domingo, 22 de octubre de 2017

Rendimiento puro y duro, pero con salud. Cómo sino?

Hace cuestión de un año, un buen amigo me pidió si podía ayudarle con la preparación para hacer triatlones. Nos sentamos a hablar, y escuché con detalle todas sus inquietudes, objetivos, horarios, etc., para hacernos una idea de cómo le podía ayudar y si lo que él pretendía era viable o no.

Yo ya conocía, a groso modo, como estaba su condición física, aunque no conocíamos parámetros de pruebas de esfuerzo, ni siquiera test básicos y controles médicos, con lo que ese fue el primer paso a dar.

Así, me facilitó parte de la información requerida, como sigue:

- En lo que respecta al reconocimiento médico, en el apartado biométrico (hematología, bioquímica y urianálisis), con unos resultados dentro de los límites de normalidad, según criterio facultativo.

- La antropometría se la realizaron mediante el método de impedancia bioeléctrica (BIA de Tanita), a fecha febrero de 2015, para determinar la composición corporal:

  • Edad……29 años 
  • Altura……184 cm 
  • Peso……92,4 kg 
  • IMC……27,3 
  • Masa Grasa Corporal……17,3 kg (18,7%) 
  • Masa Libre de Grasa……75,1 kg 
  • MME (Masa Muscular Esquelética)……75,8 kg 
  • Líquidos corporales……61,9 kg (66,99%) 
  • Metabolismo Basal……2328 Kcal 
  • Brazo……37 cm 
  • Cintura……100 cm 
  • Cadera……103 cm 
  • Muslo……60 cm 

Él había sido opositor hace ya algunos años, con un resultado positivo al haber entrado en el CNP. Desde entonces, y hasta hace un par de años, se había dedicado en exclusiva al trabajo de musculación —con muy buenos resultados, por cierto—, junto con la práctica de ciertos deportes de manera esporádica. Pero en el último bienio sus inquietudes iban más allá, le entró el gusanillo de usar su cuerpo de otra manera, de transformar la energía en desplazarse corriendo, en zancadas, frecuencia; en traccionar y arrastrar agua, en batido de piernas, rolido, recobro; en generar vatios pedaleando, en cadencias, desarrollos..., sentía la necesidad de competir.

Cabe decir que él ya llevaba un año rodado, perteneciendo a un club de triatlón, y realizando los entrenamientos bajo la programación de los técnicos del mismo, así como el trabajo en gimnasio y la dieta bajo el asesoramiento de los monitores de otro gimnasio al que iba en su localidad de residencia.

Su progresión fue descomunal, explicable, por otro lado, de no haber entrenado nunca la natación, de no haber montado en bici de manera sistemática, y de haber reducido casi diez kilogramos de peso corporal en un año, con lo que las mejoras de cara al triatlón eran de esperar —el lastre de desplazar diez kilos, aunque fuesen de músculo, en pruebas como las del triatlón, son determinantes, lógicamente—. Mencionando, además, la predisposición genética que denota para casi cualquier deporte —algo muy a tener en cuenta y que nadie debiera pasar por alto—.

No me voy a adentrar en explicar los métodos de entrenamiento que estaban usando en la preparación de las tres pruebas de triatlón, en su modalidad “sprint” —aunque lo haré con buen gusto si alguien me lo solicita—, pero sí reseñar que hubiese sido mucho más efectivo, aunque desconozco si viable, por parte de los técnicos del club, haber individualizado mucho más la programación. No obstante, entiendo las dificultades que se presentan al organizar a un número determinado de atletas, para los que habría que disponer de varios técnicos que pudieran satisfacer sus necesidades de cara a la planificación, pues no todos los deportistas tienen el mismo nivel, ni las mismas cualidades, ni los mismos horarios y objetivos.

Esto me lleva a observar que hay una fuerte demanda de entrenadores de triatlón. Un deporte en alza, que en los últimos años, especialmente aquí en España —y concretamente en Galicia—, gracias a los triunfos tan mediáticos de nuestros atletas oriundos, ha ido asentando las bases para su actual explosión.

Sin embargo, esto también ha hecho que surjan “entrenadores” de debajo de las piedras. Personas sin una formación suficiente, que en la mayoría de los casos, por ostentar cierta experiencia compitiendo a nivel popular o aficionado, ya piensan que pueden dar prescripciones a terceras personas. Y lo que es peor, desconocen los principios fisiológicos del entrenamiento, presumiendo, para más inri, de saber de todo: de trabajo en gimnasio, de carrera, de natación, de bici, de alimentación, de suplementación, etc. Y no, salvo excepciones, estamos en pañales y bastante lejos de saber planificar. Podemos acercarnos a cumplir una serie de objetivos, pero casi siempre por sensaciones y a ojo de buen cubero. En palabras del profesor Juan Ramón Heredia —alguien a quien sigo y admiro profesionalmente—, “hacer sudar a alguien es bastante sencillo, lo puede hacer cualquiera, pero saber qué y para qué se hace resulta en un constante esfuerzo por saber qué se está haciendo”.

Volviendo al atleta, en algún momento le asesoraron y se dejó llevar, haciendo programas en el gimnasio que no se correspondían con la demanda del deporte en cuestión, siendo, en la mayoría de los casos, incompatibles, pero aún así notando mejoras, especialmente por lo mencionado en los párrafos anteriores. Sin ánimo de acritud, resulta curioso como alguien que ha aprendido tanto en casi diez años entrenando para distintas pruebas físicas, que ha superado oposiciones, que ha seguido los programas de su anterior entrenador al dedillo, que ha conseguido tan buenos resultados, de repente parece olvidársele todo y se ve haciendo cosas inverosímiles, más aún para las características del deporte en cuestión, dejándose asesorar por alguien que evidencia un alto grado de desconocimiento de lo que está haciendo y de lo que se debe hacer —un ejemplo de que, pese a todo, un campeón lo será—.

En la “imagen 1” se muestra un claro ejemplo de agnotología profesional, o no, cada uno que saque sus propias conclusiones.





Como colofón, al analizar estos protocolos ad libitum —no parece otra cosa—, le pregunté de manera directa: y la pierna? Respuesta: “desde que empecé con triatlón, me quitó los ejercicios de pierna”… Sin comentarios... Solo decir, que es un error sacar trabajo de piernas; que es un error tanto volumen de trabajo, con ese rango de repeticiones y con los tipos de ejercicios prescritos; que no figura ningún tipo de mesociclo pre-competitivo, todo es lineal, y que este chico estaba pagando por ello, y quién lo hizo, cobrando. Pero vuelvo a insistir: pese a todo, mejoraba en las transiciones, en los ritmos de carrera, en los tramos de bici, etc., para reflexionar…

—Un año después, al volver hacer un informe de la composición corporal, ya pesaba 82 kg (antes 92,4 kg), y con un 8,54% (antes 18,7%) de grasa corporal estimada—.

Bueno, con todo, él se dio cuenta que necesitaba, y que podía, mejorar aún más. El siguiente paso fue hacer un estudio biomecánico de la pisada y de la posición en la bici, para ello asistió a un centro donde tenían la aparatología pertinente. En el tema de natación, se apuntó a un curso de perfeccionamiento, así como, constantemente, uno de los técnicos del club le hacía las correcciones necesarias, con ejercicios de técnica, pero, yo me hago la siguiente pregunta: qué no es técnica? Cada cual que se responda según su criterio…

Seguidamente, y ya bajo mi supervisión —no sé si buena o mala, lo digo sinceramente—, lo primero que hicimos fue una valoración antropométrica mediante el protocolo de perfil restringido de la ISAK, el cual adjunto en la “imagen 3”, con los correspondientes resultados.




En lo tocante a la alimentación, y también, ya bajo mi criterio, esta no era la más idónea. Había algunos alimentos procesados de pobre calidad, y la distribución era mejorable. En este apartado, apuntar que, a priori, le sientan mal los lácteos, y que durante las tiradas largas en bici tomaba un preparado isotónico, y que no recurría a ningún tipo de suplementos. Si bien bajó esos 10 kg mencionados en este año, quizás producto de una restricción calórica, sumada a un aumento considerable del gasto energético, y una pérdida de masa muscular esquelética, por haber pasado de entrenamientos, casi en exclusiva en el gimnasio, de musculación —con todo lo que ello implica—, a correr, nadar, montar en bici, etc. Aunque, en referencia a los programas del gimnasio de cara al triatlón, anteriormente citados, pudieran parecer que tenían una orientación estructural, sobre el papel, en realidad la intensidad no estaba controlada, estando bastante alejada, además, de los objetivos de hipertrofia, aunque dudo que se fuese consciente de este hecho, viendo como estaba organizado todo.

Por otro lado, hablamos de transferencia? Porque bien se pueden obtener conclusiones diametralmente opuestas, no? Ahí lo dejo…

Después de repetir la valoración antropométrica (imagen 4), procedimos a realizar una estrategia nutricional más exhaustiva y específica, siguiendo la literatura científica al respecto, haciendo especial hincapié en las dos semanas previas a una competición, y manteniendo un criterio general en los periodos más alejados a las pruebas, en este caso.




A la cuarta semana de ponerse en mis manos, y dejando estas primeras semanas de adaptación a los cambios introducidos, se sentía muy bien, con muy buenas sensaciones en el gimnasio, volviendo a trabajar las piernas con ejercicios dominantes de cadera, rodilla, introduciendo multisaltos básicos, y progresando en ejercicios de técnica de carrera —qué no es técnica?—. De hecho en la décima semana se marcó una muy buena competición en un triatlón. En lo tocante a la alimentación, también, bien, manteniéndose estable en el peso, entre 80-81 kg, y sintiéndose satisfecho al comer, sin quedarse con hambre y respondiendo bien en los entrenamientos.

Al completar unos dos meses, más o menos, se empezó a preocupar —casi obsesionar— por el peso, puesto que notaba ciertas oscilaciones al alta, considerándolo, por mi parte, como producto de un estancamiento (después de un año de bajada), lógico, en el peso total, y a razón, de los distintos días de entrenamiento y alimentación (alimento y líquido), así como los horarios de trabajo y los de sueño. Ya sabemos que nuestro organismo no suma 2+2=4.

Tenía sensación de estar algo más pesado al correr, de hecho hubo una merma en un par de competiciones. También empezó a tener bastante ansiedad entre comidas. Y en la natación no conseguía avanzar más.

Hicimos ciertas modificaciones en la estrategia nutricional y el programa de gimnasio, pero, sobretodo, insistí mucho en aumentar los descansos entre semana, pues solo estaba teniendo un día de descanso solo en las semanas de competición, previo a la misma, y podía estar entrando en una saturación tanto física como psicológica. De hecho, en la natación se sentía como bloqueado. Así como en los tramos de carrera a pie se marcaba los mejores tiempos parciales en su categoría, en casi todas las pruebas, ídem en la bici, en el agua salía muy por detrás, con lo que eso supone en pruebas tan cortas como un triatlón sprint.

Mi recomendación fue clara: empezar a seleccionar qué pruebas dedicarle mayor esfuerzo, puesto que no se puede, ni se debe, ir a tope en todas las competiciones, sobre todo al ser tan seguidas, es imposible.

En referencia a la natación, es necesario decir que, si esta no se trabaja desde edades más tempranas, difícil alcanzar un nivel notable, aunque, con entrenamiento, constancia, perseverancia, etc., sí se puede conseguir un nivel mínimo aceptable, como es el caso, pero no se conformaba.

Dicho todo esto, ya al encontrarnos en la recta final de la temporada de triatlones, nos marcamos un pequeño objetivo de reducir entre 1-2 kg de peso corporal, intentando no acusarlo en el rendimiento, viendo así como ello podría suponer un beneficio extra. Pero no hubo tiempo para mejorar nada más, ya que su trabajo no le permitía ir a más pruebas. Objetivos a partir de ahora? Descansar y desconectar de los entrenamientos, competiciones, dietas, etc.

Volvimos a quedar y realizamos otro control antropométrico (imagen 5). Luego nos sentamos a hablar para hacer un esbozo del planteamiento de cara a la siguiente temporada, llegando a conclusiones mutuas, donde veíamos la posibilidad de hacer algunos cambios: de club, de entrenador, de ambiente, de entorno… Se hacía necesario tomar decisiones para facilitar las cosas, tantos viajes, entrenadores en una provincia, entrenamientos en otra, gimnasio aquí, gimnasio allá… A distancia se hace complicado, sobre todo a partir de ahora, donde los objetivos ya son de cara a campeonatos nacionales, incluso europeos.




Un mes después del merecido descanso, le envié un mensaje preguntándole qué tal, a lo que me respondió muy positivamente. Pudo desconectar, descansar, comer diferente, estar más con la familia, viajar a otros países… Claramente, estaba saturado.


De cara al inicio de esta nueva temporada, estará el mantener el nivel alcanzado y, como no, seguir buscando las mejoras, pues aún tiene mucho potencial. Serán muy importantes los test que se realicen para marcas las zonas de entrenamiento en los distintos sectores del triatlón, y así tener un control de la evolución con el paso de los meses. Asimismo, una prueba de esfuerzo deportiva, donde poder hilar más fino, sería una inversión con muy buen retorno, pues da mucha información para los entrenamientos.




Ya para finalizar, es importante para mí, agradecer la confianza puesta en mi saber hacer por parte de un amigo, durante toda esta temporada 2016-2017. Ha alcanzado un nivel muy bueno para entrar en competiciones nacionales, y reúne casi todos los requisitos para, en su categoría, despuntar. Pero con el objetivo claro de hacer por hacer, disfrutándolo. Eso jamás se puede perder. Ahí está una de las claves. Ya sabes que tu trabajo es el mío, tus razones también.

El entrenamiento de fuerza, y el acondicionamiento físico, son la base para cumplir con garantías, y de manera eficiente, cualquier disciplina deportiva. Y, en palabras del profesor y preparador físico, Manuel Pombo, "el deporte de élite no da salud, la exige. No lo olvidemos". Sin salud no puede haber rendimiento.

Seguimos trabajando…



viernes, 25 de agosto de 2017

Racionalismo crítico: también en el gimnasio.

En un gimnasio cualquiera, como en otro posible lugar, a veces uno no puede evitar escuchar ciertas conversaciones que le causan, cuanto menos, reflexión. No voy a hacer alocución concreta de ninguna en este momento, pero sí mencionar algo que me parece de suma importancia: el racionalismo crítico.

Se puede decir que en los gimnasios —y en otros ámbitos—, hay varios tipos de personas, o varios tipos de mentalidades predominantes. Por un lado, los usuarios noveles de estas instalaciones deportivas, asisten con una serie de ideas preconcebidas que se han ido fundando en sus cabezas por varios sumandos: educación, entorno familiar, experiencia propia, amigos, prensa, televisión, redes sociales, etc. De estas personas, habrá un mínimo porcentaje que serán buscadores del conocimiento, del saber, y no conformes con ello, de la verdad epistemológica —que redundancia más absurda, como si ello fuese indivisible…—, y que en un futuro se dedicarán a ello en cuerpo y alma, haciendo de su profesión su vida, y viceversa, no conformándose con lo dogmático ni con lo aprendido, en un aprendizaje continuo.

Por contraparte, y aún pudiendo tratarse de los mismos individuos, evolucionarán en el devenir de los años, adquiriendo nuevos conocimientos, unos, y perpetuando los equivocados, otros. También se puede dar la simbiosis de ambos, de hecho suele ser así, que en una misma persona confluyan los dos sentidos. El logro estará en asumir las limitaciones de cada uno y aceptar al doxóforo que llevamos dentro, ejecutando la responsabilidad de salir de la caverna y cultivando la episteme.
En el segundo de los casos —usuarios con un tiempo determinado de desempeño deportivo, una experiencia en años—, me llama poderosamente la atención como, en un alto porcentaje, manifiestan una contundencia sin parangón al hablar de ciertos temas que creen conocer. Piensan que saben, pero no saben lo que hay que saber, y lo que hay que saber ni saben que hay que saberlo. Atestiguan una especie de herencia grutesca, promovida por el gurú de turno. Sin embargo, aún pudiendo haber leído mucho, o no han leído lo que hay que leer, o no han analizado lo leído, o han interpretado lo que les ha dado la gana de lo que han leído. Además de evidenciar que la única experiencia que ostentan es la suya propia, sin haber entrenado jamás a nadie, y donde realmente se aprende, señores, es en el trato con terceros de muy diversa índole. Es ahí donde está la riqueza experimentativa, la profesionalización nutritiva, el acúmulo de una experiencia densa y rica, el tránsito de lo posible a lo efectivo. Claro que la experiencia propia es importante —la auto observación permite conocerte a ti mismo, ergo a los demás—, pero lleva implícita la subjetividad, el sesgo personal, y no es hasta que uno se va acercando a la profundidad de un asunto reportado con terceros de una manera lo más objetiva posible, que pueda demostrar que sabe algo de alguna cosa; el resto es todo adorno, hablar por no estar callados…

Todo el mundo está en su derecho de pensar lo que les plazca, de hacer lo que quieran, faltaría más, pero no están en su derecho para hablar de lo que no saben, de lo que no han estudiado, de lo que no han contrastado convenientemente, o sí, pero otra cosa es que no deban hacerlo por cuestiones éticas y morales, y menos de cara a los demás. De no ser así, todo será mereología demagógica, asuntos de fe, conversaciones de taberna…
Espero que a nadie se le ocurra obviar esto último. Espero que nadie se crea que lo que está haciendo es lo mejor que se puede hacer, porque estará, entonces, muy alejado de ello. Tengamos la humildad de reconocer nuestra equivocación y el acierto del otro, cuando proceda. Tengamos la valentía de preguntar al profesional que competa. Hagamos un ejercicio de autocrítica, de introspección constante para encontrar el buen camino.

Personalmente, ante situaciones así, me pregunto el porqué de esta necesidad imperiosa que me brota de querer decirles algo, de demostrarles que están equivocados en lo que están hablando con tanta ligereza, de enseñarles otro camino, el que yo he andado, el que he comprobado —supongo que un psicoanalista podría darme respuestas más certeras, no lo sé—. Lo que sí sé es que ese impulso de enseñar existe dentro mía, pero más fuerte es el de aprender, y el primero no es una función vital, porque no tienen el fin en sí misma, la función vital es aprender.

Sal de tu costumbre, falsa tus creencias, cambia las preguntas, sométete a la inteligencia reflexiva.

No quiero parecer arrogante, porque no creo serlo. No quiero parecer intolerante, porque no creo serlo. No quiero parecer despreciativo, porque no creo serlo. Solo me considero alguien que ayudando a los demás se ayuda a sí mismo, un ignorante que lee, un tonto que piensa. Y todo esto que escribo —que mal escribo—, pudiera parecer místico, filosófico —ya me gustaría a mí—, pero no es más que un humilde uso del lenguaje para construir y explicar una realidad cotidiana de ciertas profesiones, de mi profesión.

Seguimos trabajando…



martes, 20 de junio de 2017

"La planificación no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes"

Desde hace unos meses, y durante tres, estuve trabajando con una persona, de unos setenta y pocos, con un cuadro complejo. Uno de esos casos que requiere de una atención más especial, si cabe.

Complejo y difícil a la vez —al final del texto explicaré lo de difícil—. Primeramente lo de complejo, puesto que lo podríamos agrupar tanto en “Readaptación Funcional en Adultos Mayores con Patologías del Raquis”, como en “Patologías de la Rodilla”, como así también hacer lo oportuno en “Metabólicas”, y alguna más, quizás, o ninguna, tal vez, que cada uno juzgue…

Esta persona presentaba ciertas limitaciones físicas, pero no asimiladas, es decir, se puso en contacto conmigo por recomendación de otra persona pero, sobre todo, porque ya estaba desesperado, no porque creyese que el ejercicio pautado por un profesional le fuese a ayudar, ni siquiera la actividad física, puesto que tenía dificultades para moverse, no lo relacionaba.

—Tengo la impresión de que algunas personas con problemas graves, lesiones, dolor crónico, etc., que acuden a un Entrenador Personal, lo hacen cuando ya han pasado por otros profesionales, sobre todo sanitarios, con resultados poco satisfactorios o nulos. Y esto tiene que cambiar por su bien, por el bien de la salud de la sociedad en general. También percibo como la figura del entrenador personal está pornografiada, y de ello tenemos buena culpa todos, medios de comunicación, redes sociales, personal sanitario como médicos, fisioterapeutas, etc., y, por supuesto, los propios técnicos como los que más, sin duda, especialmente los que no reúnen los requisitos mínimos, tanto de titulación como de capacitación y know how, flaco favor se hace a esta profesión. También las personas que se dejan asesorar por estos últimos —flaco favor le hacen a su salud—. Pero esto es una oportunidad de oro para hacer las cosas lo mejor posible, para informar y demostrar a la sociedad de que están ante una de las mejores profesiones que hay en el presente para mejorar su salud. También es justo hacerlo extensible a los Dietistas y Nutricionistas.

En mi experiencia personal, pues es de la que puedo hablar, está llegando el momento de poner un apellido a la denominación de Entrenador Personal. El adjetivo clave es “Readaptador”. Y ello me auto-exige (nos auto-exige) no solo un aprendizaje constante, sino una acreditación que vaya en consonancia. Es por ello que, sumando a toda la formación (mucha o poca) que pueda atesorar hasta la actualidad, en el presente curso hice la preinscripción para el grado de fisioterapia en la Universidad de Vigo, en el campus de Pontevedra. Aún no sé como lo haré, pero lo haré, porque quiero y tengo que hacerlo. Soy un defensor de que exista una regulación profesional en este ámbito, pero una regulación sólida, y para ello, debemos estar lo mejor formados y capacitados posible. Tenemos mucho trabajo por delante para hacer llegar nuestro saber hacer y la importancia que el ejercicio físico bien prescrito tiene en cada persona—. El ejercicio es medicina, pero no todo vale.

Volviendo a focalizarme en la persona entrenada, en la entrevista personal realizada en mi despacho del centro médico, y previa petición por mi parte, traía bajo el brazo algunos diagnósticos médicos, a saber:

  • Hernia discal posteromedial lumbar del segmento L2-3. Con estenosis significativa del canal.

  • Acuñamiento L2 por probable fractura remota.

  • Moderada estenosis del canal en L3-4 e importante en L4-5 por abombamiento difuso de los discos en el caso de L4-5 por la asociación con artrosis facetaria.

  • Hernia discal L5-S1, con cruralgia hacia el muslo de la pierna izquierda. Existiendo una protusión discoosteofitaria difusa, además de cierto grado de anterolistesis de S1 con respecto a los segmentos lumbares. Ocupación del receso lateral izquierdo en S1 y estenosis degenerativa severa de ambos forámenes L5-S1.

  • Operado, hace años, del menisco interno de la rodilla izquierda y con dolor sordo en la misma articulación en la actualidad.

  • Así como otras alteraciones y dispensación de medicamentos que no son de mi competencia, como plaquetas y leucocitos bajos, tensión nocturna, presión arterial alta al despertarse…, pero que tienen una importancia crítica en la respuesta aguda y adaptación crónica que la prescripción de ejercicio pretende. Por ejemplo: no alcanzo a comprender como a todo el mundo que pasa cierta edad se le prescribe terazosina para posibles síntomas de hipertrofia benigna de próstata. Tampoco se entiende como se recetan estatinas a diestro y siniestro, y en este caso a una persona con un colesterol total de 210 mg/dL, aunque con la tensión arterial ligeramente aumentada según estándar biométrico, pero, a priori, con otras opciones, concomitantes o no, igual de eficaces: ejercicio y alimentación.

Una vez superada la entrevista, ya al día siguiente volvimos a citarnos, pero esta vez en el gimnasio. Allí llevamos a cabo una valoración integral, tanto estática postural como dinámica. En la misma resultó lo siguiente:

  • En la exploración visual y goniométrica, se presentaba un giro de la cabeza hacia el lado izquierdo más limitado (con molestia contralateral). Acentuada actitud cifótica con anteriorización de los hombros, unido a un ROM limitado. Posible acortamiento de los rotadores externos pelvitrocantéreos, sobre todo lado izquierdo. Marcada hiperlordosis con ligero abombamiento o distensión abdominal con posible hipotonía muscular, unido a una posible acumulación de grasa subcutánea y visceral.

  • Respiración disfuncional, corta y hacia craneal. Test de la pica positivo, fallando en dos de los tres puntos, evidenciando escaso o nulo control dorso-lumbo-pélvico. Se aprecia, paralelamente, un acortamiento importante de la musculatura pectoral. Las piernas presentaban un notable valgo al realizar una triple flexión (sentadilla), con sobrepronación y colapso de la bóveda plantar (mayor en el pie izquierdo). Menos fuerza de empuje horizontal en brazo izquierdo, así como en tracción en el mismo plano. Debilidad en la pierna izquierda en extensión de rodilla. Acortamiento musculatura poplítea, isquiosurales (sit & reach test y EPR), mucho más acentuado en el miembro inferior izquierdo. Retracción de la musculatura cuádriceps (sobre todo recto femoral y sartorio) derivada de la cruralgia, también mayor en la misma extremidad. Nota que pisa más con la pierna derecha.

  • De igual manera refería inestabilidad en el hombro, con crepitaciones dolorosas en el lado derecho, y densificaciones plausibles. Además pudiera presentar una tendinopatía del supraespinoso. Posibles contracturas en las fibras superiores o porción descendente del músculo trapecio. Dificultad para iniciar movimientos por la mañana, al levantarse de la cama. Se nota anquilosado, sintiendo rigidez en la espalda lumbar, incluso dice dormir con una faja para que le de calor. Y dolor rodilla pierna derecha al agacharse, así como en extensión de rodilla entre los 80 y 120º de extensión (negativo entre los 120 y 180º de extensión completa). Así mismo refiere dolor agudo y constante en la pierna izquierda, máxime al caminar durante mucho tiempo o permanecer de pie por un largo periodo.

  • Contrariamente, presentaba una fuerza de prensión manual, medida con dinamómetro, muy superior a la media, aunque con una diferencia significativa entre extremidades: 57,5 kg en la mano derecha por 47,3 kg de la izquierda.

  • Hicimos una valoración antropométrica básica, midiendo peso corporal: 74 kg; estatura: 167 cm; y perímetro de cintura: 98 cm; que, a grandes rasgos, sería suficiente para los objetivos marcados.

En este último punto, y antes de meterme de lleno con la parte física entrenable, apuntar que su disposición por hacer cambios en la alimentación era inexistente, si bien transcurridos unos dos meses, volvimos a repetir la valoración antropométrica, con una disminución de 1/2 kg de peso en báscula y de 2 cm de cintura, pero poco relevante para mi cometido si no va a acompañado de una mejora nutricional.

Ahora sí, el entrenamiento cumpliría las premisas básicas en estos casos: trabajo muy analítico, con ejercicios de coordinación y control motor, realizados en posiciones de baja carga raquídea, fáciles y sin dolor. Énfasis en una correcta respiración, profunda y con predominancia horizontal, diafragmática. Insistencia en una adecuada disociación tanto lumbo-pélvica como dorso-lumbar, así como una normalización hacia una óptima lordosis fisiológica, o zona neutra, en cualquiera de las posiciones de carga. Trabajo de rotación externa, tanto del hombro como de la cadera. Reclutamiento musculatura abdominal, progresando en cantidad y dificultad.

Seguidamente, realizamos lo oportuno con el MMII: trabajo unilateral, compensatorio, con estiramientos de la musculatura retraída implicada, mediante inhibición recíproca de los antagonistas, contracción-relajación, PNF (Facilitación Neuromuscular Propioceptiva), etc. Estiramientos cuádriceps y nervio crural (femoral), músculos cadera, etc.

Después de este bloque introductorio, el trabajo iría orientado a un trabajo global de fuerza-resistencia: empujes horizontales, tracciones tanto verticales como horizontales, elevaciones, retracción escapular, rotación externa, abducción, etc. Insistimos en la higiene postural, en la consciencia misma.

En el bloque de trabajo cardiorrespiratorio, comenzamos con un volumen e intensidad bajos, entre 5-10’ a 10-12 de RPE (Percepción Subjetiva de Esfuerzo)—me hubiese gustado poder hacer un control más preciso pero carecía de pulsómetro con cinta propia—, prefiriendo bici estacionaria y elíptica, en un primer momento.

Comenzamos con dos días de frecuencia semanal y al mes aumentamos a tres. El objetivo final siempre sería progresar hacia sesiones de entrenamiento globales, unidades de entrenamiento lo más integrales posible con movimientos multiarticulares, aumentando el nivel de funcionalidad y mejorando la condición física general para las AVD (Actividades de la Vida Diaria).

Ya para concluir, y una vez expuesto el protocolo de trabajo básico, que hemos ido progresando con el pasar de las semanas y según su tolerancia, y sin querer explayarme más, explicaré lo que quise decir con “difícil” al principio del texto. Él no creía en lo que el ejercicio podría hacer. Él era incrédulo a lo que yo le manifestaba. Es cierto que trato de usar un vocabulario lo más correcto posible, y técnico, adaptado al interlocutor, a la persona que tengo delante —no puede ser de otra forma—, explicando los beneficios del ejercicio, pero también haciendo entender que estos se tienen que cocinar a fuego lento, con paciencia y perseverancia, y más en casos de lesiones crónicas. No es viable, ni real, querer llegar y besar el santo. Como así tampoco es real pretender hacer cualquier cosa y recuperarse de un proceso lesional. Asimismo, tampoco es lógico pensar que permanecer en una zona de confort, va a reportar beneficio alguno. Él solía repetirme que “no iba a por medalla”…, bueno, citando al Doctor Craig Liebenson, con el que, recientemente, tuve la oportunidad de compartir un seminario teórico-práctico de readaptación y ejercicio físico, “hay que buscar hacer lo más difícil que se pueda hacer de manera correcta”, y este concepto, tan coherente y lógico, por cierto, es aplicable a todo el mundo: sean personas mayores, crossfiteros, jugadores de fútbol, atletas de élite, am@s de casa, niños, personas lesionadas, operados, personas con obesidad, con diabetes, opositores…, todos. No se trata de “ir a por medalla” per se, se trata de hacer lo mejor que podamos hacer, de hacer todo lo que esté en nuestra mano hacer.

En estos tres meses, hemos podido ver y medir, una evolución y mejora paulatina, día a día, semana a semana, mes a mes: mejora en la fuerza segmental y general, equilibrio, resistencia muscular, tono; mejora de la flexibilidad, amplitud de movimiento articular, reducción del dolor, contractura, mejora en la postura, etc. Cada vez se sentía mejor. Así lo dejaba reflejado en el diario de entrenamiento como en el cuestionario de satisfacción que entrego a todo el mundo una vez transcurridas cierto número de sesiones de entrenamiento. Transcurrido este tiempo, y por primera vez desde que empezamos juntos, al preguntarle por la espalda al levantarse de la cama por la mañana temprano, me dice que no se acordó de ella, que se encuentra mejor. Llegado este momento, le propuse espaciar las sesiones, que hiciese algunas él solo, de manera autónoma, a lo que respondió que, de momento, estaba bien así.

Pero hubo dos acontecimientos que cambiaron el escenario: un viaje y una llamada de teléfono. El viaje quizás no fue relevante, pero la llamada tiene su miga: resulta que un gimnasio de esta ciudad, ha estado realizando llamadas aleatorias ofreciendo una serie de “ventajas” económicas a cambio de que se diesen de alta en sus instalaciones, pudiendo, incluso, beneficiarse todos los miembros de una misma familia. La condición era firmar un contrato de dos años de permanencia para poder optar a tan suculenta vianda. Por un módico precio podía disfrutar de piscina, sala de musculación, clases colectivas de todo tipo, spa, etc.

No me merece la pena en malgastar tiempo ni palabras en criticar este tipo de chanchullos, cada uno es responsable de sus actos, no de los demás, pero veo necesario, al menos, dejar constancia de este hecho —que cada cual saque sus propias conclusiones—.

En un cuadro clínico de este tipo, con una persona de cierta edad, con una cantidad de compensaciones, descompensaciones, movimientos de sustitución, etc., tres meses no dieron para mucho más, mínimo estaríamos hablando de seis meses, más o menos, dependiendo de la persona, para notar ciertas mejorías, yéndonos hasta los dos o tres años para adquirir una funcionalidad aceptable y un restablecimiento de la normalidad duradero. De ahí la importancia de cuidarse un mínimo a lo largo de toda la vida, para no tener que llegar a estos extremos.

Cuando ya había pasado un mes desde esto, y encontrándomelo por la calle, se me dio por preguntarle por su espalda, y qué tal en esas instalaciones, la respuesta: “no voy peor ni mejor, y por el gimnasio no voy casi nunca. Quizás en un futuro vuelva a llamarte”…

En fin, todos deberíamos reflexionar sobre ello, yo el primero…

P.S.: la ciencia nos está constantemente mostrando y demostrando lo que el ejercicio de fuerza, tipo resistido, hace en nuestro organismo, los beneficios derivados si la aplicamos ante lesiones, enfermedades, etc., yo solo puedo seguir aumentando mi conocimiento y experiencia para confirmárselo a quien lo requiera. O viceversa: los técnicos, especialistas en acondicionamiento físico, preparadores físicos, readaptadores, etc., estamos constantemente mostrando y demostrando lo que el ejercicio de fuerza hace en nuestro organismo, los beneficios derivados de su aplicación ante lesiones, enfermedades, etc., la ciencia solo puede seguir confirmando este hecho.

Seguimos trabajando…

lunes, 22 de mayo de 2017

Te duele la espalda? Puede que te interese leerlo…

Casos de Entrenamiento Personal (dolor de espalda: hernia lumbar):

El siguiente caso, con el que vengo trabajando en los últimos meses, podría considerarse un caso más de una persona con problemas de espalda, puesto que la fisiopatología presentada cursaba como “de libro”, con la “normalidad” que pudiera desarrollar cualquier persona con dolor de espalda. Pero sería injusto reafirmarme en esto, puesto que ninguno de los casos que voy tratando como entrenador personal, se pueden considerar como uno más. Cada persona es única, cada lesión tiene sus peculariedades, pues cohabitan numerosas variables interdependientes e inherentes al propio individuo.

Lo primero que hicimos en la entrevista inicial, al igual que en todas las entrevistas que llevo hasta ahora, fue hablar; hablar mucho, y yo, especialmente, escuchar —considero que el profesional es el que tiene que escuchar, digamos que, basándonos en la famosa ley de Pareto o regla del 80/20, pues eso, 80% escuchar, 20% hablar—. Cómo si no vamos a poder filtrar o adaptar lo que luego le digamos a la persona, y a tomar decisiones posteriores sino ejercemos una escucha activa y una observación del lenguaje no verbal? Cómo si no vamos a empatizar con la persona, con el ser que tenemos delante?

Y esto no es baladí. Se sabe, y es bien lógico que así sea, que lo que escuchamos, vemos y pensamos sobre una dolencia que nos esté afectando, tendrá una repercusión, positiva o negativa, en la misma. Dice el gran neurólogo Arturo Goicoetxea que “el dolor es un relato cerebral, una historia, una hipótesis, un temor… basado en hechos reales y/o en imaginaciones”. Y esa percepción del dolor dependerá, en gran medida de la información que nos llegue de nuestro entorno (profesionales sanitarios, familia, amigos, internet, televisión, prensa, radio, etc.).

Nosotros, como profesionales del ejercicio físico y la salud, tenemos una parcela de responsabilidad para con las personas que confían en nuestro saber hacer, pero también para las que no, es decir, me siento obligado a dar una información lo más veraz posible a quien la precise, sin más pretensiones que la de ayudar sin tener que recibir nada a cambio, pues quien sepa algo y no lo comparta, no es merecedor de saberlo —si es que puedo decir que sé algo, claro, puesto que cuanto más aprendo de un tema, más me percato de la inmensidad de mi ignorancia—. Además, cada sesión de entrenamiento, es una oportunidad para empatizar con la persona que tenemos delante, para co-reeducar su conocimiento y actitud ante una lesión, ante una dolencia o enfermedad, cambiando sus convicciones y conductas, dotándolas de consciencia y racionalidad. Un Entrenador Personal deberá ser un buen educador, un pedagogo —algo tan de moda como el significado que se le ha dado al anglicismo “coach”—. No obstante, es menester decir, que la responsabilidad última de la recuperación, o no, es de la persona. Es su responsabilidad informarse adecuadamente sobre su dolencia. Es su responsabilidad preguntar, a profesionales competentes, pero, quizás, también a no tan competentes —aunque lo parezcan—, y así comparar, comprobando quien te intenta vender la moto —y te hará perder tu tiempo, tu dinero y tu salud, en el peor de los casos—, a quien te informa de manera rigurosa y lo más objetiva posible, poniendo en liza la evidencia más actualizada y contrastada, junto con una experiencia práctica demostrada y demostrable.

Volviendo a dicha entrevista, ella, una mujer de unos cuarenta y pocos, con un trabajo administrativo de alta responsabilidad, la práctica habitual de equitación, y un carácter afable, me facilita su reciente historial clínico, en el que se diagnostica, mediante RMN (Resonancia Magnética Nuclear) una hernia discal en el segmento L4-5 con radiculopatía asociada, irradiando dolor hacia la extremidad inferior derecha.
Como ya podréis intuir, llevaba un tiempo —meses— con síntomas, con dolores. Estuvo tratándose con un fisioterapeuta, quien le practicaba acupuntura, estiramientos, etc., donde consiguió mejorar algo de sus dolencias, pero no lo suficiente, los dolores persistían, especialmente de noche. Asistió a su médico de cabecera, quien siguió el protocolo médico en estos casos, analgésicos y/o AINEs, radiografía simple —siendo negativa—, analítica —dentro de los parámetros normales—, y, plausiblemente también, negativo el agravante de origen visceral, etc. Además, los facultativos sanitarios le habían recomendado Pilates, en cuyas sesiones, y en la realización de ciertos movimientos, aún se sentía peor, produciéndole más dolor. Posteriormente, al no remitir los dolores, y no haber encontrado nada con las pruebas anteriores, se derivó al servicio de reumatología del CHUO, quien, a su vez, hizo lo oportuno al de medicina física y rehabilitación del Hospital de Piñor. Una vez allí, se volvió a realizar una anamnesis para una revaluación, cuyo proceder resultó en la mencionada resonancia, donde se dio evidencia de la hernia —incluso, antes de conseguir realizar el examen imagenológico, se barajó la posibilidad de aplicar una infiltración de toxina botulínica, pero momentáneamente descartada por la propia paciente—.

En el centro de rehabilitación de Piñor, y a cargo de médicos rehabilitadores y fisioterapeutas, se le aplicaron diversas técnicas, entre otras, tracciones, pero también le producían molestias —además de no verse capaz de relajarse lo suficiente como para la correcta aplicación de estas técnicas—.

Hay evidencia científica contrastada donde se ha demostrado la ineficacia de las tracciones, tanto para el dolor lumbar que nos ocupa, como para su homónimo cervical, sabiéndose, no solo que no mejora la intensidad del dolor, sino que puede empeorarlo. También las hay de los efectos adversos del uso —y abuso— tanto de fármacos orales analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos y miorelajantes, como de inyecciones de corticoides, toxina botulínica, etc., pudiendo complicar la evolución y la salud en general; pero esto queda lejos de mi conocimiento y tampoco es el objetivo del presente texto. También es justo decir que, si bien estos fármacos pudieran tener ciertos efectos paliativos en las fases de mayor dolor, no se recomienda su uso continuado, por múltiples razones que no son de mi incumbencia, pero sí del personal sanitario y farmacéutico.

Se pudieran aducir aquí varias de las hipótesis que explican el dolor de espalda crónico en el ser humano, como la adaptación filogenética al bidepismo y su desarrollo ontogénico. De igual modo podemos hablar de órganos y origen embriológico, de alimentación y microbiota, de emociones, de estrés, de estilo de vida… Asimismo, pudiéramos precisar algo más en su sintomatología, si atendemos a causas específicas, como una enfermedad sistémica que se manifiesta en la espalda, por ejemplo. Y, en lo que, aparentemente nos ocupa, en este caso, aún habiendo constancia de una hernia, a causas mal denominadas “no específicas” —en más del 95% de los casos el dolor se debe a una patología mecánica del raquis—. En casos de dolor eventual, incluso recidivante, podemos hablar de insuficiencia músculo-ligamentosa, de inflamación, de contracturas, de puntos gatillo, de moléculas de gas sinovial intraarticular, de dinámica de fluidos, de fascia, de tantas cosas…; siendo, en todo caso, interdependientes y no excluyentes.

Con respecto a la hernia, y tomando como ejemplo el presente caso, sabemos que puede causar lumbago, ciática, etc., puesto que, ante un estímulo doloroso, se forma una cascada de sustancias inflamatorias, que, entre otros, irritan las raíces nerviosas, produciendo hiperestesia en la zona afectada o radiculopatía, con dolor referido hacia alguna de las extremidades del miembro inferior, en algunos casos. Sin embargo, también se ha demostrado que una hernia no necesariamente causa dolor.
Haciéndome eco de la información recogida por uno de los mejores grupos de investigación del mundo en dolencias de espalda, la “Fundación Kovacs”, distintos estudios demuestran que hasta el 30% de las personas sanas asintomáticas (sin dolor) muestran hernias de disco, el 70% protusiones, y prácticamente todas, a partir de los 40 años de edad, signos de degeneración del complejo vertebral, que nunca han dado ni darán problemas o que se resuelven espontáneamente (el 20% de las hernias desaparecen solas). Con lo que, guiarnos por lo que pueda mostrar una RM en un momento concreto, no será demasiado útil.
Lo que sí es útil, previa exploración física e historial clínico —así como las pruebas diagnósticas pertinentes, cuando proceda—, es la realización de un programa de ejercicio bien diseñado —este es el único método que ha demostrado su eficacia para reducir el riesgo de recaídas futuras—, junto a ciertas terapias contrastadas de fisioterapia, una consciencia e higiene postural en la realización de las actividades cotidianas y, como mencioné antes, el uso de los correspondientes fármacos, cuando se estime y bajo prescripción facultativa.

Prosiguiendo con la valoración funcional, en la exploración visual y goniométrica, así como en la parte más dinámica, se aplicaron numerosos “test” que, a la postre, nos darían una información tangible por donde poder orientar la programación del ejercicio y el entrenamiento de la manera más eficaz posible. Resumo en los siguientes puntos:

- Molestias en la porción descendente del músculo trapecio (fibras superiores) y musculatura adyacente (esplenio, elevador de la escapula, etc.), con el hombro izquierdo más elevado y derecho más adelantado. Esto probablemente causado por (des)compensaciones derivadas de posturas incorrectas mantenidas durante mucho tiempo.
- Acortamiento y/o restricción de musculatura pectoral.
- Giro de la cabeza limitado hacia el lado izquierdo, con molestia contralateral.
- Aparente dismetría de MMII, con la extremidad inferior derecha ligeramente más larga que la izquierda.
- Limitada dorsiflexión en tobillo de la pierna izquierda.
- Debilidad pierna derecha, menor fuerza extensora.
- Poca fuerza dinamométrica de prensión manual, con una diferencia significativa entre manos (24 kg en la derecha, por 19 kg de la izquierda).
- Posible acortamiento de los rotadores externos de la musculatura pelvi-trocantérea.
- Poco péndulo de brazos en marcha.
- Aparente y posible rectificación dorsal.
- Hiperlordosis adjunta a un excesivo abombamiento o distensión abdominal (posible hipotonía); no existiendo limitación en la disociación lumbo-pélvica, pero sí en la lumbo-torácica.
- Piernas ligeramente en valgo (quizás funcional por la práctica de equitación desde edades tempranas).
- Debilidad de los flexores profundos del cuello, notando fatiga, a los pocos segundos de una flexión craneo-cervical isométrica, percibiendo ligeros movimientos de sustitución por parte de la musculatura más superficial (ECM, escalenos, etc.).
- Triple flexión de MMII (sentadilla) con colapso frontal en valgo, hiperpronación, tendencia a la rotación interna del pie, y excesiva inclinación frontal del tronco.
- Test de la pica (falla en punto dorsal).
- Posible acortamiento de aductores del muslo.
- Movilidad articular de hombros limitada con una significativa anteriorización. Ligera actitud cifótica.
- Acortamiento de isquiosurales (sit & reach test).
- Entre otros.

Teniendo en cuenta todos los puntos anterioes, y una vez puestos en faena, el principal objetivo de las primeras sesiones era realizar los movimientos con facilidad y sin dolor. Activación selectiva de la musculatura más profunda, movimientos finos, coordinados. Ejercicios analíticos de control motor, de baja carga raquídea; trabajamos con ejercicios de control abdominal, intentando reducir la posible hipotonía; también con ejercicios generales de movilidad articular, de estiramientos, etc. Esto lo hacíamos todos los días como parte del calentamiento, enlazando con las progresiones lógicas que nos marcase su tolerancia.
Esta sería la principal premisa en la primera fase de la readaptación —las primeras tres semanas—, marcando una frecuencia de dos sesiones por semana.

Ya en una, digamos, segunda fase, y solapada con la primera, haciendo las progresiones significativas pertinentes, dirigimos el ejercicio a un trabajo más global e intenso. Además fuimos aumentando el volumen y complejidad del mismo. Cabe decir que en todo el proceso solo hubo dos episodios de molestias nocturnas, y uno por la realización de un viaje largo en coche, en los que dicha persona optó por recurrir a un relajante muscular administrado por vía oral.
En este segundo mes, aumentamos la frecuencia semanal a tres sesiones supervisadas, las cuales hemos mantenido desde entonces. El foco lo pusimos, además de en todo lo mencionado en la primera etapa, en la fuerza y resistencia muscular, pero también en ejercicios de desestabilización asistidos, ejercicios unilaterales, de control propioceptivo, movimientos más complejos, multiarticulares, con pesos libres, pero también en máquinas de resistencia, poleas y demás.
Potenciamos el complejo abdomimal usando movimientos de contracción abdominal modificados, trabajo analítico de glúteos, cuadrupedias, isométricos como planchas laterales adaptadas, estimulación paravertebral de erectores espinales, dorsales, trapecio, trabajo unilateral de MMII. Movimientos de empuje, tracciones verticales y horizontales, dominantes de cadera, de rodilla; en cadena abierta, en cadena cerrada…
Le dimos mucha importancia a la respiración, a la relajación, a los estiramientos. Estos, en algunos casos, de manera asistida. P. Ej.: PNF de rotadores externos pelvitrocantéreos. Paralelamente, y de manera sistemática, nos enfatizamos en la reeducación higiénico-postural, en la conciencia corporal. Le di instrucciones, tanto verbales como escritas, para realizar micro descansos en el trabajo, para no permanecer mucho tiempo seguido sentada, no cruzar las piernas, no quedarse dormida en el sofá… Fuimos aumentando la carga de trabajo aeróbico, mejorando con ello la oxigenación y capacidad cardio-respiratoria.
Su percepción subjetiva del dolor se fue reduciendo paulatinamente, así como, de manera inversa, el umbral y tolerancia al mismo.

Actualmente, y después de cuatro meses desde que empezamos, realiza cuatro sesiones de entrenamiento semanal en distribución dividida, con una progresión horizontal (por series), repartidas en tres días de trabajo muscular, y un día de trabajo cardiorespiratorio.

Ahora lo siguiente será realizar los entrenamientos, el ejercicio físico sin mi supervisión, con autonomía, espaciando las sesiones supervisadas. Los objetivos? Por un lado seguir con el trabajo planteado, corrigiendo, en la medida de lo posible, ciertos desequilibrios músculo-esqueléticos y déficit neuromusculares, haciendo las modificaciones pertinentes dentro del macrociclo general, y esperar, en mi opinión, al menos un año, para saber el alcance a largo plazo del tratamiento mediante el ejercicio físico.

Cabe decir, que no se puede asegurar con certeza absoluta que no vaya a tener recaídas, pero que estas serán más leves y menos frecuentes, seguro que sí. Y, por otro lado, mejorar el estado nutricional, con la consiguiente ganancia de masa muscular y mejora físico-estética.

P.D.: por si alguien pudiera dudar de si los casos que voy exponiendo son verdad o una ensoñación mía, debido a que, durante tantos años, no han encontrado una solución plausible, real, palpable, a sus problemas de espalda, veo necesario manifestar o explicar, que puedo demostrar todo lo que digo, todo. He dado instrucción directa durante todo el entrenamiento. Llevo un registro diario de todas y cada una de las unidades de entrenamiento de las sesiones de trabajo de cada persona entrenada, a cada uno le diseño el programa pertinente donde hacemos las anotaciones in situ, realizamos controles, vemos la evolución, intercambiamos opiniones, sensaciones, hacemos las modificaciones pertinentes, anoto las progresiones —y las regresiones si fuera el caso—. Controlo toda la intervención, con los medios disponibles, o los que me parece que puedo y sé usar. Trato a la persona como lo que es, un ser humano, y como lo que puede llegar a ser, un ser humano en plenas condiciones psico-físicas, autónoma y capaz. Cuento tanto lo bueno como lo malo, o no tan bueno, pero he de decir, que gracias a la experiencia de más de diez años y al conocimiento adquirido y aplicado, voy pudiendo hacer la trilla y seleccionar solo aquello que ha demostrado funcionar y que, de alguna manera, está validado o existe alguna evidencia de cierta relevancia a nivel científico. Luego, a nivel empírico, y en lo que supone el trato one to one, adapto según las circunstancias acaecidas.

ADENDA: me gustaría pensar que lo que la gente hace antes de empezar un programa de ejercicio con un entrenador personal, haya podido ayudar en la recuperación, pero dudo que sea así, y a las pruebas me remito, al menos a las mías. Antes de valorar someterse a ciertos tratamientos, primero sería conveniente consultar con un profesional del ejercicio y la salud. Hay muchísimas fisiopatologías y dolencias que tendrían solución, en parte, con el adecuado ejercicio físico y con una dieta correcta adaptándolos a cada persona. No esperen a estar desesperados para hacerlo. Que el entrenador, el preparador físico, el readaptador no sea el último al que acuden, que sea el primero. Se ahorrarían muchos disgustos.
Hay profesionales que dedican gran parte de su vida a estudiar sobre estos temas. Personas que invierten tiempo en conocer las respuestas, pero también en formular ciertas preguntas. Pregunten, por favor!
Es necesario dar una información precisa a cada persona. Es muy importante que la gente sepa cosas que ignora. Es necesaria una revolución del conocimiento, de la información. Y también es necesario que en los servicios sanitarios, públicos y privados, se incluyan en la plantilla, además de médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, enfermeras, auxiliares, celadores, etc., a técnicos y licenciados en ciencias del ejercicio físico, debidamente titulados, formados, capaces y autónomos; trabajando conjuntamente con el personal sanitario, con el único objetivo de mejorar la salud, la vida, del paciente/entrenado, de la persona.

Seguimos trabajando…

jueves, 6 de abril de 2017

Para mejorar hay que medir

“Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar".

Cuál es la diferencia entre una gráfica y otra?

Gráfica 1

Gráfica 2


La primera es la que he ido desarrollando durante estos últimos años y la venía realizando con mis clientes de entrenamiento personal y con las personas a las que asesoro, para ver su evolución y mejoras.

Los datos de la primera gráfica eran usados de manera referencial e informativa. Pero, a mi modo de ver, tenía grandes limitaciones que no me podía permitir si quería hacer un trabajo serio y riguroso.

La segunda es la que llevo aplicando desde hace unos meses a razón del curso de Antropometrista nivel 1 de la ISAK (Sociedad Internacional para el Avance de la Cineantropometría), y la cual era una evolución lógica de la anterior. Aunque sigue teniendo sus limitaciones, esta es mucho más completa y los datos son mucho más cercanos a la realidad. Por ejemplo, nos permite cuantificar, medir y hacer un seguimiento de una de las variables más importantes, la MASA MUSCULAR. Esta, junto con el seguimiento de los pliegues cutáneos medidos con un plicómetro Harpenden —cuando proceda—, la medición de los diámetros óseos, los perímetros corporales y el apoyo fotoscópico (toma de fotografías estándar), nos da una información importantísima para saber si la planificación llevada a cabo, tanto en materia de ejercicio físico como en lo que respecta a la alimentación y, en este caso, atendiendo a la composición corporal, están cursando con lo previsto y acercándonos a los resultados estimados.

Estoy trabajando en una tercera gráfica, la cual será resultado de haber solapado las dos anteriores, en la que incluiré ciertos índices de interés, los cuales, en conjunto, y de manera sensata, integral y contextualizada, nos permitirá tomar las decisiones más acertadas posible.

Todo esto que, a priori, pudiera parecer muy complicado, va dirigido tanto a deportistas que quieran mejorar su rendimiento, como a todo tipo de personas que quieran mejorar su estado físico y nutricional, y, por ende, su salud.

Todo ello va unido a una Valoración Inicial —postural y funcional, estática y dinámica—. Considerando, posteriormente, cada entrenamiento como un test, es decir, una valoración constante.

Se entregará un Informe Personal, bien detallado y explicado, a todo aquel que quiera realizar dicha valoración.

El siguiente paso? Guiar, observar, ayudar pero dejando entrenar.

Seguir mejorando es la única opción.

P.S.: agradecer al profesor de la UCAM, Fernando Alacid, por su generosidad y saber hacer.

Seguimos trabajando…

jueves, 2 de marzo de 2017

"Cuando lo que debería ser normal se convierte en extraordinario".

Hace algo más de cuatro meses se me presentó la oportunidad —y responsabilidad—, de llevar a cabo la recuperación de una persona de unos diecinueve años de edad, que había sufrido un traumatismo severo derivando en un esguince cervical (whiplash o latigazo cervical), causado por una caída desafortunada en el bordillo de una piscina. Los síntomas presentados se correspondían con rigidez, limitación en la movilidad cervical, visión borrosa, mareos, debilidad muscular general, entre otros.

Además, al realizar la entrevista inicial con la correspondiente anamnesis e historial clínico, se pudo comprobar la existencia y diagnóstico de una hernia discal en L5-S1, con lo que el ejercicio prescrito iría encaminado, principalmente, a la terapéutica correspondiente.

Prosiguiendo con el cuestionario pertinente, e indagando un poco más sobre las actividades físicas realizadas hasta el presente, me llama poderosamente la atención que, pese a su juventud, llevaba desde los quince años practicando boxeo amateur a nivel competitivo —esto no es baladí, puesto que, en la consiguiente valoración física, se aprecian ciertos desequilibrios en su morfología física y actitud postural que, posible y probablemente, pudieran asociarse a la actividad practicada (boxeo)—. También cabe mencionar el trabajo de musculación realizado en el gimnasio, pero, aunque estos dos apuntes sean harina de otro costal que escapa al fin de este texto, no puedo evitar extenderme en su análisis, y cuya reflexión me atrevo a desarrollar en base a la literatura científica existente y a mi experiencia personal en la práctica continuada de defensa personal (wing-tsun y escrima), durante algo más de cinco años y con la obtención del sexto grado de dicha disciplina —aunque esto último es irrelevante y sin ningún atisbo de presunción. Solo merece ser tenido en cuenta como dato de situación y experiencia personal previa—.

Podemos estar, o no, de acuerdo en que practicar boxeo no necesariamente causa desequilibrios corporales —véase también el ejemplo del tenis y que cada cual saque sus propias conclusiones—. No quiero parecer osado al inferir que este tipo de disciplinas deportivas tienen una relación causal con ciertos desequilibrios artro-musculares. El que más y el que menos conoce la locución latina cum hoc ergo propter hoc, la famosa “correlación no implica causalidad”, extrapolable a este contexto. Sin embargo, se puede ser atrevido, y sin miedo a equivocarse, diciendo que una inadecuada preparación física o, en su caso, la falta de ella, sí que produce dichos disbalances.

Es bien sabido que nuestro organismo —y sus sistemas— responden de manera aguda y crónica, adaptándose no solo a la actividad física sistemática y organizada (ejercicio) de cierta intensidad, sino a todo lo que hagamos durante el día —y noche—, las imperativas y necesarias AVD y AVDL. Comprender esto es de suma importancia, más si cabe si practicamos un deporte a niveles competitivos. Es inadmisible que los profesionales deportivos (monitores, entrenadores, maestros, etc.) que se dedican a dar instrucción no contemplen una preparación integral del deportista. Y si pocos son los que lo hacen a nivel profesional —aunque los hay—, menos los son a nivel aficionado o amateur —aunque también los hay—.

En este caso que me ocupa, se torna controvertido hacer un análisis retrospectivo al desconocer todos los datos. No hay programas, ni valoraciones, ni controles, ni notas, nada que nos de una ligera idea de la carga de trabajo. Desconozco los datos, no porque no se haya podido facilitar dicha información, los desconozco porque no los hay, no hay planificación o, al menos, no escrita. Llegar cada día, cada semana a un centro o gimnasio y que el monitor, instructor o, a veces, mal llamado entrenador, te diga lo que vas a hacer, te lo diga de cabeza, a ti, a mi y a otros usuarios o clientes, o muy bueno es ese entrenador, además de atesorar un cerebro prodigioso y envidiable, o muy malo es eso a lo que se le llama entrenamiento, sin serlo.

No es mi objetivo desmerecer el trabajo de muchos entrenadores deportivos ni sacar conclusiones precipitadas, de algunos hay mucho por aprender; tampoco lo es el de menoscabar la práctica de ciertos deportes, pues soy el primer enamorado en practicarlos y en conocer la filosofía e historia de los mismos; pero sí lo es el de hacer una crítica —sirviéndome de autocrítica—, de la mala gestión y organización que se hace en pro de la salud a largo plazo de los atletas y deportistas. Recordemos que sin salud no puede haber rendimiento.

Personalmente prefiero dejar los menos elementos posibles al azar o, al menos, medir todo lo que esté en mi mano y sirva para algo su medición, anotación, posterior análisis y control.

Soy consciente de lo difícil que puede ser que contradigan nuestras ideas preconcebidas. Pero más consciente soy de aceptar que hay formas mejores de hacer las cosas. Así y todo vuelvo a insistir en que yo diga cuál o tal cosa carece de importancia. Solo soy un ignorante que lee y un loco que piensa…

Dicho esto, y centrándome en el trabajo de recuperación realizado ante dicha patología, me parece importante mencionar la cuestión surgida por mi cliente, preguntándose “¿por qué no me han dicho o se han preocupado de estas cosas antes?” Sinceramente, no pude responder a ello. Solo puedo hablar de lo que yo hago, no de los demás. Y esto es lo que sigue:

Además de los síntomas ya mencionados, al realizar la valoración goniométrica inicial, presentaba una limitación de más de 10º tanto en la rotación como en la inclinación lateral de cabeza unilateral —también flexo/extensión—. La elevación frontal de los brazos (flexión de hombros) estaba limitada a partir de la horizontal, con diferencias sustanciales entre extremidades, y molestias en la porción descendente del músculo trapecio, probablemente por contracturas. Además, el sentido del equilibrio estaba alterado, analizado este en apoyo monopodal y con los ojos cerrados.

Conforme avanzamos en las diferentes pruebas o test, fueron surgiendo otras posibles alteraciones:

- Patrón respiratorio ligeramente alterado, con respiración superior.
- Rectificación dorsal y molestias en la retracción escapular forzada.
- Hiperlordosis.
- Acortamiento isquiosurales (sit & reach test).
- Test de la pica (falla en punto dorsal).
- Triple flexión con excesiva inclinación frontal del tronco.
- Uso de alza o cuña en pie izquierdo, aduciendo dismetría entre dichas extremidades (aunque esto está dudoso para mí, y convendría que un fisioterapeuta y/o podólogo experto hiciesen una re-valoración exhaustiva).
- Debilidad de la músculos flexores del cuello; hiperactividad de musculatura superficial (escaleno anterior, esternocleidomastoideo, etc.)
- Posible alteración de la función del músculo serrato anterior.
- Anteriorización “funcional” del hombro.
- Excesiva hipertrofia del complejo pectoral en su inserción lateral.
- Etc.

Se muestra evidente que este tipo de lesión conlleva una debilidad muscular generalizada, con especial afectación de los nervios y tejidos adyacentes. A todo ello se le une el hecho de llevar unos cuantos meses de inactividad física, con lo que su capacidad cardio-respiratoria se ha visto mermada. Este será otro de los objetivos a mejorar con todos los beneficios derivados de su trabajo (vascularización, trofismo, oxigenación, etc.).

Cabe decir que, previamente y, además, de manera paralela, he solapado mi trabajo en gimnasio con el realizado por el fisioterapeuta, el cual llevaba tratándola ya algunas sesiones. Incluso he podido asistir a alguna en la clínica para comprender un poco más el alcance de la lesión y el saber hacer del fisio, así como las técnicas de manipulación usadas. La comunicación, coordinación e interés común entre los tres ha podido ser una de las claves de la pronta recuperación.

En un primer momento establecimos un período a medio plazo que comprendía 24 sesiones ininterrumpidas a razón de 2/3 por semana, es decir, diez semanas o dos meses y medio. Esto quizás no sea un espacio de tiempo suficiente para recuperarse con garantías de una lesión así, pero había ciertas circunstancias que obligaban a marcar un tiempo estimado (viaje previsto al extranjero, incompatibilidad de horarios, etc.) —tengo que decir que a veces peco de ser demasiado perfeccionista en este aspecto pero para establecer objetivos reales y alcanzables en un tiempo determinado, buscando la eficiencia con el mejor aprovechamiento del tiempo dedicado a ello, lo veo necesario—.

El aspecto económico, por desgracia, era otro de los limitantes. En este caso decidimos, una vez concluidas las veinticuatro sesiones pactadas, pautar semanas independientes de manera autónoma siguiendo el programa diseñado con los controles periódicos y las modificaciones pertinentes, en su caso.

Sin duda el trabajo presencial es el que marca la diferencia en el éxito de la recuperación en este tipo de alteraciones o patologías traumáticas de diversa índole. No obstante, con esto, pienso que tenemos que saber adaptarnos a todas las situaciones personales, tratando de no mermar la calidad del proceso y del resultado final.

En las primeras sesiones era muy importante priorizar la recuperación, en la medida de lo posible, del esguince cervical. Ejercicios específicos de control motor, de baja carga, mediante una progresión lógica —realizados con facilidad y sin dolor—, con el objetivo de activar selectivamente la musculatura profunda y minimizar la acción de los flexores superficiales, fueron el protocolo a seguir. Si bien, previamente, el uso de las pelotas y el rodillo de foam, realizando auto-masajes de manera dirigida, tanto en zona cervical, principalmente, como en pectoral, tuvieron efectos muy satisfactorios para luego proceder a la ejecución motriz propiamente dicha. En este caso, el ejercicio de flexión cráneo-occipital, en decúbito supino, ha mostrado evidencia contrastada en la reducción de dolor. Y así ha sido: ya en las primeras cinco sesiones se redujo ostensiblemente, la percepción subjetiva del dolor, aumentando, supuestamente, la tolerancia al mismo.

Realizamos ejercicios de estiramiento selectivo del pectoral menor y nervios del plexo braquial; trabajo de retracción escapular; reeducación hacia la postura neutra del raquis lumbo-pélvico tanto en sedestación como en cuadrupedia y también de pie; así mismo hemos ido incluyendo ejercicios muy analíticos realizados en cuadrupedia, seguidos por un trabajo orientado a la fuerza-resistencia de la musculatura cérvico-torácica, con ejercicios de flexión y extensión cervical, retracción escapular unilateral, co-contracción muscular, etc. Fuimos aumentando la carga de trabajo aeróbico, mejorando con ello la oxigenación y capacidad cardio-respiratoria.

El feedback que ella me iba facilitando constantemente, tanto de manera presencial como por mensajes, era muy importante para mí, pues sería lo que marcaría la dosis de ejercicio a dispensar dentro de un período mesocíclico de tiempo razonable —aquí siempre es mejor pecar por defecto que por exceso—.

Repetimos valoración goniométrica al completar veinte sesiones obteniendo unos resultados normalizados. Las molestias tanto en el cuello como en zona lumbar siguieron una remisión paulatina, es decir, cada vez menos molestias hasta desaparecer, pero era importante pensar a largo plazo. Esto tipo de lesiones requieren de un proceso en el que incluso pueden haber episodios de dolor o recaídas, las cuales podrían ser una consecuencia, respuesta y/o adaptación “normal” al proceso de recuperación mediante el entrenamiento. Mi recomendación, al caso, siempre fue continuar con la línea de trabajo, manteniendo la continuidad, la paciencia, una actitud positiva y el trabajo de calidad.

De manera adjunta, hemos ido recalcando la importancia de una adecuada higiene postural, haciéndola consciente del cómo realizar ciertos movimientos diarios, trabajando la reeducación postural, los micro descansos entre tareas y ganando confianza para, poco a poco, resolver las posturas de defensa y perder el miedo y evitación a ciertos gestos “normales” de la vida cotidiana.

Ya para concluir, y no sin pedir disculpas por la extensión del presente, quisiera compartir tres reflexiones en forma de cuestiones que se responden solas, o no:

¿Sabemos hasta que punto el ejercicio físico debidamente prescrito, junto con el trabajo del fisioterapeuta, pudo haber influido en la pronta recuperación de esta persona?

¿Es posible que nuestro organismo tenga la capacidad, por sí solo, de resolver espontáneamente, y con garantías, ciertas alteraciones como las arriba mencionadas?

¿Cuántos métodos terapéuticos innecesarios se han usado in secula seculorum —y se seguirán usando— a pesar de haber, desde hace años, evidencia contrastada y experiencia práctica significativa de los protocolos a seguir ante ciertas patogénesis?

P.S.: Me gusta tener constantemente en cuenta estas tres cuestiones, quizás para no caer en el sesgo de creernos dioses. Nadie cura: ni médicos, ni fisios, ni entrenadores, ni otros terapeutas, nadie. Pero también es una realidad que unos hacen más y mejor que otros… Primum non nocere!

Seguimos trabajando...

domingo, 15 de enero de 2017

"Cuando aceptamos nuestros límites, vamos más allá de ellos".

En esta ocasión quisiera exponer uno de los casos que más me llena, no solo como Entrenador Personal, sino sobretodo como persona. Quizás de los que más me ha enseñado en estos doce meses que llevamos juntos —y espero sean muchos más—.

Se trata de una persona, de unos cuarenta años, con un 42% de discapacidad por parálisis cerebral infantil, con afectación de los nervios periféricos de MMII, que cursa con hipertonía tipo piramidal. Presenta una alteración motora, manifestándose con deambulación o marcha asimétrica (con claudicación unilateral), tipo espástica o en tijeras. Además tiene limitada la visión del ojo izquierdo, monocular al 10%.

En su día fue diagnosticado de acortamiento, por espasticidad, del tendón de Aquiles. De este último, se sometió a diversas cirugías para alargamiento tendinoso, pero sin un resultado satisfactorio, a priori —una y otra vez se producía la retracción—, con lo que se decidió desistir de más intervenciones quirúrgicas…

* Aquí podría hacer una pequeña reflexión al respecto, incluso sería plausible una crítica a las decisiones tomadas por los sanitarios, pero tendré mis reparos en hacer tal cosa, pues, en primer lugar, no soy quien para hacerlo —no me corresponde esa labor—, en segundo lugar (y mucho más importante), desconozco el contexto y, por último, y relativo a este, los conocimientos y avances en el tratamiento médico y fisioterápico, en este tipo de neuropatologías, han avanzado ostensiblemente (aunque no lo suficiente), con lo que es justo tenerlo en cuenta, para no caer en la crítica fácil de manera retrospectiva. Así que, quiero creer, que lo hecho hasta entonces, ha ayudado a lo conseguido de un año al presente. Prosigo…

Desde pequeño hizo mucha rehabilitación, tanto con médicos como con fisioterapeutas, en casa, continuándolo hasta la adolescencia. Además de natación y actividad en sala de musculación en varios gimnasios de la ciudad, siempre ha intentado mantenerse lo más activo posible en su vida diaria; pero es la primera vez que cuenta con los servicios de un Entrenador Personal en sensu stricto.

Empezamos hace un año, y según sus propias palabras, “jamás había conseguido tanto en tan poco tiempo” —parece de anuncio, muy de mercadotecnia para mi gusto, pero es justo apuntarlo—. También me parece justo mencionar que nunca había seguido ningún tipo de planificación del ejercicio; no le habían hecho una valoración física postural y artromuscular previa (estática y en movimiento); no habían adaptado ningún tipo de ejercicio (programa) a sus necesidades motrices; no tuvo ningún tipo de seguimiento ni control de su evolución en el tiempo. Todos esos noes se convirtieron en síes desde hace un año, cuando nos conocimos —y también lo considero justo anotarlo, pues a veces a algunos, desde fuera, les podrá parecer que la función de un entrenador personal es contar series y repeticiones, controlar los tiempos y darle conversación a la persona, contando algún chiste de vez en cuando, sin saber todo el trabajo y estudio que hay detrás, y NO, en mi caso no, y me consta de que ningún compañero de profesión, digno de dedicarse a ello, está para eso —aquí, cada cual, que reflexione y haga autocrítica—.

Dicho esto, a continuación trataré de sintetizar el trabajo que venimos haciendo en este tiempo y las mejoras vistas, adjuntando las gráficas pertinentes.

Al hacer la valoración inicial, y en las sucesivas sesiones, pudimos observar y anotar varias cosas:

  • Patrón respiratorio alterado (le cuesta mantener ritmo y cierta regularidad en la frecuencia). 
  • Limitación en la disociación lumbo-pélvica y lumbo-torácica. 
  • Movilidad articular de hombros limitada con una significativa anteriorización. 
  • Molestias hombro izquierdo (plausiblemente supraespinoso). 
  • Dificultad para mantener el tronco derecho (columna en zona neutra), presentando una excesiva curvatura dorsal en posición sedente (actitud cifótica). 
  • Acortamiento de aductores del muslo y rotadores internos de la cadera. 
  • Dificultad para mantener el equilibrio unipodal. 
  • Pisada en equinovaro con excesiva rotación interna (también confirmada en la forma de gastar las zapatillas). Dependiente del tipo de marcha neuro-patológica asociada. 
  • Falta de coordinación motora en ciertos movimientos, especialmente globales. 
  • Sentadilla con colapso frontal en valgo, con hiperpronación y tendencia a la rotación interna del pie. 
  • Hipertonía en flexores plantares del pie (gastrocnemio, sóleo, etc.). 
  • Entre otras disfunciones neuromotoras asociadas. 

* Conviene señalar que, al observar las limitaciones funcionales dadas, con ROM articular visiblemente reducido o inferior a lo “normal”, y teniendo en cuenta el tipo de discapacidad infantil, el término “normal”, adquiere otra dimensión distinta.

Acto seguido realizamos estiramientos base (asistidos en algunos casos) de la musculatura más acortada (pectoral, cuádriceps, isquiosurales, pelvitrocantéreos, etc.), con ciertos ejercicios de liberación miofascial, en su caso. Luego incluimos un calentamiento aeróbico seguido de ciertos movimientos de movilidad articular general.

A continuación comenzamos un trabajo de corrección postural y control propioceptivo. Estos los realizamos todos los días y como prioridad al principio de la unidad de entrenamiento, después del calentamiento —los hemos ido progresando en dificultad, pero sin perder la simplicidad de los mismos—. Asimismo, hemos ido asimilando un trabajo postural diario (aplicado fuera del gimnasio), con “deberes para casa” y el trabajo.

—En cierta medida, siempre me ha rondado en la cabeza si se podría corregir o mejorar la marcha… Se aprecia ligera mejora: aquí es donde quiero seguir insistiendo, pues, pero sabiendo hasta dónde podemos llegar—.

Realizamos ciertos movimientos de manera muy controlada, p.ej. usando bandas elásticas (entre otros) contra abducción (activar fibras glúteo) para corregir el valgo de rodillas con rotación interna presentado; trabajando la rotación externa de cadera, viéndose mejorada, significativamente, la correcta alineación de cadera, rodilla y pie.

Desde un principio prescribimos ejercicios muy analíticos para las molestias del hombro —las cuales remitieron en su totalidad a las siete semanas—. El fortalecimiento de la musculatura de la espalda (erectores espinales, musculatura escapular, etc.), con una relación positiva entre ejercicios de tracción horizontal y vertical con respecto a los de empuje en MMSS (usando distintos ángulos y agarres en los respectivos mesociclos), así como la extensión torácica y rotadores externos, han sido los pilares para una mejorada actitud tónico-postural.

Posteriormente, y de manera concomitante, añadimos ejercicios más globales, en distribución global (cuerpo completo), en una primera fase, y distribución dividida con progresión horizontal (por series), al completar esta primera etapa de acondicionamiento físico. La frecuencia es de tres días semanales, en la mayoría de los casos. Trabajo cardiorrespiratorio (aeróbicos) dividido en dos bloques, los cuales hemos mantenido casi el mismo volumen pero modificando intensidades. Los entrenamientos duran entre 50 y 75’.

Todas las sesiones han estado supervisadas con instrucción directa durante todo el entrenamiento. Hemos llevado un registro diario de cada unidad de entrenamiento y los respectivos mesociclos, los cuales muestran una ganancia importante de fuerza en todos los grupos musculares. Además, y quizás mucho más importante, se nota más ágil, con mayor destreza, con mayor autoestima y más motivado.

Paralelamente a los objetivos descritos, otros de los focos de atención versaban sobre mejorar la composición corporal, entre ellos, reducir circunferencia de cintura, peso y grasa corporal, y aumento de masa muscular. Con lo que, en lo tocante a la alimentación, aunque en los primeros meses no definimos ningún tipo de dieta concreta, sí indicamos una serie de pautas nutricionales (comida real, evitar procesados, beber más agua, masticar bien, etc.) que, a la postre, se han ido convirtiendo en los pilares donde sustentar una planificación nutricional tipo. Ha sido a partir del segundo semestre donde nos hemos ido acercando a esto. No obstante, se han presentado apodícticas dificultades derivadas de horarios y ubicación, entre otras —p.ej.: la combinación de alimentos en los menús de ciertos restaurantes o ambigús no son los más adecuados—. En este punto seguimos buscando la mejor opción dentro de las posibilidades. Y, aunque quepa mencionar su disposición y esfuerzos para seguir mejorando, aún se resiste a llevar la comida preparada de casa en los táperes, por ejemplo.

Si bien, en este tiempo hemos conseguido mejorar su composición corporal:
  • Equilibrio muscular y postural 
  • Mayor hipertrofia 
  • 8 cm menos de circunferencia de cintura 
  • 7 kg menos de peso corporal 
  • Etc. 

Los objetivos para los próximos meses serán mantener lo conseguido hasta la fecha y desde ahí seguir reduciendo perímetro cintura y grasa corporal asociada. Para ello usaremos ejercicios más avanzados —con mayor volumen e intensidad—, y estrategias nutricionales afines.



 
 
 
 


P.S.: Al igual que manifesté en los anteriores casos descritos, hay ciertas limitaciones en las herramientas y métodos utilizados para hacer las mediciones. Pero, al no contar con otras más avanzadas y rigurosas, considero que estas nos pueden valer de referencia para seguir avanzando.

Adenda: Ya para terminar, soy consciente de que esta, y otras exposiciones similares, contienen ciertos tecnicismos difíciles de entender para quien no conozca estos términos. Pero, aún a sabiendas de ello, espero que estos textos sirvan de aliciente a muchas más personas con unas mismas condiciones —u otras—, para iniciar o retomar la actividad física y los buenos hábitos alimentarios, confiando, a ser posible en el asesoramiento (planificación, conocimientos, formación, experiencia, etc.) y trabajo de un Entrenador Personal competente o de cualquier otro profesional de la salud. Y, especialmente, confiando en ti mism@, manteniendo una regularidad, constancia y paciencia —a largo plazo— para perseverar en todo lo que te propongas.

Muchas gracias a quien lo está haciendo posible.

Seguimos trabajando…