www.scirp.org/Journal/PaperInformation.aspx?paperID=26626

(54) Tang I, et al. Gastroenterol Hepatol Bed Bench. 2018. Post pancreatitis/cholecystectomy gluten intolerance. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6040032/

(55) Kamran Rostami, et al. Post Gastroenteritis Gluten Intolerance. Gastroenterol Hepatol Bed Bench. 2014;8:66–70. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4285934/

(56) Trivedi MS, et al. J Nutr Biochem. 2014 Oct;25(10):1011-8. Food-derived opioid peptides inhibit cysteine uptake with redox and epigenetic consequences. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25018147

(57) Antonio Carroccio, et al. Allergy. 2000 Jun;55(6):574-9. Evidence of very delayed clinical reactions to cow's milk in cow's milk-intolerant patients. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/10858991

(58) Peter R. Gibson and Susan J. Shepherd. J Gastroenterol Hepatol. 2010 Feb;25(2):252-8. Evidence-based dietary management of functional gastrointestinal symptoms: The FODMAP approach. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/j.1440-1746.2009.06149.x

(59) Peter R. Gibson and Susan J. Shepherd. Aliment Pharmacol Ther. 2005. Personal view: food for thought – western lifestyle and susceptibility to Crohn's disease. The FODMAP hypothesis. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1365-2036.2005.02506.x

(60) Dana Lis, et al. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 2016, 41(9): 1002-1004. Food avoidance in athletes: FODMAP foods on the list. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27507006

(61) Skodje GI, et al. Gastroenterology. 2018 Feb;154(3):529-539.e2. Fructan, Rather Than Gluten, Induces Symptoms in Patients With Self-Reported Non-Celiac Gluten Sensitivity. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29102613

(62) Costa RJS, et al. Systematic review: exercise-induced gastrointestinal syndrome-implications for health and intestinal disease. Aliment Pharmacol Ther. 2017;46(3):246-265. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/apt.14157

(63) Dana Lis, et al. Low FODMAP: A Preliminary Strategy to Reduce Gastrointestinal Distress in Athletes. Med Sci Sports Exerc. 2018 Jan;50(1):116-123. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28891824

(64) Zevallos VF, et al. Gastroenterology. 2017 Apr;152(5):1100-1113.e12. Nutritional Wheat Amylase-Trypsin Inhibitors Promote Intestinal Inflammation via Activation of Myeloid Cells. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27993525

(65) Lista de alimentos bajos en FODMAP´s. Centro de Salud Digestiva. Servicios de nutrición. Centro médico de la Universidad de Stanford. http://www.fodmapliving.com/wp-content/uploads/2013/02/Stanford-University-Low-FODMAP-Diet-Handout.pdf

(66) Pei Pei Chong, et al. Front. Microbiol., 2019. The Microbiome and Irritable Bowel Syndrome – A Review on the Pathophysiology, Current Research and Future Therapy. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fmicb.2019.01136/full

(66) The Low FODMAP Diet. Monash University. https://www.monashfodmap.com

(67) Drossman DA, Hasler WL. Gastroenterology. 2016 May;150(6):1257-61. Rome IV-Functional GI Disorders: Disorders of Gut-Brain Interaction. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27147121

(68) Magnus Simrén, et al. Gut. 2013 Jan; 62(1): 159–176. Intestinal microbiota in functional bowel disorders: a Rome foundation report. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3551212/

(69) Juan J. Sebastián Domingo. Med Clin (Barc). 2017 May 23;148(10):464-468. The new Rome criteria (IV) of functional digestive disorders in clinical practice. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28153434

(70) Michael D. Gershon. Hosp Pract (1995). 1999 Jul 15;34(7):31-2, 35-8, 41-2 passim.The Enteric Nervous System: A Second Brain. https://pdfs.semanticscholar.org/070b/273d202704a18c7974186eb6a5e4e5110a54.pdf

(71) Heidi M. Staudacher, et al. Mechanisms and efficacy of dietary FODMAP restriction in IBS. Nat Rev Gastroenterol Hepatol. 2014;11(4):256-66. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24445613

(72) Emma P. Halmos, et al. Gastroenterology, 2014. A Diet Low in FODMAPs Reduces Symptoms of Irritable Bowel Syndrome. https://www.gastrojournal.org/article/S0016-5085(13)01407-8/fulltext

(73) Marie E. Latulippe and Suzanne M. Skoog. Crit Rev Food Sci Nutr. 2011 Aug; 51(7): 583–592. Fructose Malabsorption and Intolerance: Effects of Fructose with and without Simultaneous Glucose Ingestion. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3471321/

(74) Amy Fedewa and Satish S. C. Rao. Curr Gastroenterol Rep. 2014 Jan; 16(1): 370. Dietary fructose intolerance, fructan intolerance and FODMAPs. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3934501/

(75) Giada De Palma, et al. Br J Nutr. 2009 Oct;102(8):1154-60. Effects of a gluten-free diet on gut microbiota and immune function in healthy adult human subjects. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19445821

(76) Raffaella Di Cagno, et al. BMC Microbiology, 2011. Duodenal and faecal microbiota of celiac children: molecular, phenotype and metabolome characterization. http://www.biomedcentral.com/1471-2180/11/219

(77) Kirsty Brown, et al. Nutrients. 2012 Aug; 4(8): 1095–1119. Diet-Induced Dysbiosis of the Intestinal Microbiota and the Effects on Immunity and Disease. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3448089/#B160-nutrients-04-01095

(78) Giorgia Vici, et al. Clin Nutr. 2016 Dec;35(6):1236-1241. Gluten free diet and nutrient deficiencies: A review. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27211234

(79) Levran N, et al. Eur J Pediatr. 2018. Obesogenic habits among children and their families in response to initiation of gluten-free diet. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/29594339/

lunes, 20 de mayo de 2019

Salar con ración!

El consumo elevado de sal se asocia de manera consistente con el aumento de la tensión arterial y con el mayor riesgo de accidentes cardiovasculares y muerte fulminante por hipernatremia (1, 2, 3). Un consumo de sal comprendido entre 0.75 gr y 3.0 gr por kg corporal, se convierten en un arma mortal, considerando hipernatremia a unos niveles séricos de sodio (Na) por encima de 145 mmol/L. La sal común suele tener un 40% de sodio. Si queremos calcular la cantidad de sal de un producto, solo tenemos que irnos a la etiqueta nutricional y, los gramos de sodio que nos indica la composición nutricional multiplicarlos por 2,5.
La American College of Cardiology (ACC) y la American Heart (AHA) Association concluyeron, en un artículo publicado en la prestigiosa Circulation (4), que la reducción de la ingesta de sodio a una media de 2400 mg por día, en relación con 3300 mg/d, reduce la PA (Presión Arterial) en 2/1 mm Hg, y la reducción de la ingesta a una media de 1500 mg/d reduce la PA en 7/3 mm Hg, basado, en gran medida, en los resultados del ensayo DASH-Na (5). Quizás el estudio de Frank M. Sacks, y colaboradores, sea la evidencia (6) más influyente que subyace en las recomendaciones actuales de Na. Sin embargo, la variable experimental en DASH-Na (Dietary Approaches to Stop Hypertension) no fue absoluta (mg/d), sino más bien densidad (7) de Na (mg/kcal). La densidad de Na es la relación entre sodio y energía en una dieta. Por ejemplo, una dieta de 2000 kcal que contiene 2400 mg de Na tiene una densidad de Na de 1,2 mg/kcal. Debido a que la ingesta de Na y de energía están muy correlacionadas, es mucho más difícil para una persona más grande y más activa lograr las recomendaciones actuales de 2300 o 2400 mg/d de Na que para una persona más pequeña y menos activa simplemente por su diferentes ingestas de energía. Además, las personas más pequeñas o menos activas podrían no experimentar los beneficios de la reducción de Na a una ingesta de 2300 mg/d porque esa cantidad absoluta de Na da como resultado una alta densidad de Na. Si las recomendaciones de Na se expresaran como densidad de Na (mg/kcal), sería mucho más fácil para los pacientes y los dietistas planificar dietas reducidas de Na porque las personas con diferentes necesidades de energía podrían comer los mismos alimentos pero en cantidades variables. Se necesita trabajo futuro para establecer la densidad óptima de Na. Sería útil establecer si la relación entre Na y PA varía cuando las necesidades de energía varían debido a las diferencias en la actividad física en lugar de las diferencias en el tamaño corporal.

En una fantástica revisión (8) Cochrane, del 2017, se puede concluir como la reducción en la ingesta de sodio, pasando de un nivel promedio de 201 mmol/día, a 66 mmol/día, situándose por debajo del nivel superior recomendado de 100 mmol/día (5,8 gr de sal), dio como resultado una disminución de la PAS/PAD de 1/0 mmHg en participantes normotensos, y una disminución de 5,5/2,9 mmHg en hipertensos, respectivamente. Los efectos sobre las hormonas y los lípidos fueron similares en personas con normotensión e hipertensión, viéndose un aumento significativo tanto en la renina plasmática, la aldosterona, la adrenalina, la noradrenalina, el colesterol, y los triglicéridos. Recordemos que en España, los objetivos nutricionales para la población son < 5g/día de sodio.
Del mismo modo, en el año 2017 se cumplía el vigésimo aniversario de la publicación de la estrategia DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension), un tipo de alimentación que muestra efectos reductores en la presión arterial. La dieta DASH (9) enfatiza los alimentos ricos en proteínas, fibra, potasio, magnesio y calcio, como frutas y verduras, frijoles, nueces, granos integrales y productos lácteos bajos en grasa. También limita los alimentos con alto contenido de grasas saturadas y azúcar. La DASH no es una dieta reducida en sodio, pero su efecto aumenta al reducir la ingesta de sodio. Desde la creación de la DASH hace 20 años, numerosos ensayos han demostrado constantemente que disminuye la presión arterial en una amplia gama de pacientes con hipertensión y pre-hipertensión. En comparación con una dieta de control típica, la dieta DASH produjo reducciones en la presión arterial sistólica (PAS) y en la presión arterial diastólica (PAD) de 5,5 y 3,0 mm Hg, respectivamente, con resultados evidentes en tan solo dos semanas después del inicio de la misma.

No obstante, aunque basándonos en lo comentado hasta ahora un consumo excesivo de sal parece relacionarse negativamente con la salud, y la reducción de sodio (Na) se recomienda comúnmente como un medio para disminuir la presión arterial, también hay trabajos que ponen en duda los límites recomendados por las actuales Guías Alimentarias en Estados Unidos. Así, un estudio (10) que siguió a más de 2.600 hombres y mujeres durante 16 años encontró que el consumo de una dieta baja en sodio no tenía efectos beneficiosos a largo plazo en la presión arterial. Lynn L. Moore, profesora asociada de medicina de la Boston University School of Medicine, presentaba la nueva investigación en el 2017, en la reunión anual de Biología Experimental.

Sea lo que fuere, disminuir la restricción de sodio en la dieta, y aumentar la ingesta de potasio y magnesio puede tener beneficios demostrables (11, 12), aunque con ciertas contextualizaciones que siempre conviene tener en cuenta. Por ejemplo, en el caso de deportistas (13, 14, 15, 16), donde las necesidades de sodio se verán aumentadas, y la adición de sodio a una solución de rehidratación es beneficiosa para el mantenimiento del balance de líquidos debido a su efecto sobre la osmolalidad y el volumen del fluido extracelular, pudiendo, incluso, ser necesario tomar alimentos que contengan altas cantidades de sal, como frutas o frutos secos, o incluso cápsulas de sal para reducir el efecto de la pérdida de electrolitos sobre el rendimiento físico; con mucha más atención en el caso de mujeres, donde puede resultar crítico atender las oscilaciones presentadas en las distintas fases de la menstruación (17, 18, 19, 20). Además, quizás dicha reducción de sal/sodio en la dieta también sería beneficiosa por la cantidad de microplásticos detectados en la sal de mesa (21). Quizás la dosis haga el veneno (22) pero, por si acaso, mejoremos nuestra alimentación todo lo que podamos.

Somos lo que comemos!
______

Referencias:

(1) Carlberg et al. J Emerg Med. 2013 Aug;45(2):228-31. Survival of acute hypernatremia due to massive soy sauce ingestion. https://www.jem-journal.com/article/S0736-4679(13)00202-3/fulltext

(2) Turk et al. Leg Med (Tokyo). 2005 Jan;7(1):47-50. Fatal hypernatremia after using salt as an emetic--report of three autopsy cases. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1344622304000306?via%3Dihub

(3) Furukawa S. et al. J Forensic Leg Med. 2011 Feb;18(2):91-2. Fatal hypernatremia due to drinking a large quantity of shoyu (Japanese soy sauce). https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1752928X10001836?via%3Dihub

(4) Eckel RH, et al. Circulation. 2014; 129(25suppl 2):S76–S99. American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice Guidelines. 2013 AHA/ACC guideline on lifestyle management to reduce cardiovascular risk: a report of the American College of Cardiology/American Heart Association Task Force on Practice Guidelines. https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/01.cir.0000437740.48606.d1

(5) Svetkey LP, et al. J Am Diet Assoc. 1999; 99(suppl 8):S96–S104. The DASH diet, sodium intake and blood pressure trial (DASH-sodium): rationale and design. DASH-Sodium Collaborative Research Group. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S000282239900423X

(6) Sacks FM, et al. N Engl J Med. 2001; 344:3–10. DASH-Sodium Collaborative Research Group. Effects on blood pressure of reduced dietary sodium and the Dietary Approaches to Stop Hypertension (DASH) diet. DASH-Sodium Collaborative Research Group. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM200101043440101

(7) Maureen A. Murtaugh, et al. Hypertension. 2018;71:858–865. Relationship of Sodium Intake and Blood Pressure Varies With Energy Intake. Secondary Analysis of the DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension)–Sodium Trial. https://www.ahajournals.org/doi/full/10.1161/HYPERTENSIONAHA.117.10602

(8) Niels A. Graudal, et al. Cochrane Database Syst Rev. 2017. Effects of low sodium diet versus high sodium diet on blood pressure, renin, aldosterone, catecholamines, cholesterol, and triglyceride. https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD004022.pub4/full

(9) Dori Steinberg, et al. JAMA. 2017;317(15):1529-1530. The DASH Diet, 20 Years Later. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5509411/

(10) Lynn L. Moore, et al. Experimental Biology 2017. Low-sodium diet might not lower blood pressure: Findings from large, 16-year study contradict sodium limits in Dietary Guidelines for Americans. https://www.fasebj.org/doi/abs/10.1096/fasebj.31.1_supplement.446.6

(11) Binia A, et al. J Hypertens. 2015. “Daily potassium intake and sodium-to-potassium ratio in the reduction of blood pressure: a meta-analysis of randomized controlled trials”. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26039623

(12) Niels Albert Graudal, et al. “Effects of low-sodium diet vs. high-sodium diet on blood pressure, renin, aldosterone, catecholamines, cholesterol, and triglyceride (Cochrane Review). American journal of hypertension, 2012. https://www.cochranelibrary.com/cdsr/doi/10.1002/14651858.CD004022.pub3/full

(13) Gethin H. Evans, et al. J Appl Physiol (1985). 2017. “Optimizing the restoration and maintenance of fluid balance after exercise-induced dehydration”. https://www.physiology.org/doi/full/10.1152/japplphysiol.00745.2016

(14) J. Del Coso, et al. Scand J Med Sci Sports. 2016. Effects of oral salt supplementation on physical performance during a half‐ironman: A randomized controlled trial. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/sms.12427

(15) Evans GH, et al. J Appl Physiol (1985). 2017. Optimizing the restoration and maintenance of fluid balance after exercise-induced dehydration. Review article. https://www.physiology.org/doi/full/10.1152/japplphysiol.00745.2016

(16) Maughan RJ, et al. Am J Clin Nutr. 2016. A randomized trial to assess the potential of different beverages to affect hydration status: development of a beverage hydration index. Randomized controlled trial. https://academic.oup.com/ajcn/article/103/3/717/4564598

(17) Beatriz R. Olson, et al. “Relation between sodium balance and menstrual cycle symptoms in normal women”. Annals of internal medicine, 1996. https://annals.org/aim/article-abstract/710036/

(18) Bisson, D. L., et al. “Renal sodium retention does not occur during the luteal phase of the menstrual cycle in normal women.” BJOG: An International Journal of Obstetrics & Gynaecology. 1992. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1534995

(19) Colin P. White, et al. “Fluid retention over the menstrual cycle: 1-year data from the prospective ovulation cohort.” Obstetrics and gynecology international, 2011. https://www.hindawi.com/journals/ogi/2011/138451/

(20) Verma, Punam, et al. “Salt preference across different phases of menstrual cycle”. Indian J Physiol Pharmacol, 2005. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15881866

(21) Ji-Su Kim, et al. “Global Pattern of Microplastics (MPs) in Commercial Food-Grade Salts: Sea Salt as an Indicator of Seawater MP Pollution”. Environmental Science & Technology, 2018. https://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.est.8b04180

(22) Campbell NRC, et al. A Systematic Review of Fatalities Related to Acute Ingestion of Salt. A Need for Warning Labels? Nutrients. 2017. https://www.mdpi.com/2072-6643/9/7/648

El extraño hábito de endulzarlo todo

El inocente gesto de echarle azúcar al café, abrir una lata de refresco, comer unas galletas, abusar de los hidratos de carbono refinados, y consumir alimentos ricos en JMAF (Jarabe de Maíz Alto Fructosa), encierra un perjuicio digno de análisis. Por ejemplo, el Jarabe de Alta Fructosa de Maíz (HFCS: High Fructose Corn Syrup) es un edulcorante calórico ampliamente utilizado en la industria alimentaria. Entre las aplicaciones más comunes se encuentran productos de repostería tipo pasteles, pastas y dulces varios, galletas, helados, yogures y bebidas de sabores, jarabes de frutas, topping y glasés, bebidas alcohólicas saborizadas, etc. El jarabe de maíz es la mayor fuente habitual de D-glucosa y D-fructosa. Para hacer el jarabe de maíz, se mezcla el almidón de maíz embebido en agua con una a-amilasa termoestable, y al calentar se produce rápidamente la gelatinización y la hidrólisis (licuefacción) catalizada por el enzima. Después de enfriar a 55-60°C (130-140°F), la hidrólisis se continúa con glucoamilasa, tras lo cual el jarabe es clarificado, concentrado, refinado con carbón activo y sometido a intercambio iónico. Si el jarabe es adecuadamente refinado y sembrado con núcleos de cristalización se obtiene D-glucosa cristalina (dextrosa) o su monohidrato.
Para la producción de D-fructosa, la solución de D-glucosa se pasa a través de una columna que contiene (de forma inmovilizada) glucosa isomerasa. El enzima cataliza la isomerización de D-glucosa a D-fructosa hasta alcanzar una mezcla de equilibrio de aproximadamente un 58% de D-glucosa y un 42% de D-fructosa. En la industria se desean normalmente mayores concentraciones de D-fructosa; por ejemplo, el jarabe de maíz de alta concentración de fructosa (HFCS) utilizado como edulcorante en la elaboración de bebidas refrescantes, contiene alrededor de un 55% de D-fructosa. Para incrementar la concentración, el jarabe isomerizado se pasa a través de una columna con una resina de intercambio catiónico en forma de sal sódica. La resina une la D-fructosa, que puede ser recuperada hasta alcanzar la concentración deseada en el jarabe enriquecido en este azúcar (1). Su ingesta modifica el entorno insulínico, con la consecuente cascada de acontecimientos fisiológicos que ello supone. Por otra parte, a excepción de deportistas que buscan rendimiento deportivo en algunas disciplinas de ciertas distancias y duración, en cuyas preparaciones y competencias, quizás han de hacer uso de ciertos nutracéuticos y sustancias ergogénicas con cantidades significativas de azúcares, habría que limitar su ingesta a alimentos frescos e integrales, y de una manera proporcionada al gasto energético diario de la persona. Además, en palabras del médico cardiólogo Daniel Flichtentrei, y redactor jefe de “INTRAMED”, mencionadas en el 44º Congreso Argentino de Cardiología, “el único beneficio del Jarabe de Maíz Alto Fructosa (HFCS, por sus siglas en inglés) es que es barato; así que, comamos alimentos, no comestibles”. Y como dice la antropóloga Patricia Aguirre —autora del libro “Una historia social de la comida”, entre otras obras—, “vivimos en un mundo en el que comemos alimentos que son buenos para vender pero malos para comer”. Obesidad, Hígado graso no alcohólico (Esteatosis Hepática), Resistencia a la Insulina, Diabetes tipo II, etc., son algunas de las consecuencias. Así, existen mecanismos plausibles y evidencia de investigación que apoya la sugerencia de que el consumo de azúcar en exceso promueve el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (ECV) y diabetes tipo 2 (DMT2), tanto directa como indirectamente. La vía directa implica la captación hepática no regulada y el metabolismo de la fructosa, lo que lleva a la acumulación de lípidos en el hígado, dislipidemia, disminución de la sensibilidad a la insulina y aumento de los niveles de ácido úrico. Los datos epidemiológicos sugieren que estos efectos directos de la fructosa son pertinentes para el consumo de azúcares que contienen fructosa, sacarosa y jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, que son los azúcares agregados predominantes. El consumo de azúcar añadido se asocia con el desarrollo y/o la prevalencia de hígado graso, dislipidemia, resistencia a la insulina, hiperuricemia, ECV y DMT2, a menudo independientemente del aumento de peso corporal o la ingesta total de energía. Hay estudios de intervención en la dieta en los que los sujetos humanos mostraron un aumento de los lípidos circulantes y una disminución de la sensibilidad a la insulina cuando consumían mucha azúcar en comparación con las dietas de control (2, 3, 4, 5). Así mismo, la evidencia acumulada también ha demostrado una conexión entre la DT2 y el deterioro cognitivo que predispone a trastornos neurodegenativos y demencia (6), como la enfermedad de Alzheimer (7), aunque aún no se ha determinado la fuerza de esa asociación y la presencia de una relación causal, con lo que se necesitarían más estudios rigurosos.

Por otro lado, y no menos importante, pues tiene drásticas repercusiones para la salud general, cabe mencionar a la caries dental, la cual afecta a ≤80% de la población mundial (8). Especialmente, la caries en los niños es motivo de preocupación porque es una enfermedad progresiva y acumulativa de por vida. Evidentemente, la salud oral es un determinante importante de la calidad de vida, viéndose disminuida por enfermedades que atañen a la boca como caries, enfermedad peridontal y pericoronaritis, entre otras. Además de provocar dolor y la pérdida de piezas dentales, una mala salud bucal está relacionada, directa o indirectamente, con otras patologías (9, 10, 11) como cáncer de esófago, de estómago, de boca, úlceras de estómago, así como un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares; también teniendo en cuenta el aspecto psicológico negativo derivado. Leili Zahedi, y col. (12), agrupan varios trabajos que muestran evidencia de cómo la enfermedad periodontal se asocia con una alteración en el microbioma oral. Muchos estudios han demostrado niveles más altos de Helicobacter Pylori (13, 14, 15) en el estado de periodontitis que en condiciones normales. Del mismo modo, se han reportado asociaciones entre las infecciones periodontales y algunas enfermedades sistémicas como las enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Por otro lado, los patógenos (16, 17) periodontales y la enfermedad se asocian con altos niveles de citoquinas inflamatorias que conducen a la inducción de inflamación crónica sistémica. Algunos estudios han declarado que el cambio en la flora oral, es decir, la disbiosis de los microbiomas orales, y la inflamación sistémica pueden afectar a algunos órganos como el estómago y el páncreas, dando lugar al desarrollo y crecimiento de tumores. Los estudios futuros deberían centrarse en los mecanismos por los cuales la microbiota interactúa con los patógenos y los factores que conducen a la disbiosis microbiana.

Sin lugar a dudas, de los muchos factores que contribuyen al desarrollo de la caries dental y otros problemas asociados, la dieta (18, 19, 20, 21, 22, 23, 24) juega un papel protagonista. Para mantener las funciones vitales y la salud, el cuerpo humano necesita alimento diario en forma de carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, así como agua y oxígeno. Una buena nutrición es vital para la salud en general, y una mala alimentación y un estilo de vida sedentario son las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo. Una vez más, los factores nutricionales están implicados en muchas enfermedades y afecciones orales y sistémicas, que incluyen obesidad, hipertensión, dislipidemia, diabetes tipo II, enfermedad cardiovascular, osteoporosis, caries dental y algunos cánceres, incluidos los cánceres orales. Se presentan pruebas de los beneficios para la salud de los hidratos de carbono de alta calidad, y las frutas y verduras, para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y cáncer. Se describen los efectos adversos del azúcar, las bebidas endulzadas y las grasas trans y saturadas en varias enfermedades, como caries, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Los beneficios para la salud de las grasas no saturadas, los antioxidantes, las vitaminas B y la vitamina D en enfermedades cardiovasculares, periodontitis, cáncer y otras afecciones están documentados, indicando, por ejemplo, un efecto protector asociado con la ingesta de frutas y verduras y con la vitamina C (25, 26), entre otros.

Pero si hablamos de lo que nos llevamos a la boca, de ninguna de las maneras es comparable al hecho de fumar cigarrillos (27, 28, 29, 30, 31), tal y como se detalla en las referencias de los estudios citados. Para sumar más evidencia, si cabe, en un estudio realizado en Reino Unido, y editado en la prestigiosa PLoS One (32), se amplia esta argumentación identificando al tabaquismo como el segundo factor de mayor riesgo para la muerte y la discapacidad en el mundo. Fumar aumenta el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular, enfermedad pulmonar crónica y es la causa principal de cáncer de pulmón, laringe, esófago, boca y vejiga, y se ha relacionado con cáncer de cuello uterino, páncreas y riñones. Por ejemplo, en Inglaterra, el 18% de todas las muertes (mayores de 35 años) se atribuyeron directamente al hábito de fumar. Los impactos del hábito de fumar en la cavidad bucal pueden incluir cambios estéticos, como dientes manchados, restauraciones decoloradas en "dientes de color" y dentaduras postizas. También hay complicaciones más graves relacionadas con el hábito de fumar, como el aumento de la prevalencia de periodontitis que conduce a la pérdida de dientes, aumento de la pérdida ósea, alteración de la cicatrización de las heridas y efectos adversos en la reparación del tejido conectivo. La afección más grave asociada con el tabaquismo y el consumo de tabaco es el cáncer oral. Menos conocidos son los efectos en la salud de otros dos productos de tabaco que están comenzando a rivalizar o incluso a eclipsar la popularidad del consumo de cigarrillos a nivel nacional y mundial, especialmente entre los jóvenes: pipa de agua (narguile, narguile, shisha) y cigarrillos electrónicos ("plumas de vape", “vaporizadores personales”). La evidencia actual sugiere que el humo del tabaco en las pipas de agua contiene muchos tóxicos y está asociado con efectos adversos para la salud. Los efectos en la salud de los cigarrillos electrónicos (ECIG, por sus siglas en inglés) son menos conocidos y muchos factores influyen en las emisiones de ECIG, como la potencia eléctrica del dispositivo, los componentes del líquido que el dispositivo emite en aerosol y la experiencia del usuario. Además, como estos dispositivos no están regulados en muchos países, las características del dispositivo y los componentes líquidos pueden cambiar con frecuencia. Si bien los datos clínicos y de laboratorio son demasiado limitados para evaluar exhaustivamente el efecto del uso de pipas de agua o ECIG en la salud oral y sistémica, su uso puede aumentar la susceptibilidad a los trastornos relacionados con los productos de tabaco en la cavidad oral (33).

Con respecto a las enfermedades cardiovasculares, quería detenerme en este reciente trabajo de Paula Sanchez y colaboradores (34), quienes reúnen literatura científica significativa de la asociación entre la enfermedad periodontal y la prevalencia de ECV, con una evidencia creciente que sugiere que la enfermedad periodontal es un factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD, por sus siglas en inglés). Es importante reconocer la importancia de la salud oral, especialmente de las infecciones orales crónicas, para la salud cardiovascular y la calidad de vida, dado que los trastornos orales se diagnostican más fácilmente y antes que las enfermedades cardiovasculares. Ambas enfermedades pueden iniciarse en la primera infancia, aunque los primeros síntomas pueden no aparecer hasta la edad adulta. A finales de la década de 1990, se describió el síndrome de periodontitis-aterosclerosis (PAS) y el número de artículos dedicados al PAS aumentó cada año. En 1998, solo hubo 4 artículos sobre este tema, 73 artículos en 2007 y en la actualidad hay 3928 artículos centrados en PAS en la literatura científica (35). Se encontraron varios vínculos entre los trastornos orales y cardiovasculares, incluidos los factores de riesgo comunes, los marcadores microbiológicos, clínicos, inflamatorios y moleculares. Las bacterias orales, como Streptococcus mutans, Porphyromonas gingivalis, Aggregatibacter actinomycetemcomitans, y Prevotella intermedia, pueden representar vínculos entre los trastornos orales y cardiovasculares (36). La periodontitis contribuye a la carga mundial de enfermedades orales crónicas y es un problema de salud pública importante en todo el mundo. Es causada por una respuesta del huésped contra la infección bacteriana que afecta a la cavidad bucal y la placa dental que conduce a la pérdida de dientes. Las bacterias que causan la periodontitis entran en el torrente sanguíneo, lo que conduce a una respuesta inflamatoria mediada por el huésped, que contribuye a la formación, maduración y exacerbación del ateroma. A esto hay que sumarle el agravante de los efectos adversos comunes en la cavidad oral de varios medicamentos utilizados para el tratamiento de la ASCVD. Las declaraciones de consenso internacional reconocen la relevancia de dicha asociación, y recomiendan enfoques preventivos de salud oral para ser adoptados en entornos de atención cardíaca. El tratamiento de las alteraciones en las encías puede reducir el riesgo de enfermedad cardíaca y mejorar los resultados de salud para los pacientes con enfermedad periodontal y problemas cardíacos vasculares (37). Del mismo modo, la periodontitis y la diabetes (38) establecen una vía bidireccional, y cada una, si no se trata, podría promover o exacerbar las complicaciones mutuas. Por ejemplo, la periodontitis podría aumentar el riesgo de muchas complicaciones de la diabetes como retinopatía, nefropatía, ulceración neuropática del pie, etc. Por lo tanto, en combinación con el control de la dieta, el ejercicio físico y el hábito de fumar, el examen y prevención de las intervenciones periodontales (39) debe, de hecho, incorporarse como parte integral de cualquier programa de salud, formando parte del examen clínico general de los pacientes con diabetes. Si se diagnostica, la enfermedad periodontal debe tratarse de manera adecuada para evitar o exacerbar las complicaciones de la diabetes, además de mejorar el control glucémico en estos individuos.

Volviendo a la dieta, hace cincuenta años los problemas dietéticos relacionados con la caries dental ya estaban relacionados en gran medida con los azúcares dietéticos, con una evidencia de grado A (escala GRADE). Si bien, los azúcares libres como mono- y disacáridos añadidos a los alimentos y bebidas por el fabricante, el cocinero o el consumidor, y los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los concentrados de jugos de frutas, son, sin duda, los factores dietéticos más importantes en la etiología de la caries dental (40, 41, 42, 43), la dieta actual contiene una gama cada vez mayor de carbohidratos fermentables, incluidos alimentos altamente procesados que contienen almidón y alimentos que contienen carbohidratos sintéticos novedosos como los polímeros de oligofructosa, sucralosa y glucosa (44), etc., que, a la par, podría ser caldo de cultivo para un crecimiento descontrolado de microorganismos orales patógenos (45). Pero tampoco se salvan los productos no azucarados, ya que algunos lactobacilos son tolerantes al fluoruro y son capaces de producir ácido a partir de xyiltol y otros sustitutos de la sacarosa (46). De hecho, la caries parece desarrollarse como resultado de un desequilibrio ecológico en el microbioma oral (47). Su aparición está determinada por la coexistencia de tres factores principales: microorganismos acidogénicos y acidófilos, carbohidratos derivados de la dieta y factores del huésped. Así mismo, resulta crítico, primero, comprender los roles de la variedad de variables que contribuyen a la determinación de la salud oral, tales como aspectos culturales y sociales, biológicos, ambientales, socioeconómicos y de comportamiento, pudiendo concretar las intervenciones conductuales que ayuden a modificar las malas conductas dietéticas habituales para prevenir la caries dental, ya desde edades infantiles (48). Del mismo modo, dicha educación para la salud debe competir con las técnicas de comercialización de los fabricantes de alimentos para reducir significativamente la caries dental en la población en general y en distintas etapas o circunstancias de la vida (49, 50). Existe una relación bidireccional entre la dieta y la salud oral (51): una dieta equilibrada se correlaciona con un buen estado de la salud oral (tejido periodontal, elementos dentales, calidad y cantidad de saliva, etc.), y viceversa, una ingesta nutricional incorrecta se relaciona con un estado de enfermedad oral. Varios tipos de deficiencias nutricionales pueden producir enfermedades de la mucosa oral (52). Para establecer una deficiencia de hierro, folato o vitamina B12, se debe realizar un examen hematológico que incluya hemograma completo, glóbulos rojos, hierro sérico, B12 y niveles de folato. Aunque rara vez se requieren, existen pruebas específicas para la sospecha de deficiencia de niacina, piridoxina y riboflavina. La prevención de la caries a través de una dieta saludable implica la reducción en la frecuencia y la cantidad de ingesta de alimentos cariogénicos, sobre todo de carbohidratos refinados, es decir, azúcares y dulces. Los alimentos que se sabe tienen efectos profilácticos de caries deben predominar en los planes de dieta saludable. Incluyen principalmente alimentos sólidos, que tienen efectos mecánicos en la limpieza dental, así como alimentos que aportan cantidades suficientes de vitaminas (A, C, D) y una variedad de elementos y compuestos (calcio, fosfatos, fluoruros) que favorecen la conservación y remineralización de las estructuras dentales. Y es más, los microorganismos cariogénicos ya mencionados, producen ácidos láctico, fórmico, acético y propiónico, que son un producto del metabolismo de los carbohidratos. Su presencia provoca una disminución en el nivel de pH por debajo de 5.5, lo que resulta en la desmineralización de los cristales de hidroxiapatita de esmalte y la degradación proteolítica de la estructura de los tejidos dentales. Streptococcus mutans, otros estreptococos del llamado grupo de estreptococos no mutans, Actinomyces y Lactobacillus desempeñan un papel clave en este proceso. La biopelícula dental es una estructura metabólica dinámica, constantemente activa. Se producen procesos alternativos de disminución y aumento del pH de la biopelícula, que son seguidos por los respectivos procesos de desmineralización y remineralización de la superficie del diente, a lo que contribuye un alto contenido de saliva. De manera contraria, la presencia de altos recuentos de bacterias y un bajo contenido de saliva suele predecir la caries dental. En condiciones saludables, estos procesos están en equilibrio y no se producen daños permanentes en la superficie del esmalte dental (47).

Por último, en un reciente estudio de Ian Needleman y colaboradores (53), dan una series de pautas para mantener una buena salud buco-dental en deportistas, pero pueden ser perfectamente extrapolares a toda la población. A saber:

  • Restringir o evitar la ingesta de bebidas y suplementos que contengan azúcares. 
  • Cepillarse los dietes adecuadamente. 
  • Mantener revisiones periódicas. 
  • Etc. 
Así mismo, tanto para la salud oral como para la salud en general, la OMS (WHO, por sus siglas en inglés), mediante una revisión sistemática de la evidencia relacionada con la cantidad de azúcares y el riesgo de caries dental, ha emitido pautas que recomiendan que la ingesta de azúcares libres, tanto en niños como en adultos, no debe exceder el 10% de la ingesta total de energía, sugiriendo reducciones adicionales a <5% de la energía para proteger la salud dental durante toda la vida (41, 42).

Aunque parezca mentira, muchas personas pueden no ser conscientes de los efectos de la dieta y el estado nutricional en el desarrollo y mantenimiento de una boca sana, con lo que la colaboración (54) entre los profesionales de la dietética y los profesionales de la salud bucal es esencial para identificar, educar y tratar los problemas de salud bucal relacionados con la nutrición. Tales asociaciones fomentarán mejores niveles de atención de la salud oral. Es de vital importancia realizar una evaluación nutricional básica para evaluar los hábitos alimentarios de cada individuo, en busca de posibles factores de riesgo para la caries dental y la enfermedad periodontal, y buscar posibles signos de deficiencias nutricionales o problemas relacionados con la nutrición en pacientes con enfermedades o afecciones crónicas.

Ahora sí, pon sabor a la vida!
______

Referencias bibliográficas:

(1) FENNEMA: “Química de los Alimentos”. Owen R. Fennema and Steven R. Tannenbaum. Acribia Editorial, 1992, ISBN 84-200-0733-1. https://sceqa.files.wordpress.com/2014/05/quc3admica-de-los-alimentos-fennema.pdf

(2) Stanhope KL, et al. Curr Opin Lipidol 2013;24:198–206. Adverse metabolic effects of dietary fructose: results from the recent epidemiological, clinical, and mechanistic studies. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23594708?dopt=Abstract

(3) Stanhope KL. Crit Rev Clin Lab Sci. 2016;53(1):52-67. Sugar consumption, metabolic disease and obesity: The state of the controversy. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.3109/10408363.2015.1084990

(4) I. A. MacdonaldEur J Nutr. 2016; 55(Suppl 2): 17–23. A review of recent evidence relating to sugars, insulin resistance and diabetes. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5174139/

(5) Vasanti S. Malik, et al. Diabetes Care. 2010 Nov; 33(11): 2477–2483. Sugar-Sweetened Beverages and Risk of Metabolic Syndrome and Type 2 Diabetes: A meta-analysis. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2963518/

(6) Pazos P, Leira Y, Domínguez C, Pías-Peleteiro JM, Blanco J, Aldrey JM. Asociación entre enfermedad periodontal y demencia. Revisión de la bibliografía. Neurología. 2018;33:602–613. http://cort.as/-I-XX

(7) Moreira PI. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2013. High-sugar diets, type 2 diabetes and Alzheimer's disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23657152

(8) Paula Moynihan. Adv Nutr. 2016 Jan; 7(1): 149–156. Sugars and Dental Caries: Evidence for Setting a Recommended Threshold for Intake. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4717883/

(9) Ndegwa N, et al. Int J Cancer. 2018. Association between poor oral health and gastric cancer: A prospective cohort study. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1002/ijc.31614

(10) Matthew R Boylan, et al. A Prospective Study of Periodontal Disease and Risk of Gastric and Duodenal Ulcer in Male Health Professionals. Clin Transl Gastroenterol. 2014;5:e49. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3940834/

(11) Salazar CR, Sun J, Li Y, Francois F, Corby P, Perez-Perez G. et al. Association between selected oral pathogens and gastric precancerous lesions. PLoS One. 2013;8:e51604. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3538744/

(12) Leili Zahedi, et al. Middle East J Dig Dis. 2017 Jan; 9(1): 33–38. The Association between Oral Hygiene and Gastric Pathology in Patients with Dyspepsia: a Cross-Sectional Study in Southeast Iran. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5308132/

(13) Alejandra Berroteran. et al. Detection of Helicobacter pylori DNA in the oral cavity and gastroduodenal system of a Venezuelan population. J Med Microbiol. 2002;51:764–70. https://jmm.microbiologyresearch.org/content/journal/jmm/10.1099/0022-1317-51-9-764

(14) Pradeep S Anand, et al. World J Gastroenterol. 2014 May 21; 20(19): 5639–5653. Role of dental plaque, saliva and periodontal disease in Helicobacter pylori infection. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4024772/

(15) Sambashivaiah S, Bilichodmath S, Nanjaiah N, Kulal R. Microbiol Res. 2011;2(12). Helicobacter Pylori in periodontal pockets of chronic periodontitis patients with and without type II diabetes mellitus: a randomized controlled trial. https://www.pagepress.org/journals/index.php/mr/article/view/mr.2011.e12

(16) Kah Yan How, et al. Front. Microbiol., 2016. Porphyromonas gingivalis: An Overview of Periodontopathic Pathogen below the Gum Line. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fmicb.2016.00053/full

(17) Bin Zhu, et al. FUTURE MICROBIOLOGYVOL, 2018. Streptococcus sanguinis biofilm formation & interaction with oral pathogens. https://www.futuremedicine.com/doi/full/10.2217/fmb-2018-0043

(18) Shailesh Gondivkar, et al. Disease-a-Month, 2018. Nutrition and oral health. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0011502918301287?via%3Dihub

(19) Cristina Palacios, et al. Oral Dis. 2009 Sep;15(6):369-81. Nutrition and health: guidelines for dental practitioners. https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1601-0825.2009.01571.x

(20) Moynihan P, Petersen PE. Public Health Nutr. 2004 Feb;7(1A):201-26. Diet, nutrition and the prevention of dental diseases. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14972061

(21) Kempaiah Siddaiah Madhusudhan and Pallavi MR Madhusudhan. International Journal of Scientific Research, 2019. Malnutrition -a risk for oral healt. https://www.researchgate.net/publication/332258655_Malnutrition_-A_risk_for_oral_health

(22) Ritchie CS, et al. Crit Rev Oral Biol Med. 2002;13(3):291-300. Nutrition as a mediator in the relation between oral and systemic disease: associations between specific measures of adult oral health and nutrition outcomes. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12090466

(23) Huppertz VAL et al. J Am Med Dir Assoc. 2017 Nov 1;18(11):948-954. Association Between Malnutrition and Oral Health in Dutch Nursing Home Residents: Results of the LPZ Study. https://www.jamda.com/article/S1525-8610(17)30301-8/fulltext

(24) Pla GW. Prim Care. 1994 Mar;21(1):121-33. Oral health and nutrition. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8197250

(25) Christian R. Salazar, et al. Association between oral health and gastric precancerous lesions. Carcinogenesis. 2011;33:399–403. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3384024/

(26) Elizabeth Fontham, et al. JNCI: Journal of the National Cancer Institute, 1986. Diet and Chronic Atrophic Gastritis: A Case-Control Study. https://academic.oup.com/jnci/article-abstract/76/4/621/992478?redirectedFrom=fulltext

(27) Timothy J. Cunningham, et al. J Periodontol. 2016 Apr; 87(4): 385–394. Cigarette Smoking, Tooth Loss, and Chronic Obstructive Pulmonary Disease: Findings From the Behavioral Risk Factor Surveillance System. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5206752/

(28) Feifei Qiu, et al. Oncotarget. 2017 Jan 3; 8(1): 268–284. Impacts of cigarette smoking on immune responsiveness: Up and down or upside down? https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5352117/

(29) Jing Wu, et al. ISME J. 2016 Oct; 10(10): 2435–2446. Cigarette smoking and the oral microbiome in a large study of American adults. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5030690/

(30) Mary Rodríguez-Rabassa, et al. Int J Environ Res Public Health. 2018 Nov; 15(11): 2479. Cigarette Smoking Modulation of Saliva Microbial Composition and Cytokine Levels. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6266915/

(31) Toni Similä, et al. BMC Public Health. 2016; 16(1): 867. Long-term effects of smoking on tooth loss after cessation among middle-aged Finnish adults: the Northern Finland Birth Cohort 1966 Study. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4997696/

(32) Julia Csikar, et al. PLoS One. 2016; 11(2): e0148700. The Self-Reported Oral Health Status and Dental Attendance of Smokers and Non-Smokers in England. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4749304/

(33) Carolina P Ramôa, et al. J Periodontal Res. 2017 Oct; 52(5): 813–823. Increasing Popularity of Waterpipe Tobacco Smoking and Electronic Cigarette Use: Implications for Oral Health Care. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5585021/

(34) Paula Sanchez, et al. BMC Oral Health. 2019; 19: 12. The oral health status, behaviours and knowledge of patients with cardiovascular disease in Sydney Australia: a cross-sectional survey. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6329166/

(35) Jirina Bartova, et al. Journal of Immunology Research, 2014. Periodontitis as a Risk Factor of Atherosclerosis. Review Article. https://www.hindawi.com/journals/jir/2014/636893/

(36) Ioana Mozos and Dana Stoian. IntechOpen, 2019. Oral Health and Cardiovascular Disorders. https://www.intechopen.com/online-first/oral-health-and-cardiovascular-disorders.

(37) Divya Shetty, et al. Clin Pract. 2012 Oct 12; 2(4): e86. Oral hygiene status of individuals with cardiovascular diseases and associated risk factors. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3981199/

(38) Priscilla Naiff, et al. Int J Dent. 2018. Importance of Mechanical Periodontal Therapy in Patients with Diabetes Type 2 and Periodontitis. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6176290/

(39) Daniela Liccardo, et al. Int J Mol Sci. 2019. Periodontal Disease: A Risk Factor for Diabetes and Cardiovascular Disease. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6470716/

(40) Ronnie Levine, Catherine Stillman-Lowe. Diet and Oral Health. In book: The Scientific Basis of Oral Health Education, 2019. https://www.springer.com/la/book/9783319982069

(41) WHO. Sugars intake for adults and children. Geneva: WHO; 2015. http://cort.as/-Hejn

(42) P.J. Moynihan, and S.A.M. Kelly. J Dent Res 2014;93:8–18. Effect on Caries of Restricting Sugars Intake: Systematic Review to Inform WHO Guidelines. 
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3872848/

(43) Kidd EAM, Fejerskov O. Dental Caries—the Disease and Its Clinical Management. John Wiley & Sons; 2008 (2003). http://cort.as/-HeaA

(44) Prahlad Gupta, et al. ISRN Dent. 2013. Role of Sugar and Sugar Substitutes in Dental Caries: A Review. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3893787/#B2

(45) Jørn A. Aas, et al. J Clin Microbiol. 2008 Apr; 46(4): 1407–1417. Bacteria of Dental Caries in Primary and Permanent Teeth in Children and Young Adults. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2292933/

(46) P.W. Caufield, et al. J Dent Res. 2015 Sep; 94(9 Suppl): 110S–118S. Oral Lactobacilli and Dental Caries: A Model for Niche Adaptation in Humans. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4547204/

(47) Struzycka I. Pol J Microbiol. 2014;63(2):127-35. The oral microbiome in dental caries. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25115106

(48) J. Albino and T. Tiwari. J Dent Res. 2016 Jan; 95(1): 35–42. Preventing Childhood Caries. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4700662/

(49) Bryant S, et al. Int J Sports Med. 2011. Elite athletes and oral health. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21590645

(50) Jevtić M, et al. Med Pregl. 2015 Nov-Dec;68(11-12):387-93. THE ROLE OF NUTRITION IN CARIES PREVENTION AND MAINTENANCE OF ORAL HEALTH DURING PREGNANCY. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26939305

(51) G. A. Scardina and P. Messina. J Biomed Biotechnol. 2012. Good Oral Health and Diet. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3272860/

(52) Thomas DM, and Mirowski GW. Clin Dermatol. 2010. Nutrition and oral mucosal diseases. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0738081X10000490?via%3Dihub

(53) Ian Needleman, et al. Br J Sports Med. 2017. Nutrition and oral health in sport: time for action. https://bjsm.bmj.com/content/52/23/1483

(54) Hornick B. J Dent Hyg. 2002 Winter;76(1):67-78; quiz 79-81. Diet and nutrition implications for oral health. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/11935934

sábado, 4 de mayo de 2019

No hay alternativas: el entrenamiento es la única opción...

Persona de unos 30 años de edad, trabaja de marinero, se embarca cuatro meses y descansa un mes: condiciones extremas, trabajo duro, posturas difíciles, asimétricas y mantenidas durante mucho tiempo. Sin apenas experiencia previa con el ejercicio, en la actualidad refiere dorsalgia invalidante, pero con una historia médica de dorsalgias recurrentes, y lumbalgias con irradiación, radiculopatía al MID, malas digestiones, etc. Me llama el martes y de inmediatamente lo derivo a fisioterapia; vemos cuadro médico, con diagnóstico y pruebas de imagen, con inequívocas alteraciones mecánicas: pequeñas protusiones focales posterocentrales D6-D7 y D7-D8 que obliteran el espacio epidural anterior y deforman mínimamente el saco tecal, pero sin condicionar estenosis significativa del canal lumbar de cabeza dorsal y de los forámenes de conjunción. Además, a nivel D8-D9 existe una disminución difusa de la señal del disco intersomático en relación con deshidratación. También presenta discopatía degenerativa de similar magnitud en segmentos L5-S1, apreciando una incipiente espondilosis en dicho segmento, pero sin alteraciones en cono medular y cola de caballo. En segmentos cervicales, se vislumbran incipientes osteofitos anteriores en C5-C6 y C6-C7, estando conservados los espacios intersomáticos, y sin otras alteraciones.
Está bajo tratamiento médico, cuya medicación no es de mi incumbencia y omitiré nombrar. Así mismo, una vez a la semana va junto una terapeuta que le practica acupuntura, “experto” en medicina tradicional china, quien le sugiere un mal funcionamiento del intestino grueso, con posible reflejo visceral que explicaría las dorsalgias, según él. Solicita pruebas médicas y le realizan TC (tomografía computarizada) de Abdomen y Pelvis, con estudio por contraste oral neutro (sorbitol) y CIV (contraste yodado intravenoso), sin sospechas de patología inflamatoria intestinal, ni alteraciones a destacar, y normalidad en hígado, vesícula biliar, glándula pancreática, bazo, glándulas suprarrenales, riñones y vejiga; y sin alteraciones patológicas significativas.

Quisiera desviarme un momento de lo central de esta exposición, porque, en mi opinión, y me voy a meter en terreno fangoso, la medicina tradicional china no es una alternativa, como tampoco la considerada alópatica se le puede adjetivar lo convencional, pues medicina solo hay una: la que funciona. Y si por arte infusa se le dice a una persona que le funciona mal el intestino, o la vesícula, o el páncreas, y al realizar las pertinentes pruebas, dando negativo, y con las analíticas biométricas dentro de valores normales, aún admitiendo todas las limitaciones que se puedan designar al tratarse de una fotocopia en tiempo y forma determinados, se refuta dicha elucubración, pues de qué estamos hablando? Pues estamos hablando de que menos Zhongyi y más Farreras-Rozman, menos Huangdi Neijing y más Harrison, menos Wuxing y más Guyton y Hall, menos Shanghan Lun y más McArdle-Katch, menos osteopatía y más Kendall, y más Netter y más Sobotta…
Si la “ciencia moderna” aún no puede hacer según que cosas, ni que decir la china, con sus creencias, supersticiones y desavenencias. Y China, precisamente, no es un buen ejemplo de casi nada. Solo hay que irse a los datos de salud pública. Y nos vienen a dar cursos de medicina, de manipulaciones osteopáticas, de masajes, cuando ninguna ha demostrado ni demuestra eficacia para ciertas dolencias. Y sí el ejercicio físico, una buena dieta, saber gestionar el estrés, y dormir cuando hay que dormir. Pero somos seres supersticiosos: aún seguimos poniendo cebollas debajo de la cama y llevando crucifijos. No se puede negar lo milenario de ello, y como filosofía que se ha desarrollado a lo largo de los siglos está bien. Tampoco es que sea un experto en ello, más bien todo lo contrario, pero al documentarme un mínimo, y desde una perspectiva imparcial y viendo lo que venden los que vienen, pues yo no lo compro. También mis propios sesgos me pueden estar jugando una mala —o buena— pasada, pero lo que veo son muchos gritos que poco dicen. Y dios me coja confesado, que el primer ignorante soy soy, pero me llama poderosamente la atención como se puede aseverar con tanta frescura, manifiestando una contundencia sin parangón al hablar de ciertos temas que creen conocer, y lo peor de todo, transmitírselo a los demás y ganar dinero con ello. Hay quienes piensan que saben, pero no saben lo que hay que saber, y lo que hay que saber ni saben que hay que saberlo Aún pudiendo haber leído mucho, o no han leído lo que hay que leer, o no han analizado lo leído, o han interpretado lo que les ha dado la gana de lo que han leído. Un exceso de información —y de mal conocimiento—, suele conducir a lo agnotológico. Hay que practicar más ciencia y menos videncia! Tengamos la humildad de reconocer nuestra equivocación y el acierto del otro, cuando proceda. Tengamos la valentía de preguntar al profesional que competa. Hagamos un ejercicio de autocrítica, de introspección constante y de inteligencia reflexiva, falsemos nuestras creencias para encontrar el buen camino, aunque pensemos que ya estamos en él…

Volviendo a lo importante, esta persona estuvo con trauma y rehabilitación, apreciando ciertas mejoras en la intensidad del dolor, también ayudado por la medicación, supongo. Pero ya desesperado ante la situación presentada y que dentro de unas semanas tiene que volver a embarcar, hoy nos citamos en persona, en el gimnasio, y previa valoración, nos ponemos a trabajar —no hay tiempo que perder—, movimientos analíticos, control motor, respiración, relajación, estiramiento; buscamos disociación, y “activar” musculatura “inhibida”; pelvitrocantéreos como piedras, glúteo mayor inexistente, erectores espinales y paravertebrales con exceso de tono; postura funcionalmente alterada, antiálgica, con inclinación posterior —extensión—; estiramiento de romboidales doloroso, estiramiento de raquis dorsal en distintos planos, doloroso, dolor en giros de tronco tanto en bipedestación pero más en decúbito supino, y dolor en la rotación de cadera derecha. La rigidez es evidente!

Después de unos 40’ de ejercicios en base a lo antes mencionado, donde sigo una secuencia de respiración-relajación-estiramiento-contracción-respiración-relajación-estiramiento, con premisas posturales claras, las sensaciones son muchísimo mejores con respecto a cuando entró por la puerta, y solo en una sesión. Imaginaros hacer esto dos o tres veces al día, en días consecutivos, dentro de un programa de ejercicio multicomponente, buscando la dosis óptima de intensidad, volumen, densidad, frecuencia, etc., con una progresión pertinente, durante un tiempo determinado. Considero que está muy claro lo que hay que hacer, no?

Entrenamos para la vida!